jueves 25 de junio de 2026 - Edición Nº598

Nacionales | 25 jun 2026

Crisis

La mayor hipótesis de conflicto: Un gobierno que humilla y destrata a sus Fuerzas Armadas

08:28 |Mientras el mundo se prepara para un siglo de crecientes tensiones geopolíticas, Argentina parece empeñada en escribir su propia sentencia de vulnerabilidad. La hipótesis más peligrosa no es una invasión extranjera inminente, sino algo mucho más interno y corrosivo: un gobierno que sistemáticamente destrata, humilla y desfinancia a sus propias Fuerzas Armadas.


El reciente corte de luz al Batallón de Ingenieros de Montaña 6 en Neuquén no es un incidente aislado. Es el símbolo perfecto de una degradación que, de no revertirse, puede convertirse en el mayor factor de riesgo estratégico del país.

El peligro real no está solo afuera

La historia militar demuestra una y otra vez que las derrotas más catastróficas no siempre comienzan con un enemigo superior, sino con ejércitos desmoralizados, mal equipados y despreciados por su propia dirigencia política. Desde la Francia de 1940 hasta el colapso ruso en la Primera Guerra Mundial, el deterioro interno de las fuerzas armadas suele preceder —y facilitar— las grandes crisis.

En Argentina, el mensaje que se envía hoy es devastador:

  • Soldados iluminándose con velas porque el Estado no paga la luz.
  • Salarios que no alcanzan la canasta básica.
  • Equipamiento obsoleto.
  • Deuda sistemática con proveedores básicos.

Esto no es “ajuste eficiente”. Es desmantelamiento simbólico y material de la institución que debe garantizar la soberanía. Cuando un soldado siente que su propio gobierno lo considera prescindible, la cadena de mando se erosiona, la moral se derrumba y la disuasión estratégica desaparece.

Neuquén como síntoma terminal

El corte de suministro eléctrico al Batallón en Neuquén es humillante en múltiples dimensiones. Una unidad clave para el control de un territorio estratégico (fronteras, recursos naturales, proyección antártica) queda literalmente a oscuras por deudas impagas. ¿Qué mensaje recibe Chile, qué mensaje recibe cualquier actor con intereses en la Patagonia, cuando ve que el Ejército argentino no puede mantener iluminado uno de sus cuarteles? Peor aún: el mensaje que recibe el propio soldado. El que juró defender la patria ahora debe negociar con una cooperativa para que no le corten la luz. Esa pérdida de dignidad institucional es mucho más peligrosa que cualquier recorte presupuestario aislado.

El costo estratégico de la humillación

Un gobierno que destrata a sus fuerzas armadas genera varios efectos letales:

  1. Pérdida de disuasión: Un adversario potencial no mide solo tanques y aviones. Mide voluntad de combate y cohesión interna. Un Ejército humillado proyecta debilidad.
  2. Erosión de la cadena de mando: Cuando los jefes no pueden defender a su tropa frente al poder político, la verticalidad se quiebra. La lealtad institucional se reemplaza por resentimiento.
  3. Vaciamiento de capital humano: Los mejores cuadros se van, los que quedan pierden motivación. La profesionalización se detiene.
  4. Invitación al aventurismo externo: Nada alienta más a un actor oportunista que percibir que el oponente está roto por dentro.

Argentina tiene desafíos concretos de soberanía: la Cuenca del Plata, el Atlántico Sur, la Antártida, la frontera norte y los recursos naturales. Enfrentarlos con unas Fuerzas Armadas desmoralizadas y precarias es jugar a la ruleta rusa.

El error ideológico de fondo

Parte del problema radica en una visión cortoplacista y casi ideológica que confunde “ajuste fiscal” con desmantelar las capacidades estatales esenciales. La defensa nacional no es un gasto suntuario ni un “curro”. Es la última línea de garantía de la independencia. Países serios como Israel, Singapur o incluso Chile entienden esto perfectamente y actúan en consecuencia.

En Argentina, en cambio, parece prevalecer la lógica de que “total, no hay guerra ahora”. Como si las amenazas fueran solo militares convencionales y visibles. La verdadera vulnerabilidad en el siglo XXI es la debilidad interna prolongada.

Urgencia de un cambio de rumbo

Si el gobierno actual quiere realmente fortalecer al país, debe entender que no hay soberanía sin Fuerzas Armadas dignas.

Eso implica:

  • Salarios competitivos y condiciones dignas.
  • Presupuesto plurianual serio para equipamiento.
  • Respeto institucional y fin de los mensajes humillantes.
  • Una política de defensa de Estado, no de gestión coyuntural.

Mientras sigamos enviando soldados a buscar velas en la oscuridad, seguiremos siendo un país potencialmente rico pero estratégicamente frágil.La mayor hipótesis de conflicto para Argentina en los próximos años no es externa. Es doméstica. Es la posibilidad real de que, por desprecio, desidia o dogmatismo fiscalista, terminemos destruyendo desde adentro la única institución que, en última instancia, puede responder cuando todo lo demás falla.Y esa, lamentablemente, es una hipótesis que estamos alimentando día a día.

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