Las expresiones del brigadier general generaron una inmediata reacción en el Gobierno y el Congreso chileno:
Respuesta de la Cancillería y llamado al orden: Desde el Ministerio de Relaciones Exteriores chileno remarcaron que el dominio del país sobre el paso estratégico es incuestionable. «El Estrecho de Magallanes es indiscutiblemente chileno», enfatizaron las autoridades trasandinas, recordando que la soberanía de esa zona está amparada de forma clara por el Tratado de Límites de 1881 y el Tratado de Paz y Amistad de 1984.
Rechazo en el Ejecutivo: El ministro del Interior de Chile, Claudio Alvarado, sostuvo que no hay nada que discutir en cuanto a los límites territoriales. Diversos legisladores tildaron las afirmaciones de improcedentes e instaron al Ejecutivo a enviar una formal nota de protesta para evitar cualquier ambigüedad en el derecho internacional.
Nota de reclamo diplomático: Ante el revuelo, el gobierno de Chile confirmó la preparación de un reclamo formal frente al Palacio San Martín, marcando el firme malestar trasandino frente a cualquier discurso que suponga relativizar la delimitación austral fijada por los tratados bilaterales.