Esta asimetría narrativa sirvió como vehículo para la mayor estafa social de las últimas décadas: la aceptación voluntaria de un programa de desmantelamiento. La ciudadanía no fue engañada en las promesas —puesto que el ajuste fue anunciado de manera explícita—, sino en la promesa de quién pagaría el costo. La retórica oficial dirigió el resentimiento hacia la política institucional previa, pero la guillotina cayó directamente sobre la estructura productiva, la clase trabajadora y la red de contención social.

El programa liberal no aplica un plan de estabilización, sino una reconfiguración estructural que degrada sistemáticamente las condiciones de vida de la sociedad:
Transferencia regresiva del ingreso y depresión salarial: La combinación de desregulación de precios esenciales (alimentos, tarifas, medicamentos) y la imposición de techos o parálisis a la negociación colectiva ha generado un desplome violento del salario real. La fuerza de trabajo no cotiza como un factor de desarrollo humano, sino como un costo a minimizar para garantizar rentas extraordinarias al sector financiero y extractivo.
Destrucción del entramado PYME e industrial: La apertura comercial indiscriminada, combinada con la asfixia del mercado interno mediante el ahogamiento del consumo masivo y el incremento desproporcionado de las tarifas energéticas, ha colocado a miles de PYMEs en la inviabilidad operativa. Se destruye el tejido que genera más del 70 % del empleo nacional para consolidar un modelo primarizado de enclave, sin valor agregado ni soberanía tecnológica.
El colapso de la salud y la protección social: El caso IOSFA: La retirada punitiva del Estado se evidencia en el vaciamiento de prestaciones esenciales. La Obra Social de las Fuerzas Armadas y de Seguridad (IOSFA) constituye un síntoma claro de esta lógica: recortes presupuestarios, interrupción de servicios de alta complejidad y desabastecimiento de insumos dejan desprotegidas a miles de familias de aportantes directos. La salud deja de ser un derecho garantizado para transformarse en un privilegio supeditado a la capacidad de pago individual.
Institucionalización de la indigencia: La ruptura de las redes públicas de asistencia no ha generado la "liberación" de la iniciativa individual, sino la rápida aceleración de la pobreza estructural. Familias pertenecientes a capas medias históricas caen diariamente en la vulnerabilidad, desprovistas de herramientas institucionales para amortiguar el impacto del costo de vida.
El núcleo conceptual de esta trampa ideológica radica en la construcción de una doble vara sistemática:
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| Narrativa del odio unidireccional | Mecanismo de impunidad corporativa|
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| • El gasto público social es "robo"| • La fuga de capitales es "libertad|
| o corrupción insostenible. | financiera". |
| • Los salarios dignos son un | • La cartelización de precios es |
| "espejismo" que generó inflación.| "oferta y demanda natural". |
| • La paritaria es una traba al | • El beneficio extraordinario es |
| crecimiento económico. | premio al mérito empresarial. |
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Se criminaliza de forma permanente la gobernabilidad de los proyectos que garantizaron soberanía alimentaria, desendeudamiento y capacidad de ahorro para las familias trabajadoras durante décadas, tildando ese período de "fiesta irresponsable". Por el contrario, se absuelve de toda responsabilidad a los verdaderos gestores de las crisis recurrentes: los formadores de precios que especulan con la mesa de los argentinos, los grupos financieros que promueven el endeudamiento externo y la fuga sistemática, y los conglomerados multimediáticos que validan el saqueo como la única vía hacia el progreso.
Sostener que no había alternativa al empobrecimiento masivo es el último triunfo ideológico del capital concentrado. Se ataca la memoria reciente para hacernos olvidar que existió un país donde un trabajador promedio podía comer dignamente, tener vacaciones, acceder a medicamentos y proyectar la movilidad social ascendente de sus hijos.
El odio encauzado hacia el Estado y hacia los sectores populares no busca corregir desviaciones del pasado; busca inhabilitar cualquier intento futuro de distribución justa del ingreso. Desarmar la estafa exige desarticular el sesgo de la indignación, identificar la especulación financiera como la verdadera causa de la decadencia y reclamar la restitución del derecho humano fundamental a una vida con dignidad material y soberanía económica.