miércoles 13 de mayo de 2026 - Edición Nº555

Nacionales | 13 may 2026

Argentina

El uniforme no alcanza para tapar la inoperancia y la complicidad

06:30 |Al ministro de Defensa, teniente general Carlos Alberto Presti, le queda cada vez menos margen. Seguir en el cargo solo profundiza el daño a las instituciones armadas y a su propia trayectoria.


En pocos meses al frente del Ministerio de Defensa, Presti ha demostrado una combinación preocupante de inutilidad operativa y complacencia política. Lejos de ser el ministro que iba a “revalorizar” a las Fuerzas Armadas como prometía el discurso oficial, se ha convertido en el ejecutor civil de un ajuste sistemático que está degradando la capacidad operativa de Ejército, Armada y Fuerza Aérea.

Promesas incumplidas y silencios cómplices

  • La auditoría a IOSFA (la obra social de las Fuerzas Armadas) fue anunciada con bombos y platillos. Hasta hoy, no existe ningún resultado público, ni informe, ni sanción a los responsables de años de desmanejo. Los militares y sus familias siguen sufriendo una obra social en estado crítico mientras el ministro guarda silencio.
  • El reequipamiento y revalorización de las Fuerzas Armadas se convirtió en un eslogan vacío. Mientras el Gobierno anuncia compras de aviones y modernizaciones, la realidad presupuestaria muestra otra cosa: recortes del 2,6% en los recursos, peligro en el pago de luz, gas y comida en los cuarteles, y un éxodo de personal que no se detiene.
  • Presti, un militar en actividad, aceptó convertirse en ministro político y portador de uniforme de un gobierno que trata a las instituciones armadas como una franquicia más de La Libertad Avanza. Participa en actos partidarios, valida discursos confrontativos y calla ante decisiones que claramente debilitan la defensa nacional.

Un ministro de Defensa debe ser el escudo de las Fuerzas Armadas ante el poder político, no su correa de transmisión. Presti ha elegido el segundo rol.

El costo de la lealtad mal entendida

Las Fuerzas Armadas argentinas ya arrastran décadas de desinversión. En lugar de revertir esa tendencia, este gobierno —con Presti al frente— las está usando como variable de ajuste. Los soldados cobran sueldos de pobreza, los cuarteles tienen serias dificultades logísticas y la moral de la tropa se deteriora visiblemente.Mantenerse en el cargo en estas condiciones no es lealtad institucional. Es complicidad.

Las Fuerzas Armadas no merecen ser humilladas de esta manera. Y el uniforme que usted porta tampoco merece ser usado como adorno de un ajuste ideológico.

Es hora de dar un paso al costado.

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