Mientras las Fuerzas Armadas enfrentan recortes millonarios, deudas en la obra social, sueldos licuados y dificultades para sostener el funcionamiento básico de las unidades, el Gobierno argumenta que no hay recursos para movilizar tropas, vehículos, aviones y logística que implica un desfile. El ahorro sería “necesario” en medio del ajuste fiscal. Sin embargo, los mismos funcionarios no escatiman en gastos para que el Presidente cruce el hemisferio y participe de los actos oficiales en Nueva York y posibles encuentros con la administración Trump.
Hipocresía simbólica
El 9 de Julio no es solo un desfile: es uno de los pocos momentos en que la Nación visibiliza públicamente a sus Fuerzas Armadas, rinde homenaje a sus caídos, genera orgullo institucional y fortalece el vínculo entre el pueblo y sus defensores. Cancelarlo por “ajuste” envía un mensaje devastador a los cuarteles: sus tradiciones y visibilidad son prescindibles.
En cambio, viajar a celebrar la independencia ajena —con los costos que implica el traslado presidencial, comitiva, seguridad y logística— sí parece prioritario. El alineamiento ideológico y geopolítico con Estados Unidos aparece como un valor superior a la propia tradición nacional. Es la enésima demostración de que, para este gobierno, “la patria” a veces parece estar más al Norte que en el territorio argentino.
El contexto de las Fuerzas Armadas
Esta decisión no ocurre en el vacío. Las Fuerzas Armadas vienen sufriendo un ajuste profundo: recortes en sostenimiento, problemas crónicos en la OSFA, personal con más del 60% por debajo de la línea de pobreza según denuncias reiteradas, y un presupuesto de Defensa que sigue siendo de los más bajos de la historia en proporción al PBI.
En ese marco, suspender el desfile no es un simple “ahorro operativo”: es otro golpe al orgullo y la moral de una institución ya castigada.El contraste es brutal: no hay plata para que los soldados desfilen por la Avenida del Libertador el día de la Independencia argentina, pero sí para que el Presidente esté presente en los festejos norteamericanos, con la Fragata Libertad incluida en los eventos internacionales.
¿Ajuste o desmantelamiento simbólico?
Nadie niega la necesidad de ordenar las cuentas públicas tras décadas de despilfarro. Pero el ajuste debe tener coherencia y no puede aplicarse con saña sobre aquello que representa la soberanía y la identidad nacional, mientras se mantienen o aumentan otros gastos que responden más a afinidades personales o ideológicas.Suspender el desfile del 9 de Julio mientras se viaja al 4 de Julio genera un mensaje claro para muchos argentinos: la Independencia de los Estados Unidos parece valer más que la nuestra propia cuando se trata de presupuestos y gestos simbólicos.Es un error político, institucional y s