¿Estamos ante una verdadera amenaza de expansión asiática o ante el regreso de la doctrina estadounidense que considera a la región como su zona de control absoluto?
Para entender el polvorín actual, hay que retroceder a la firma de los Tratados Torrijos-Carter de 1977. La transferencia del control total del canal a manos panameñas el 31 de diciembre de 1999 fue celebrada como la culminación de la soberanía del país centroamericano. Sin embargo, en la visión estratégica de ciertos sectores en Washington, ese hito supuso ceder un activo de seguridad nacional insustituible.
El argumento actual es claro: el vacío dejado por el repliegue estadounidense ha sido aprovechado silenciosamente por China. Aunque la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) gestiona la vía de manera autónoma, consorcios estatales chinos operan puertos clave en ambas entradas del canal (Balboa en el Pacífico y Cristóbal en el Atlántico), lo que EE. UU. interpreta como una sutil maniobra de "cerco logístico".
A pesar de la retórica beligerante, el canal opera bajo una realidad económica donde ambas superpotencias se necesitan, pero también compiten ferozmente por la influencia en la región.
| Indicador Estratégico | Estados Unidos | China |
| Uso de la Vía | Usuario número uno. Es el origen o destino de más del 60% de la carga que transita por el canal. | Usuario número dos. Clave para el transporte de materias primas y manufacturas globales. |
| Estrategia en la Región | Seguridad nacional, contención militar y defensa del Tratado de Neutralidad. | Inversión multimillonaria en infraestructura pesada a través de la ruta tecnológica y comercial. |
| Infraestructura Periférica | Mantiene lazos financieros históricos y una fuerte presencia diplomática. | Controla concesiones portuarias estratégicas en los dos extremos de la vía interoceánica. |
¿Puede Estados Unidos intervenir legalmente en el canal si considera que China cruza la línea roja? La respuesta está en el Tratado de Neutralidad Permanente, un documento firmado en los años 70 que mantiene una vigencia crucial hoy en día.
Este tratado establece dos reglas de oro:
Neutralidad Absoluta: El canal debe permanecer abierto y seguro para buques de todas las naciones, sin discriminación, tanto en tiempos de paz como de guerra.
El Derecho de Intervención de EE. UU.: Washington posee la facultad unilateral de intervenir militarmente si considera que la seguridad o la neutralidad del canal están bajo amenaza. Sin embargo, este derecho tiene un límite estricto: no permite a EE. UU. inmiscuirse en los asuntos políticos internos de Panamá.
El dilema de la soberanía: Mientras Panamá defiende su neutralidad comercial con criterios estrictamente técnicos, la geopolítica de las superpotencias amenaza con arrastrar la vía hacia un conflicto ajeno a sus intereses.
El Canal de Panamá ya no solo lucha contra las sequías y los retos del cambio climático para mantener a flote el comercio mundial; ahora debe navegar en las turbulentas aguas de la diplomacia de las superpotencias.
Las advertencias de Washington dejan claro que la Casa Blanca vigilará cada contrato, cada puerto y cada inversión china en el istmo. En este nuevo tablero de ajedrez, Panamá se enfrenta al mayor desafío de su historia republicana: demostrar que su neutralidad es inquebrantable y que el canal sigue perteneciendo, única y exclusivamente, al mundo y a su gente.