
El foco del conflicto se encendió con las declaraciones del comandante de la Fuerza Aérea, brigadier mayor Fernando Luis Valverde. No obstante, lo verdaderamente insólito y bochornoso vino después: la gestión directa realizada por el propio Ministro de Defensa, Carlos Presti, al comunicarse con las autoridades del país transandino.
De acuerdo al comunicado oficial emitido por Chile tras traslucirse el contacto de Presti, la versión ofrecida pretendió bajar el tono reduciendo todo a un "malentendido", dejando entrever que las expresiones de Valverde se debieron a una "confusión y una desprolijidad".
El descrédito a la cadena de mando
Esta forma de encarar el conflicto por parte del Ministerio de Defensa despierta severas críticas en varios frentes:
Desautorización pública del Jefe de la Fuerza Aérea: Para tratar de salvar el impasse en el plano diplomático, el propio ministro Presti decidió descalificar de manera implícita —y casi humillante— a la máxima autoridad de la Fuerza Aérea. Tratado virtualmente de "confuso y desprolijo", Valverde quedó expuesto ante la opinión pública y ante sus propios subordinados. ¿Qué autoridad retiene un jefe de fuerza cuando el propio Ministro de Defensa lo pinta como un improvisado ante un gobierno extranjero?
Vulneración de los canales diplomáticos: Que el Ministro de Defensa asuma de forma directa una comunicación de esta naturaleza para "explicar" o disculparse por temas de soberanía y geopolítica sensible borra la línea divisoria entre la diplomacia de Estado (que corresponde formalmente a la Cancillería) y la conducción política de la cartera militar. Esta diplomacia informal transmite debilidad e impredecibilidad institucional.
Imagen internacional de improvisación: Pretender resolver una fricción geopolítica en una zona estratégica mundial como el Estrecho de Magallanes argumentando "confusión" deja muy mal parada la capacidad técnica y la seriedad del país. En soberanía no hay espacio para la "desprolijidad"; la ligereza con la que se justificó el hecho erosiona la confianza estratégica a nivel regional.
Quiebre de la cohesión interna: El episodio deja al descubierto cortocircuitos severos entre la conducción civil/militar de la cartera defensiva y los jefes de armas. La maniobra del ministro Presti para desligarse del problema entregando la cabeza de un alto mando solo genera desconfianza en las fuerzas y evidencia la ausencia de una vocería unificada e intachable.

El manejo de este episodio no fue solo una falla de comunicación: fue un papelón institucional. En lugar de responder con firmeza, doctrina clara o una rectificación diplomática profesional vía Cancillería, la conducción de Carlos Presti optó por el camino del parche informal y la descalificación interna. Tratar al jefe de una de las fuerzas armadas como un subordinado desprolijo ante los ojos de otra nación no arregló el problema geopolítico; solo sumó una mancha más a la conducción de la defensa nacional.