lunes 01 de junio de 2026 - Edición Nº574

Internacionales | 31 may 2026

Imposible

El fiasco del Tempest británico: retrasos millonarios y la eterna excusa del “ajuste” que debilita la defensa

El caza de sexta generación Tempest, desarrollado en el marco del Global Combat Air Programme (GCAP) junto a Japón e Italia, acumula años de retraso. Según reveló The Telegraph, es poco probable que la Royal Air Force (RAF) reciba el nuevo avión antes de finales de la década de 2030 o incluso principios de los 2040. Los críticos apuntan directamente al Partido Laborista por no liberar los fondos necesarios para mantener el cronograma original, que preveía entrada en servicio alrededor de 2035.


Este programa, que debía reemplazar al Eurofighter Typhoon, tiene un costo estimado superior a los 12.000 millones de libras solo para el Reino Unido y representa una apuesta estratégica para mantener capacidades de combate aéreo de élite frente a Rusia y China.

¿Qué está fallando?

  • El Gobierno laborista de Keir Starmer postergó decisiones clave de financiamiento, vinculadas a un Defence Investment Plan que sigue sin publicarse o concretarse plenamente.
  • Existen tensiones con los socios Italia y Japón, quienes presionan por compromisos firmes. Ya se firmaron acuerdos provisionales (“stopgap”) para evitar el colapso inmediato, pero el grueso de la inversión se posterga.
  • Los críticos conservadores acusan a Labour de “bottling” (acobardarse) ante las decisiones difíciles de gasto en defensa, priorizando otras áreas del gasto público en un contexto de restricciones fiscales.

El resultado es claro: un proyecto insignia de la industria británica (BAE Systems y socios) corre riesgo de perder momentum, con miles de empleos calificados en juego y posible erosión de la confianza de los aliados.

Crítica central:

Prioridades equivocadas otra vezEste retraso no es un problema técnico aislado. Es síntoma de un mal crónico en varias democracias occidentales: la dificultad para sostener inversión a largo plazo en defensa cuando los ciclos políticos cortos y las presiones sociales (salud, pensiones, welfare) compiten por los mismos recursos.

El Reino Unido, al igual que otros países europeos, gasta poco en defensa en proporción a las amenazas reales. Anunciar un programa ambicioso como Tempest genera titulares y orgullo industrial, pero si luego no se liberan los fondos en tiempo y forma, se convierte en otro ejemplo de promesas vacías. Culpar exclusivamente a Labour es justo en lo coyuntural (están en el Gobierno), pero el problema de subinversión en defensa británica (y europea) viene de años atrás.Mientras tanto:

  • La RAF sigue dependiendo de Typhoons que envejecen.
  • Los adversarios (China especialmente) avanzan con sus propios programas de sexta generación a mayor velocidad.
  • Se genera incertidumbre industrial y diplomática con Japón e Italia.

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Lección para Argentina y la región

En nuestro contexto, este caso ilustra perfectamente el debate actual sobre el presupuesto de Defensa. Comprar o modernizar equipamiento (F-16, vehículos, etc.) sin sostener el personal, la obra social y el funcionamiento diario genera una fuerza desequilibrada. Del mismo modo, anunciar proyectos futuristas sin financiamiento consistente termina en retrasos, frustración y pérdida de capacidades.

El Tempest demuestra que no alcanza con la foto del avión nuevo. Se necesita compromiso presupuestario real, plurianual y blindado frente a los vaivenes políticos. De lo contrario, solo quedan maquetas bonitas y excusas.

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