miércoles 12 de agosto de 2026 - Edición Nº646

Internacionales | 11 ago 2026

Confusión

Desmontar la confusión conceptual: El punto de partida imprescindible para entender Israel y Palestina

En el debate contemporáneo sobre Oriente Medio, el lenguaje suele ser la primera víctima. Buena parte de las discusiones que se despliegan en redes sociales, medios de comunicación y tertulias políticas fracasan antes de comenzar no por falta de pasión o información, sino por una profunda erosión del vocabulario. Cuando una crítica a la política exterior de un gobierno se califica inmediatamente de judeofobia, o cuando se equipara la identidad de millones de civiles con el ideario de una milicia, el diálogo resulta imposible.


Antes de abordar un conflicto geopolítico con más de un siglo de historia, resulta imperativo realizar un ejercicio de precisión terminológica: diferenciar de forma tajante entre un pueblo, una religión, un Estado y una ideología. Mezclar estas dimensiones produce análisis viciados que distorsionan aquello que se pretende defender o criticar.

1. Las distinciones fundamentales

Para desarticular las simplificaciones más habituales, es necesario definir cuatro pares de conceptos que con frecuencia se superponen de manera errónea.

Judío no significa israelí

  • Judío: Refiere a la pertenencia a un pueblo y a una tradición etnocultural y/o religiosa con milenios de historia. Existen personas judías de nacionalidad argentina, francesa, estadounidense, etíope o mexicana que no son ciudadanas del Estado de Israel ni están sujetas a sus leyes.

  • Israelí: Hace referencia estrictamente a la ciudadanía o nacionalidad del Estado de Israel. Un israelí puede ser judío, pero también puede ser árabe (musulmán, cristiano o druso), entre otras minorías. Cerca del 20% de la población del Estado de Israel es de origen árabe-palestino.

Palestino no significa Hamas

  • Palestino: Identifica al pueblo árabe originario de la región histórica de Palestina (que abarca los territorios de la Franja de Gaza, Cisjordania e Israel, además de una vasta diáspora). La población palestina es diversa: abarca mayoritariamente a musulmanes de distintas corrientes, pero también a una histórica comunidad de cristianos palestinos y a sectores laicos.

  • Hamas: Es una organización política y paramilitar islamista palestina fundada en 1987. Aunque gobierna de facto la Franja de Gaza desde 2007 tras un conflicto interno con la Autoridad Nacional Palestina (controlada por la facción secular Fatah), Hamas no representa automáticamente la totalidad de la voluntad, la ideología ni la identidad del pueblo palestino.

Sionismo no significa judaísmo

  • Judaísmo: Es la religión monoteísta del pueblo judío, así como la civilización y el conjunto de tradiciones asociadas a ella a lo largo de la historia.

  • Sionismo: Es un movimiento político e ideológico moderno, surgido a finales del siglo XIX en Europa de la mano de figuras como Theodor Herzl, que promovió el establecimiento y consolidación de un Estado nacional para el pueblo judío en su patria ancestral.

Existen judíos que son sionistas en sus diversas variantes (desde las corrientes de izquierda laborista hasta sectores de derecha nacionalista), pero también existen judíos no sionistas, antisionistas (tanto por motivos políticos laicos como por interpretación religiosa ultraortodoxa) y a-sionistas. Asimismo, existen sionistas no judíos (como ciertos sectores del cristianismo evangélico).

El Estado de Israel no es el "Israel bíblico"

  • Israel bíblico: Es una noción teológica, histórica y literaria vinculada a los relatos de las Escrituras hebreas.

  • Estado de Israel: Es un Estado-nación moderno, secular en su marco administrativo, fundado en 1948 y regido por instituciones políticas, un parlamento (la Knéset) y un sistema judicial formal. Juzgar sus acciones requiere los mismos parámetros del derecho internacional que se aplican a cualquier otro país.

2. Los cuatro errores conceptuales más frecuentes

Error de concepto Distorsión producida
Identificar al Estado de Israel con la totalidad del pueblo judío Provoca que las decisiones diplomáticas o militares del gobierno israelí repercutan en agresiones contra comunidades judías en la diáspora que no tienen injerencia en dichas políticas.
Equiparar a la población civil palestina con Hamas Deshumaniza a millones de personas, reduciendo su identidad nacional a la doctrina de un grupo armado y negando la diversidad política e ideológica existente en la sociedad palestina.
Usar "sionista" como insulto genérico contra cualquier judío Invalida el debate político al aplicar una etiqueta ideológica de forma indiscriminada por el mero origen etnocultural de una persona.
Categorizar toda crítica al gobierno de Israel como "antisemitismo" Neutraliza el escrutinio político legítimo sobre un Estado moderno e invalida la lucha contra el verdadero prejuicio anti-judío.

3. Las consecuencias de no distinguir

La falta de rigor terminológico no es un problema meramente académico; produce efectos concretos y nocivos en la realidad política y social mundial.

En primer lugar, importa el conflicto a sociedades lejanas de forma violenta. Cuando no se distingue entre el gobierno israelí y la identidad judía, se incrementan los episodios de antisemitismo e incidentes de odio contra instituciones, sinagogas o ciudadanos judíos en todo el mundo. De la misma manera, cuando se asimila a cada palestino o árabe con el extremismo armado, se desata una ola de islamofobia y discriminación contra comunidades árabes y musulmanas.

En segundo lugar, anula el debate interno dentro de las propias comunidades. Tanto en la sociedad israelí como en la diáspora judía existen profundas discrepancias sobre el rumbo político, las acciones militares y el futuro del Estado. Del mismo modo, en el seno de la sociedad palestina conviven voces laicas, progresistas, conservadoras y críticas de la gestión de sus propios liderazgos. La simplificación borra esa riqueza de matices y silencia a los sectores que buscan alternativas pacíficas.

Por último, bloquea la construcción de la paz. Para solucionar un conflicto geopolítico se requiere evaluar intereses territoriales, derechos humanos, marcos legales y acuerdos de seguridad. Transformar un conflicto de límites y soberanía entre Estados y pueblos en una guerra santa, racial o abstracta elimina cualquier margen de negociación racional.

Aprender las palabras como condición previa

El análisis de cualquier conflicto complejo exige disciplina intelectual. Repetir eslóganes que fusionen la fe con el Estado, la ideología con la etnia, o la ciudadanía con un régimen de gobierno específico solo profundiza la incomprensión.

Defender los derechos del pueblo palestino no exige respaldar el ideario de Hamas ni negar el derecho a la existencia de Israel. Del mismo modo, defender la seguridad del Estado de Israel o el derecho del pueblo judío a la autodeterminación no requiere justificar cada acción de un gobierno de turno ni negar las aspiraciones nacionales palestinas.

Aprender el significado preciso de los términos no resuelve la crisis en Oriente Medio, pero marca el límite entre el análisis informado y la mera propagación del prejuicio. Sin esta claridad conceptual básica, cualquier intento de discusión carecerá de validez.

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