jueves 20 de agosto de 2026 - Edición Nº654

Nacionales | 20 ago 2026

y claro...

Estrategia de repliegue: Villarruel y la reconstrucción de su núcleo político originario

09:49 |En 2023, la presencia de Victoria Villarruel en la fórmula de La Libertad Avanza no fue un detalle ornamental. Fue una decisión estratégica que conectó a Javier Milei con un electorado históricamente desconfiado del sistema político tradicional: la familia militar, los retirados, los veteranos y sus entornos familiares. Ese voto, estimado en más de un millón de personas entre efectivos en actividad, pasivos y fuerzas de seguridad, pesó. Villarruel, hija de un combatiente de Malvinas y figura asociada durante años a la reivindicación de las víctimas del terrorismo de los años 70, aportó el anclaje simbólico y emocional que el liberalismo económico puro no tenía. El resultado se vio en las urnas.


Hoy, casi tres años después, ese capital está en disputa. El gobierno de Milei ha desplegado una intensa épica militar: gestos con los granaderos, anuncio de F-16, Plan Bandera, renovación simbólica de las Fuerzas Armadas. Fuentes libertarias lo reconocen sin rodeos: se trata de un intento deliberado por capturar el voto que originalmente acompañó a la fórmula por Villarruel. La vicepresidenta, marginada de las áreas de Defensa y Seguridad desde el primer día y convertida en una figura cada vez más distante del núcleo de poder, no se ha quedado de brazos cruzados.Villarruel ha salido a marcar territorio. Lo hace de dos maneras.

La primera es directa y de gestión: no deja pasar una oportunidad para señalar la crisis de la obra social militar (IOSFA) y el deterioro salarial de los uniformados. Sus críticas al exministro de Defensa Luis Petri por una gestión que calificó de “espantosa y fraudulenta” no son un simple cruce personal. Son un mensaje claro al mundo castrense: yo estoy del lado de ustedes cuando el gobierno no lo está. “Estoy completamente al tanto de los sueldos que cobran nuestros militares y policías. Lamentablemente no me permiten ninguna injerencia”, escribió en julio. El mensaje es transparente: el compromiso de campaña en materia de Defensa y Seguridad quedó trunco, y ella lo reclama.La segunda vía es simbólica y constante. En cada aniversario relevante —Día del Ejército, Día de la Fuerza Aérea, 2 de abril, 17 de agosto— Villarruel publica mensajes que refuerzan su identidad histórica con las Fuerzas Armadas. Habla de San Martín como “militar de raza”, recuerda el profesionalismo argentino en Malvinas y reivindica el sacrificio de quienes enfrentaron a la guerrilla en los 70. No es nostalgia. Es la construcción deliberada de una marca propia frente a un oficialismo que intenta apropiarse de la misma bandera.El contexto político refuerza esta lectura.

La interna con el entorno de Milei —Karina Milei, Santiago Caputo, Patricia Bullrich y ahora figuras como Diego Santilli— se ha vuelto pública y sin filtros. Villarruel ya no forma parte del gobierno en los hechos y lo admite. Mientras tanto, mantiene alrededor suyo una red de militares retirados, especialmente de inteligencia, y proyecta un espacio propio de cara a 2027. En los cuarteles y entre los retirados, según fuentes cercanas, el diagnóstico es claro: el voto castrense no es automáticamente de Milei. Fue, en gran medida, de Villarruel. Y ella está trabajando para que vuelva a serlo.No se trata solo de un cálculo electoral. Para Villarruel, el vínculo con el mundo militar es identitario. Fue el puente que la catapultó a la vicepresidencia y sigue siendo el núcleo duro de su capital político.

Mientras el gobierno intenta diluir esa herencia con gestos de militarización, ella responde con críticas concretas a la gestión de Defensa y con una presencia simbólica ininterrumpida. El voto militar que la llevó al poder no se regaló. Y, a juzgar por sus movimientos, Villarruel no está dispuesta a dejar que se lo arrebaten.

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