La cepa en cuestión es la soja HB4, desarrollada por la empresa argentina Bioceres Crop Solutions. Esta variedad, resistente a la sequía y al estrés salino, está aprobada para cultivo y comercialización en Argentina y otros países (como China), pero no cuenta con autorización en la Unión Europea. Cualquier rastro detectado se considera ilegal en ese mercado.
En abril de 2026, las autoridades de Países Bajos emitieron varias alertas a través del Sistema de Alerta Rápida para Alimentos y Piensos (RASFF) de la UE tras detectar trazas de HB4 en al menos cuatro embarques de harina de soja argentina. Como consecuencia, se rechazaron al menos dos (y posiblemente tres) cargamentos, lo que generó alarma en la cadena agroexportadora.
Medidas de contención
La industria argentina, a través de la cámara Ciara-CEC y con apoyo del Gobierno, está implementando medidas estrictas de segregación:
batimes.com.ar
Gustavo Idigoras, presidente de Ciara-CEC, confirmó que el sector está trabajando con las autoridades sanitarias para ofrecer garantías a los importadores y a la Comisión Europea.
Riesgo económico
La harina de soja es el principal producto de exportación de Argentina hacia la UE, con envíos que superan los US$ 10.000 millones anuales en el complejo sojero. Un endurecimiento de controles o un rechazo masivo podría generar pérdidas millonarias y afectar gravemente el ingreso de divisas.Hasta el momento, la situación se mantiene en el plano de alertas y rechazos puntuales, sin un cierre generalizado del mercado.
Sin embargo, el episodio pone en evidencia los desafíos de coexistencia entre diferentes tecnologías transgénicas y la rigurosa regulación europea en materia de OMG.Argentina busca resolver rápidamente el problema para proteger uno de sus flujos comerciales más importantes con Europa.