Según un informe exclusivo de Nikkei Asia, Pekín ha fijado este ambicioso objetivo para finales de 2026, impulsando fuertemente a sus fabricantes locales para reducir la dependencia de proveedores extranjeros (principalmente Japón, Taiwán y Alemania) en un componente crítico: las obleas de silicio, la base sobre la que se fabrican todos los semiconductores.
De acuerdo con Bernstein Research, la cuota de China en la capacidad global de producción de obleas ha experimentado un crecimiento explosivo: pasó del 3% en 2020 a aproximadamente el 28% en 2025, y se estima que alcanzará el 32% en 2026. En paralelo, el país ya cubre alrededor del 50% de su propia demanda de obleas de 12 pulgadas (300 mm), porcentaje que sigue en aumento.
La empresa líder en este salto es Xi’an Eswin Material Technology, que proyecta alcanzar 1,2 millones de obleas por mes en 2026, cubriendo cerca del 40% de la demanda interna china y superando el 10% del mercado global.
Este avance forma parte de la respuesta china a las restricciones de exportación de tecnología occidental, especialmente en el contexto de la carrera por la inteligencia artificial. Al controlar una mayor porción de la cadena de suministro de obleas,
Pekín busca blindar su industria de semiconductores frente a posibles sanciones futuras.Mientras los analistas observan con atención el ritmo de este crecimiento, una cosa es clara: China no solo está cerrando brechas tecnológicas, sino que está reconfigurando rápidamente el mapa global de la producción de semiconductores.