Este fenómeno no es una casualidad, sino el resultado de dos visiones políticas distintas que encuentran en el recorte de la Defensa un mismo punto de conveniencia.

El desarme presupuestario por parte de las administraciones de izquierda o progresistas responde a una matriz que combina memorias históricas y reconfiguraciones teóricas.
El trauma del siglo XX y la desconfianza institucional: El progresismo latinoamericano arrastra una desconfianza histórica hacia los cuarteles debido al rol de las fuerzas armadas durante los regímenes militares de la Guerra Fría.
La sustitución de la defensa por la agenda social: Bajo la premisa de que América Latina es una "zona de paz" sin hipótesis de guerra convencional inminente, el progresismo justifica el desvío de los recursos de defensa hacia programas sociales, educación y salud.
La redefinición hacia la "Seguridad Humana": La izquierda moderna prefiere transformar a las Fuerzas Armadas en agencias de asistencia civil, combate de incendios, protección ambiental o apoyo humanitario. Al despojarlas de su misión de combate convencional, congelan la renovación de material de defensa estratégica (cazas, submarinos, artillería pesada) por considerarlo innecesario y costoso.
Por otro lado, cuando la derecha o el espectro liberal asumen los gobiernos en la región, la asfixia presupuestaria militar se ejecuta bajo argumentos técnicos, macroeconómicos y de orden interno.
El dogma del "Déficit Cero" y el ajuste fiscal: Para la derecha económica, el gasto militar es considerado un gasto público "no productivo" que no genera retornos financieros inmediatos. Ante crisis económicas o programas de austeridad severos, las partidas de Defensa suelen ser las primeras en sufrir podas masivas o la eliminación directa de fondos plurianuales de reequipamiento estratégico para dar señales de disciplina fiscal a los mercados internacionales.
De la defensa nacional a la seguridad pública: La derecha latinoamericana suele priorizar la lucha contra el narcotráfico, el crimen organizado y la delincuencia urbana. En consecuencia, prefiere canalizar los recursos hacia las fuerzas policiales, las guardias nacionales o la inteligencia civil. Cuando el presupuesto se asigna a los militares, suele ser únicamente para financiar su despliegue logístico en las calles o en las fronteras (misiones de orden público), dejando en el abandono el mantenimiento de los sistemas de armas convencionales requeridos para la soberanía del espacio aéreo o marítimo.
La dependencia de las potencias extranjeras: El pensamiento geopolítico de gran parte de la derecha regional asume que la defensa exterior contra grandes potencias debe estar delegada en alianzas internacionales (como el TIAR o acuerdos de cooperación con Estados Unidos). Bajo esta lógica de subordinación estratégica, poseer capacidad de disuasión autónoma es visto como una redundancia presupuestaria.
| Espectro Político | Motivación Principal | Destino de los Fondos de Defensa | Consecuencia para las FF. AA. |
| Progresismo / Izquierda |
Recelo histórico, pacifismo retórico y prioridad de gasto social. |
Inversión social, infraestructura civil y ayuda humanitaria. |
Obsolescencia tecnológica por desuso y reconversión de roles operacionales. |
| Derecha / Liberalismo |
Austeridad fiscal, reducción del Estado y enfoque en orden interno. |
Contención del déficit, gasto policial y seguridad urbana. |
Parálisis por falta de mantenimiento y subordinación logística externa. |
Tanto la izquierda como la derecha latinoamericanas operan bajo la premisa cortoplacista de que las hipótesis de conflicto internacional no aplican para la región.
El desmantelamiento presupuestario de las Fuerzas Armadas en América Latina, provocado de manera sistemática por ambos lados del tablero político, vacía de contenido el concepto de soberanía nacional.
En un escenario global de creciente inestabilidad, guerras de quinta generación e intensas disputas por recursos naturales (agua dulce, litio, petróleo y minerales estratégicos de los cuales la región es reserva mundial), poseer fuerzas armadas desfinanciadas, con equipos obsoletos y desnaturalizadas de sus funciones de combate formal no es un sinónimo de paz; es una invitación abierta a que potencias extranjeras o carteles transnacionales dicten el destino de los recursos de las naciones Latinoamericanas sin encontrar resistencia alguna.