sábado 11 de julio de 2026 - Edición Nº614

Latinoamérica | 10 jul 2026

Fuerzas Armadas de Chile

¿De la disuasión a la supervivencia? El impacto del ajuste fiscal en las FF. AA. de Chile

Durante décadas, las Fuerzas Armadas de Chile han sido consideradas el estándar de referencia en América Latina. Gracias a un sostenido proceso de modernización, el país consolidó un poder disuasivo real capaz de resguardar la soberanía nacional sin necesidad de disparar un solo cartucho. Sin embargo, el panorama actual ha comenzado a virar de forma preocupante. Las recientes e inéditas alertas presupuestarias encendidas por los altos mandos en el Congreso dejan una pregunta incómoda en el aire: ¿están las FF. AA. Chilenas transitando desde una postura de disuasión estratégica a una de mera supervivencia operativa?


La paradoja del presupuesto: El estancamiento frente a la modernización vecina

El núcleo de la crisis radica en una asimetría presupuestaria respecto al contexto regional. Mientras Argentina avanza firmemente en la recuperación de sus capacidades mediante la adquisición de cazas supersónicos, blindados y negociaciones por submarinos, y Perú ratifica la modernización de su flota aérea, el diseño presupuestario en Chile ha optado por un camino restrictivo.

Aunque el Ejecutivo argumenta que el presupuesto esencial de Defensa está cubierto con leves incrementos nominales, la realidad sectorial demuestra que el Fondo de Contingencia Estratégica (contemplado en la Ley 21.174 de Financiamiento de la Defensa) ha sufrido postergaciones consecutivas en sus aportes programados. Este fondo, diseñado para sustituir la antigua Ley Reservada del Cobre, es el pulmón financiero que permite las grandes mantenciones de la maquinaria de guerra y la adquisición de tecnología punta. Mantener la operatividad y el Sostenimiento Logístico Integrado (SLI) de los sistemas de armas chilenos exige cientos de millones de dólares anuales; sin aportes inyectados a los fondos plurianuales, las capacidades comienzan a congelarse.

Déficits en el gasto diario: El crudo diagnóstico del Ejército

La situación escaló al debate público cuando el Comandante en Jefe del Ejército, general Javier Iturriaga, expuso ante el Senado una realidad crítica: la institución militar arrastraba un preocupante déficit operativo para el cierre del año.

Este descalce financiero no responde a una mala gestión, sino a la conjunción de tres factores estructurales impuestos por la coyuntura política y legislativa:

  • Recortes directos: Tijeretazos previos aprobados por el propio Congreso en partidas presupuestarias de Defensa.

  • Aumento salarial sin financiamiento: La implementación de mejoras salariales para los soldados conscriptos (una medida necesaria para reactivar el alicaído reclutamiento) cuyos fondos adicionales comprometidos no llegaron a tiempo a las arcas castrenses.

  • Desgaste por funciones ajenas: El altísimo costo de desplegar tropas de manera permanente en tareas de orden público, resguardó migratorio en la Frontera Norte y control de la MacroZona Sur. Estas misiones de carácter extraordinario han consumido millones en combustible, viáticos y mantenimiento logístico sin recibir una cobertura presupuestaria equivalente.

Para no paralizar las funciones esenciales, el Ejército se ha visto obligado a implementar medidas de contención agresivas: desde postergar asignaciones y gratificaciones del personal, hasta suspender temporalmente la reinstrucción de la reserva.

El costo de desnaturalizar la fuerza

La desviación de los militares hacia roles de orden público —mientras los planes del Ejecutivo contemplan seguir reforzando tecnológicamente estos despliegues fronterizos— genera un desgaste silencioso pero profundo. Los tanques, los buques y los aviones de combate no se disuaden a sí mismos; requieren de tripulaciones altamente entrenadas en tácticas de combate convencional.

Cuando el capital humano y los recursos operativos se diluyen en patrullajes urbanos o rurales bajo Reglas del Uso de la Fuerza (RUF) ambiguas que exponen judicialmente al soldado, la esencia misma de la profesión militar se degrada. Las FF. AA. corren el riesgo de convertirse en una costosa fuerza de apoyo policial, perdiendo el foco en su misión fundamental consagrada en la Constitución: la defensa de la patria y la seguridad nacional.

Conclusión: La Defensa no es un bien de consumo prescindible

Si bien los esfuerzos fiscales de Hacienda buscan estabilizar las cuentas públicas mediante planes de eficiencia global, el sector de la Defensa Nacional obedece a dinámicas distintas. El poder disuasivo tarda décadas en construirse, pero puede erosionarse con notable rapidez si se encadenan años de postergaciones en el mantenimiento estratégico.

Chile no puede permitirse el lujo de poseer unas Fuerzas Armadas que operen al límite de su capacidad financiera mensual. Un país que descuida sus puentes logísticos y desfinancia el entrenamiento de sus tropas termina perdiendo el estatus estratégico que tanto costó consolidar. Traspasar la línea que separa la disuasión de la mera supervivencia operativa es un riesgo geopolítico que las futuras generaciones de chilenos podrían pagar muy caro.

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