jueves 16 de julio de 2026 - Edición Nº619

Nacionales | 16 jul 2026

No fue un partido mas...

El día que la burocracia se arrodilló y la Selección eligió la soberanía

01:35 |El fútbol argentino tiene una relación indisoluble con la memoria colectiva. Por eso, intentar separar la pelota de la identidad nacional no solo es una tarea inútil, sino también una falta de respeto a la historia. Lo que ocurrió en la previa y el postpartido de la semifinal del Mundial 2026 entre Argentina e Inglaterra en Atlanta dejó en evidencia la enorme distancia que existe entre la frialdad de la burocracia gubernamental y el sentir popular de un pueblo.


Por: Por la Redacción de Red Castrense

El "papelón" oficialista: la soberanía tratada como "provocación"

Días antes del trascendental cruce, la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, avaló públicamente la prohibición impuesta por la FIFA de ingresar con banderas, remeras o carteles alusivos a las Islas Malvinas. Lejos de adoptar una postura de defensa de los símbolos patrios, la funcionaria justificó la censura argumentando que la frase "Las Malvinas son argentinas" es un "mensaje político" y que era necesario "evitar provocaciones".

"Es un partido de fútbol, queremos el mejor resultado y que no se nos crucen los cables. No confundamos", declaró Monteoliva, reduciendo un reclamo constitucional e histórico a un mero capricho que podía empañar el espectáculo.

Tratar las siluetas de nuestras islas o el reclamo pacífico de soberanía como un elemento "violento" o "provocador" para no incomodar a la federación internacional —o al rival de turno— fue leído por gran parte de la sociedad como una concesión innecesaria y un retroceso diplomático disfrazado de "prudencia deportiva".

La respuesta en el césped: un trapo escrito a mano contra la censura

Tras el pitazo final que decretó el histórico 2 a 1 a favor de Argentina (gracias a los goles de Enzo Fernández y Lautaro Martínez), los futbolistas decidieron que el protocolo institucional no iba a silenciar el sentimiento de millones.

En medio de los festejos de cara a la tribuna albiceleste, Giovani Lo Celso, Lisandro Martínez y Nicolás Otamendi desplegaron una pancarta improvisada, escrita a mano, con una frase tan contundente como innegociable: "Las Malvinas son argentinas".

El gesto no fue una "provocación" barata, sino un acto de estricta justicia histórica y un mimo para los excombatientes, quienes en la previa habían enviado cartas de apoyo al plantel. La respuesta posterior de Leandro Paredes ante la prensa terminó de sepultar la tibieza ministerial: al ser consultado por la bandera y la posible sanción de la FIFA, el mediocampista sentenció con naturalidad: "Y serán siempre argentinas".

Conclusión: la identidad no se negocia en los escritorios

Mientras desde los despachos oficiales se intentó "despolitizar" un sentimiento que corre por las venas de los argentinos para evitar sanciones o roces diplomáticos, los jugadores demostraron que la camiseta de la Selección carga con una responsabilidad que excede lo táctico.

La "Scaloneta" no solo juega al fútbol de manera extraordinaria; también entiende el pulso de su gente. El intento de Monteoliva de amordazar el reclamo de soberanía quedó reducido a un papelón burocrático, barrido por el viento de un festejo genuino, soberano y profundamente argentino en el corazón de Atlanta.

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