Estimaciones consistentes de analistas y medios del sector indican que entre el 60% y el 70% del personal en actividad se encuentra por debajo de la línea de pobreza para una familia tipo. Esto genera pluriempleo, deserción, baja moral y problemas operativos.Los retirados no escapan de la crisis. Muchas pensiones y jubilaciones militares, especialmente las de grados más bajos, también quedan por debajo o muy cerca del umbral de pobreza, obligando a miles de retirados a seguir trabajando para sobrevivir.
La vocación que termina en un Uber
La situación es tan crítica que se ha vuelto común ver a militares y exmilitares manejando Uber, Rappi, Pedidos Ya o realizando trabajos de vigilancia y delivery fuera de servicio. Hay reportes y denuncias de que algunos cuarteles han intentado prohibir estas actividades por “imagen institucional”, aunque los bajos sueldos las convierten en una necesidad para llegar a fin de mes.
Esta realidad desnuda el drama de miles de hombres y mujeres que ingresaron a las Fuerzas por vocación de servicio, dispuestos a defender la soberanía, pero que hoy deben complementar sus ingresos con trabajos precarios. Guardias extenuantes, entrenamientos y despliegues se combinan con noches al volante para pagar el alquiler, la comida y la escuela de los hijos.
El discurso oficial vs. la realidad de cuarteles
Mientras tanto, desde el Gobierno se insiste en el discurso de la “revalorización de las Fuerzas Armadas”, destacando compras de equipamiento, modernización y mayor presupuesto para defensa. Sin embargo, para la base de la pirámide militar —la tropa y suboficiales que sostienen la operatividad diaria— estos anuncios suenan huecos.
Los aumentos salariales otorgados han sido inferiores a la inflación acumulada, lo que profundiza la pérdida de poder adquisitivo. Expertos y voces del sector advierten que esta brecha compromete la retención de personal calificado, la motivación y, a largo plazo, la propia capacidad defensiva del país.
Tener “soldados pobres” no solo es un problema social: es un riesgo estratégico. Una fuerza con personal desmotivado, que debe elegir entre entrenar o manejar un Uber para alimentar a su familia, difícilmente podrá cumplir con eficacia su rol constitucional.La vocación militar sigue existiendo, pero se desgasta ante una realidad económica que el discurso oficial parece ignorar.