“La obra social y los salarios del personal militar no son una prioridad, ni mucho menos. Lo que aplicaron fue un plan de empobrecimiento intencional sobre los militares. El jefe del Ejército lo admite en esta misma nota, diciendo que las FFAA están en ‘una etapa de transición entre lo institucionalmente necesario y lo presupuestariamente posible’. El gobierno nacional decidió, con plena conciencia, condenar al personal militar al hambre y a la falta de salud, y con parte de ese ahorro multimillonario en salarios compraron aviones y mecanizados. Repito hasta el cansancio, a pesar de la propaganda oficialista, en el gobierno de Milei se está destinando a la Defensa Nacional el presupuesto más bajo de la historia.”
Expone una verdad incómoda.
Salarios de miseria y obra social quebrada
Hoy, según datos consistentes que circulan en el ámbito militar, más del 60% del personal (especialmente suboficiales y soldados) se encuentra por debajo de la línea de pobreza. Se trata de hombres y mujeres que cumplen un servicio full time —con guardias, entrenamientos y disponibilidad permanente— y que no pueden complementar sus ingresos con otro empleo.
Sus haberes han sido licuados por la inflación y los ajustes fiscales, dejando a muchas familias en situaciones indignas.La situación de la Obra Social de las Fuerzas Armadas (OSFA) —sucesora del ya colapsado IOSFA— es aún más grave. Acumula deudas que rondan los 200.000 a 300.000 millones de pesos, con prestaciones cortadas o deficientes en gran parte del país.
El caso trágico del suboficial mayor retirado que se quitó la vida en San Juan tras denunciar la falta de cobertura para su tratamiento oncológico no es un hecho aislado: es la consecuencia directa de un sistema que abandonó a sus afiliados. El propio jefe del Ejército, teniente general Oscar Santiago Zarich, reconoció públicamente que la fuerza atraviesa “una etapa de transición entre lo institucionalmente necesario y lo presupuestariamente posible”. Esta frase institucional confirma lo que Milani denuncia: las necesidades reales de la tropa y sus familias fueron postergadas conscientemente.
Prioridades invertidas: aviones sí, soldados no
Mientras los sueldos y la salud se licuan, el gobierno avanza en compras de equipamiento (F-16, vehículos blindados, etc.). Es legítimo modernizar las Fuerzas, pero no a costa de empobrecer a quienes deben operar ese material. El ahorro generado por el ajuste salarial y el desfinanciamiento de la obra social parece haber servido, en parte, para financiar estas adquisiciones y sostener el relato de “reconstrucción de las capacidades”.
Esto no es un ajuste “técnico”. Es una decisión política clara: priorizar la foto de los aviones nuevos por sobre el bienestar de la tropa y sus familias. Condenar al personal militar —quienes juraron defender la soberanía— a condiciones de “hambre y falta de salud” mientras se celebra el superávit fiscal es una traición a uno de los pilares del Estado.
El presupuesto de Defensa en 2026 representa uno de los más bajos de la historia en términos relativos (alrededor del 0,55% del PBI), con el grueso destinado a salarios ya deprimidos y recortes adicionales en sostenimiento y funcionamiento de unidades. Milani lo repite “hasta el cansancio” porque es innegable: nunca se había llegado a este extremo de desfinanciamiento en democracia.
Un ajuste que debilita la Defensa
Las Fuerzas Armadas no son un gasto superfluo. Son garantía de soberanía, especialmente en un país con vastos recursos marítimos, antárticos y continentales. Empobrecer a sus integrantes y desfinanciar su sistema de salud no es “achicar el Estado”. Es desmantelar una institución clave para la Nación.César Milani, más allá de las diferencias políticas del pasado, está cumpliendo un rol indispensable: dar voz al malestar silencioso de cuarteles y familias militares.
Denunciar este “plan de empobrecimiento intencional” no es atacar al gobierno, es defender la dignidad de quienes visten el uniforme.Es hora de que el oficialismo escuche. No alcanza con comprar aviones si los pilotos, mecánicos y soldados viven en la miseria y sin cobertura médica digna. Las Fuerzas Armadas necesitan recursos reales, salarios justos y una obra social que funcione.
Nada de eso se logra con ajustes ciegos y prioridades invertidas.Milani tiene razón. Y el tiempo lo está demostrando dolorosamente.