lunes 29 de junio de 2026 - Edición Nº602

Nacionales | 28 jun 2026

El problema

Los Soldados del Olvido: ¿Quién Piensa en los Retirados y Pensionados Militares?

El paso a la situación de retiro y la subsistencia de las pensiones militares se han convertido en un laberinto de haberes devaluados, promesas incumplidas y un sistema de salud que parece haberlos dejado en el camino.


Cuando un miembro de las Fuerzas Armadas viste el uniforme por última vez, se suele hablar del "deber cumplido", del paso a la pasividad con el honor intacto y del merecido descanso tras décadas de servicio y desarraigo. Sin embargo, la realidad que golpea a miles de retirados y pensionados militares hoy en la Argentina dista mucho de esa visión romántica. Al cruzar la frontera de la vida civil, el veterano y su familia descubren que el verdadero combate empieza el día después de la baja.

Hoy en día, el sector pasivo de las fuerzas se encuentra en una situación de vulnerabilidad alarmante, atrapado entre una crisis asistencial sin precedentes y una erosión salarial que licúa su dignidad mes a mes. ¿Quién se hace cargo de los que ya lo dieron todo?

El laberinto de los haberes: Una deuda histórica y estructural

La pérdida del poder adquisitivo no es exclusiva del personal en actividad, pero en el universo de los retirados y pensionados adquiere ribetes dramáticos. A pesar de los recurrentes anuncios de "blanqueos" y jerarquizaciones salariales que buscan ordenar la estructura de haberes, la inflación y los retrasos en las actualizaciones han dejado a las jubilaciones y pensiones militares rezagadas frente a la canasta básica real.

La brecha con las fuerzas de seguridad federales sigue siendo una herida abierta. Pero lo más grave ocurre con el universo de las pensionadas y viudas de la fuerza, cuyos ingresos en los escalafones más bajos apenas alcanzan para cubrir las necesidades elementales. Quienes durante décadas sostuvieron el hogar militar mientras sus esposos operaban en el terreno, hoy enfrentan la vejez en condiciones económicas de extrema estrechez. La devaluación de sus haberes no es solo un problema macroeconómico; es una falta de reconocimiento político y moral a su entrega silenciosa.

El colapso de la sanidad: El abandono en la edad más vulnerable

Si el bolsillo duele, la salud desespera. El proceso de transición de la obra social militar hacia la nueva estructura de la OSFA prometió transparencia y ordenamiento financiero, pero en la práctica cotidiana de los adultos mayores se traduce en una alarmante desprotección.

Para un retirado de 70 u 80 años, que padece patologías crónicas propias de la edad y del desgaste físico de la vida militar, la regularidad en las prestaciones no es negociable. Sin embargo, los crónicos cortes de servicios en clínicas del interior del país, las trabas burocráticas para conseguir medicamentos oncológicos o de alta complejidad y la pérdida de convenios con prestadores locales obligan a los abuelos de la fuerza a un peregrinaje humillante. Pagar consultas privadas con haberes mínimos o depender de la solidaridad de los círculos de retirados se ha vuelto una constante. El sistema parece olvidar que la salud en el retiro no es un beneficio discrecional, sino un derecho adquirido tras una vida de aportes y sacrificios.

El vacío invisible: Transición civil y bienestar psicológico

La problemática no es únicamente material. Argentina carece de un programa robusto, integral y sistemático de transición a la vida civil. El militar que pasa a retiro sufre un quiebre identitario profundo: de un día para el otro, pierde la contención de la unidad, la rutina del servicio y el sentido de pertenencia a una comunidad con códigos muy específicos.

El impacto psicológico de este desarraigo institucional suele ser invisibilizado. No existen redes de contención psicológica orientadas específicamente a mitigar la depresión, la ansiedad o el estrés postraumático que arrastran muchos hombres y mujeres tras años de operaciones complejas o misiones de paz. El retirado queda, literalmente, a la buena de Dios, intentando encajar en una sociedad civil que muchas veces no comprende ni valora su pasado.

Conclusión: La moral de una fuerza se mide en cómo cuida a sus viejos

Se suele decir en el ámbito militar que "nadie queda atrás". Esa máxima, tan sagrada en el campo de batalla, parece desdibujarse en los escritorios donde se definen los presupuestos y las políticas de bienestar.

La modernización de la Defensa Nacional y la compra de tecnología son fundamentales para el futuro del país, pero no pueden financiarse a costa del abandono de quienes sostuvieron las instituciones en los momentos más difíciles. Cuidar, dignificar y proteger a los retirados y pensionados no es un acto de caridad ni un gasto previsional prescindible: es el reflejo más fiel de la seriedad de una Nación hacia sus servidores públicos. Si el Estado les suelta la mano a sus veteranos en la vejez, ¿con qué autoridad moral pretenderá inspirar a las próximas generaciones a defender la Patria?

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