La visita de Estado de Putin, prevista para los días 19 y 20 de mayo, coincide con el 25º aniversario del Tratado de Buena Vecindad y Cooperación Amistosa firmado en 2001 entre ambos países.
Se espera la firma de alrededor de 40 acuerdos bilaterales en áreas como comercio, energía, educación y cooperación estratégica, junto con una declaración conjunta de alto nivel.
Esta cumbre adquiere un simbolismo aún mayor porque se produce apenas días después de la visita del presidente estadounidense Donald Trump a Pekín.
Por primera vez fuera de un formato multilateral, Xi Jinping recibe en el mismo mes a los líderes de las dos mayores potencias rivales. Esta secuencia no es casual: refleja la ambición china de erigirse como potencia pivotal en un orden internacional cada vez más fragmentado y multipolar.
La apuesta estratégica de Xi
Desde que asumió el liderazgo, Xi Jinping ha impulsado una asociación cada vez más estrecha con Rusia como contrapeso a lo que percibe como hegemonía occidental. Esta relación se ha profundizado notablemente tras el inicio del conflicto en Ucrania:
China se ha convertido en el principal socio comercial de Rusia, con un intercambio bilateral que rondó los 245 mil millones de dólares en 2024. Proyectos clave como el gasoducto Power of Siberia 2, la cooperación en tecnología y el alineamiento en foros como los BRICS forman parte de esta arquitectura.
Para Xi, esta alianza no es meramente táctica. Representa una visión de mundo donde China y Rusia lideran la construcción de un orden internacional basado en la soberanía, el respeto mutuo y la no injerencia, frente al modelo liberal occidental.
Putin ha descrito las relaciones bilaterales como de un nivel “sin precedentes”, basadas en confianza y cooperación estratégica.
La visita también servirá para lanzar formalmente los Años de Cooperación Rusia-China (2026-2027), que incluirán intercambios educativos y culturales, reforzando los lazos más allá de lo político y económico.
Implicaciones globales
Para China, los beneficios son claros: acceso garantizado a energía rusa a precios competitivos, diversificación de cadenas de suministro ante posibles tensiones con Occidente y un socio diplomático confiable en el escenario internacional.
Para Rusia, la visita representa un alivio vital en medio de sanciones occidentales y el prolongado esfuerzo bélico en Ucrania.
Pekín ofrece mercado, tecnología y legitimidad internacional.Sin embargo, la relación no está exenta de asimetrías. China es hoy el socio dominante, y mantiene una cuidadosa ambigüedad respecto al conflicto ucraniano, evitando un involucramiento directo que pueda dañar sus relaciones con Europa y Estados Unidos.
Un momento decisivo
La llegada de Putin confirma que la apuesta de Xi Jinping por Rusia no ha sido coyuntural, sino una decisión estructural. En un mundo donde las grandes potencias se miden por su capacidad de mantener equilibrios complejos, Xi demuestra que Pekín puede dialogar con Washington y Moscú casi simultáneamente, sin subordinarse a ninguno.
Esta cumbre no solo fortalecerá la “asociación estratégica de coordinación” entre las dos naciones, sino que enviará un mensaje claro a la comunidad internacional: el eje Pekín-Moscú es una realidad consolidada y un pilar fundamental del orden multipolar que China busca construir.El futuro dirá si esta apuesta histórica posiciona a China como árbitro global indiscutido o si genera nuevas tensiones.
Por ahora, Xi Jinping parece haber logrado el momento que tanto ha perseguido.