La comandancia iraní ha ratificado que considera el Estrecho de Ormuz como una zona bajo su "control absoluto e inherente". Irán mantiene la postura de que ningún buque militar extranjero o comercial afiliado a potencias hostiles puede transitar la vía sin su autorización expresa, desafiando las operaciones de escolta de la coalición liderada por EE. UU.
Agencias de noticias oficiales del régimen de Teherán confirmaron la activación de un plan de movilización masiva que busca congregar a un millón de combatientes. Esta fuerza integra a las unidades del ejército regular, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) y un flujo masivo de voluntarios de la fuerza paramilitar Basij, preparados para resistir lo que califican como una "locura histórica" de Washington si decidiera ejecutar un desembarco en el frente sur del país.
Los bombardeos ordenados por la Casa Blanca —en represalia por el impacto de un dron contra el carguero M/V Ever Lovely— hicieron trizas el breve cese al fuego que se había pactado a mediados de junio. Ahora, el panorama se complica en el agua y en la costa. Mientras que el Pentágono ha desplegado unidades expedicionarias de Marines en el Golfo Arábigo (incluyendo efectivos a bordo del USS Tripoli y el USS Boxer) orientadas a misiones de asalto rápido y protección de rutas comerciales, Irán apuesta al desgaste.
Especialistas en defensa advierten que el anuncio del "millón de soldados" busca disuadir a la administración Trump de escalar el conflicto aéreo y naval hacia una campaña en tierra firme, un escenario que los analistas militares consideran de altísimo costo humano y económico para ambas partes, con el precio del petróleo oscilando ya en niveles críticos para los mercados internacionales. La mesa está servida para una pulseada geopolítica donde el menor error de cálculo podría incendiar definitivamente la región.