Este escenario global no ha pasado desapercibido en el Sudeste Asiático, donde los estados marítimos observan con preocupación cómo China consolida su propia estrategia A2/AD (Anti-Access/Area Denial) en el Mar del Sur de China. Como respuesta, países como Vietnam, Filipinas, Indonesia, Malasia y Singapur aceleran el desarrollo de capacidades propias de negación de acceso/área.

¿Por qué ahora?Varios factores convergen:
- Lecciones del Golfo y el Mar Rojo: Los conflictos recientes mostraron cómo actores asimétricos (o estados) pueden perturbar el comercio global con misiles, drones y minas. Los países del Sudeste Asiático temen un escenario similar en el Mar del Sur de China, por donde pasa más del 30% del comercio marítimo mundial y gran parte del petróleo y gas licuado que alimenta a Asia.
- Expansión china: Beijing ha convertido islas artificiales en bases militares con misiles antibuque, sistemas antiaéreos y radares. Esto crea una burbuja A2/AD que amenaza la libertad de navegación y las reclamaciones de los vecinos.
- Dudas sobre la garantía estadounidense: La “ventana de vulnerabilidad” en el Pacífico tras el conflicto con Irán ha reforzado la idea de que los países de la región no pueden depender exclusivamente de Washington en un conflicto de alta intensidad. Deben desarrollar capacidades propias de disuasión.
Cómo lo están haciendo: Los principales actores
- Vietnam: Es el pionero regional en A2/AD. Con ayuda rusa, adquirió submarinos Kilo, sistemas de misiles costeros antibuque y aviones Su-30. Ha fortificado posiciones en el archipiélago de Spratly y enfoca su doctrina en negar a una fuerza superior el control de sus aguas cercanas.
- Filipinas: Históricamente la marina más débil, ha dado un giro estratégico. Opera el misil supersónico BrahMos (adquirido a India) y planea más baterías costeras. Bajo el marco de la EDCA con EE.UU., fortalece bases en el norte de Luzón y Palawan para complicar cualquier operación china cerca de Taiwán o el Mar del Sur de China.
- Indonesia: Desarrolla su “Estrategia de Defensa Archipelágica”. Está cerca de cerrar un importante acuerdo por misiles BrahMos y expande sus capacidades de misiles costeros y vigilancia marítima. Su objetivo es convertir el vasto archipiélago en una zona de alto riesgo para cualquier fuerza hostil.
- Malasia y Singapur: Enfoques más discretos pero significativos. Malasia invierte en misiles y patrulleras rápidas, mientras Singapur mantiene una de las marinas más avanzadas de la región, con énfasis en interoperabilidad con aliados y capacidades de vigilancia y strike precisos.
Características comunes de estas estrategias A2/AD “miniatura”
Los países del Sudeste Asiático no buscan igualar la flota china, sino complicar y encarecer cualquier operación adversaria:
- Prioridad a misiles costeros antibuque de largo alcance (missiles over fleets).
- Desarrollo de fuerzas asimétricas: submarinos convencionales, drones, minas y artillería costera.
- Enfoque en “defensa archipelágica” o “defensa por saturación”.
- Mejora de vigilancia marítima (radares, UAV, ISRT).
Estas capacidades son todavía “rudimentarias” y carecen de plena integración interservicios, según informes recientes del IISS, pero avanzan rápidamente.
Implicancias regionales y globales
El auge de mini-A2/AD en el Sudeste Asiático cambia el cálculo estratégico en el Indo-Pacífico. Complica los planes de China de dominar su “primera cadena de islas” y obliga a todas las grandes potencias a repensar operaciones navales en la zona.Al mismo tiempo, genera riesgos de escalada accidental y una carrera armamentista regional de bajo perfil pero peligrosa.
Países como Japón, Australia y EE.UU. apoyan discretamente estas capacidades a través de ventas de armas, entrenamiento y ejercicios conjuntos (Quad, AUKUS, pactos bilaterales).ConclusiónLa guerra en el Golfo ha actuado como catalizador. Los estados marítimos del Sudeste Asiático ya no ven el A2/AD solo como una estrategia china, sino como una herramienta indispensable de supervivencia y disuasión en un mundo donde el control de las rutas marítimas puede definirse por misiles costeros y no solo por portaaviones.Mientras Beijing expande su burbuja de negación de acceso, sus vecinos construyen las suyas.
El resultado probable no es un Mar del Sur de China pacífico, sino un espacio marítimo cada vez más contestado, donde la libertad de navegación dependerá de un delicado equilibrio de capacidades de negación mutua.La era de las grandes flotas dominantes podría estar dando paso a una era de misiles distribuidos y estrategias asimétricas. Y en esa nueva realidad, el Sudeste Asiático ya no es solo un escenario, sino un actor activo que redefine su propia seguridad.