En pocos meses al frente del Ministerio de Defensa, Presti ha demostrado una combinación preocupante de inutilidad operativa y complacencia política. Lejos de ser el ministro que iba a “revalorizar” a las Fuerzas Armadas como prometía el discurso oficial, se ha convertido en el ejecutor civil de un ajuste sistemático que está degradando la capacidad operativa de Ejército, Armada y Fuerza Aérea.
Promesas incumplidas y silencios cómplices
Un ministro de Defensa debe ser el escudo de las Fuerzas Armadas ante el poder político, no su correa de transmisión. Presti ha elegido el segundo rol.
El costo de la lealtad mal entendida
Las Fuerzas Armadas argentinas ya arrastran décadas de desinversión. En lugar de revertir esa tendencia, este gobierno —con Presti al frente— las está usando como variable de ajuste. Los soldados cobran sueldos de pobreza, los cuarteles tienen serias dificultades logísticas y la moral de la tropa se deteriora visiblemente.Mantenerse en el cargo en estas condiciones no es lealtad institucional. Es complicidad.
Las Fuerzas Armadas no merecen ser humilladas de esta manera. Y el uniforme que usted porta tampoco merece ser usado como adorno de un ajuste ideológico.
Es hora de dar un paso al costado.