El desglose oficial incluye:
Estas cifras reflejan la intensidad de una campaña que incluyó cerca de 900 ataques aéreos sobre objetivos iraníes, respuesta iraní con misiles, drones y defensas antiaéreas, y el cierre temporal del Estrecho de Ormuz. Muchas de las pérdidas de drones MQ-9 se atribuyen a la saturación de defensas iraníes y operaciones en entornos de alto riesgo.
Implicaciones estratégicas
Aunque las pérdidas en aviones tripulados son relativamente limitadas (y varias ocurrieron por fuego amigo o en misiones de rescate), el alto número de drones derribados y el daño a activos de alto valor como tanqueros y AWACS revelan vulnerabilidades en operaciones de alta intensidad contra un adversario con defensas antiaéreas densas.
El informe del CRS, que se basa en reportes de CENTCOM, medios y fuentes abiertas, ha generado debate en el Congreso sobre el costo real de la operación, la necesidad de reponer flotas y las lecciones para futuros conflictos de alta tecnología.Irán, por su parte, ha celebrado estas cifras como una victoria defensiva, mientras que funcionarios estadounidenses destacan que la campaña logró degradar significativamente el programa nuclear iraní y otras capacidades militares, aunque a un precio superior al inicialmente estimado.
Este es el primer reconocimiento oficial consolidado de las bajas aéreas en la breve pero intensa confrontación, que terminó en un frágil alto el fuego. El Pentágono y el Congreso continúan evaluando el impacto total en la preparación y modernización de la Fuerza Aérea estadounidense.