miércoles 24 de junio de 2026 - Edición Nº597

Editorial | 23 jun 2026

G

G

G


Entre dos fuegos: Milei, el factor Trump y el equilibrismo argentino en el conflicto con Irán

​La política exterior del gobierno de Javier Milei ha estado marcada, desde su génesis, por un alineamiento irrestricto y explícito con dos faros geopolíticos claros: Estados Unidos e Israel. Sin embargo, la consolidación de Donald Trump en la Casa Blanca y la escalada bélica directa entre el eje israelo-estadounidense e Irán han introducido una sutil pero profunda complejidad en la retórica de la Casa Rosada.

​Tras haber fijado una posición sumamente agresiva que incluyó calificar a la República Islámica como "enemigo" de la Argentina y declarar persona no grata al encargado de negocios de Teherán en Buenos Aires, el mandatario argentino ha entrado en una fase de llamativo silencio estratégico. Esta moderación discursiva posterior no responde a un cambio de convicciones, sino a la compleja arquitectura de actuar como el socio estratégico de Trump en la región, quedando atrapado en las delgadas diferencias tácticas que separan la postura de Washington de la de Tel Aviv.

​1. El estatus de "Socio Estratégico" de Donald Trump

​Para la administración libertaria, la afinidad ideológica con Donald Trump no es meramente un gesto de simpatía, sino el eje de su inserción en el mundo. Milei se autopercibe y actúa como el principal bastión del trumpismo y las ideas de la derecha libertaria en América Latina.

​Bajo esta premisa, la Casa Rosada tiende a sincronizar su reloj diplomático con el del Pentágono. Cuando la administración Trump endurece las sanciones y eleva las advertencias militares de manera contundente contra el programa nuclear e industrial de Irán, la Argentina redobla la apuesta en el plano discursivo local, vinculando la amenaza global con las heridas históricas del país (los atentados a la Embajada de Israel en 1992 y a la AMIA en 1994). No obstante, el rol de "socio de Trump" obliga también a acatar los límites reales que la Casa Blanca impone a la confrontación global.

​2. El silencio posterior: Evitar la sobreexposición en la guerra

​Tras las encendidas declaraciones iniciales donde respaldó "total y absolutamente" las acciones bélicas frente a Irán, el Presidente argentino optó por congelar las menciones directas a la evolución del conflicto y los detalles de la guerra.

​Este repliegue discursivo obedece a una necesidad de prudencia elemental. Una cosa es manifestar un alineamiento moral y geopolítico abstracto en ámbitos académicos o foros internacionales, y otra muy distinta es comprometer la diplomacia de un Estado soberano en el día a día de una guerra abierta en Oriente Medio, cuyas consecuencias económicas (en el precio del petróleo) y de seguridad (alertas antiterroristas en territorio nacional) son impredecibles. El silencio funciona aquí como un escudo de contención ante las críticas de la oposición interna, que acusan al Ejecutivo de exponer innecesariamente la seguridad nacional.

​3. El dilema de la posición intermedia: ¿Washington o Jerusalén?

​El principal factor de complejidad para la diplomacia argentina radica en que el bloque "Estados Unidos-Israel" no siempre opera con una estrategia unificada frente a Irán. Es en esa grieta táctica donde Milei ha tenido que equilibrar su posición:

  • La postura de Israel (Benjamín Netanyahu): Propone una respuesta de máxima presión, orientada a neutralizar de manera directa y militar las capacidades estratégicas y el régimen de Teherán, asumiendo los costos de un conflicto regional abierto si es necesario.

 

  • La postura de Estados Unidos (Donald Trump): Aunque profundamente anti-Irán y asertiva en la protección del libre comercio marítimo (como el estrecho de Ormuz), la doctrina de Trump prioriza el principio de "America First", buscando evitar que las fuerzas estadounidenses queden atrapadas de manera permanente en otra "guerra interminable" en Medio Oriente que desestabilice la economía global.

 

​Al enfriar sus declaraciones, Milei evita quedar desalineado de cualquiera de sus dos aliados. Si continuara con una retórica hiperbelicista, correría el riesgo de sonar más cercano al enfoque de urgencia militar de Netanyahu que a la calculada estrategia de disuasión económica y quirúrgica de Trump.

La doctrina de la ambigüedad calculada: Al resguardarse en un hermetismo posterior sobre la marcha de la guerra, el gobierno argentino logra mantener intacta su credibilidad ideológica ante ambos aliados, dejando claro el rumbo estratégico del país sin la necesidad de hipotecar su margen de maniobra ante cada bombardeo o represalia en el tablero de Oriente Medio.

 

​Para profundizar en el análisis sobre el posicionamiento de la Casa Rosada y el impacto de estas tensiones en la política nacional, puedes ver este Informe sobre el conflicto internacional y la postura de Milei, el cual desglosa los riesgos y el encuadre diplomático de la Argentina frente al escenario de las potencias globales en Medio Oriente.

Más Noticias

NEWSLETTER

Suscríbase a nuestro boletín de noticias