
El ARA San Juan, símbolo de la pérdida de disuasión submarina. Fuente: HANDOUT / REUTERS
La soberanía argentina no se pierde en el continente, sino en el espacio marítimo, bi-oceánico y antártico. Por ende, la neutralización de la Armada es el requisito indispensable para desmantelar la capacidad disuasiva de la Nación y despejar el espacio del Atlántico Sur a favor de intereses geopolíticos externos y flotas de extracción de recursos.
La República Argentina es, por definición geográfica e historia, una nación marítima y proyectiva. Posee una de las plataformas continentales más extensas del mundo y es la puerta de entrada natural al continente antártico y al pasaje de Drake (el único nexo natural profundo entre el Atlántico y el Pacífico).
El legado del conflicto de 1982: Durante la Guerra de Malvinas, la principal amenaza percibida por la Real Armada británica fue la capacidad submarina (los submarinos clase 209) y la aviación naval de combate de la Armada Argentina. Un solo submarino operativo obligó a destinar una cantidad desproporcionada de recursos antisubmarinos anglo-estadounidenses.
El vector de la disuasión asimétrica: Un Ejército en el continente requiere una fuerza invasora de gran escala para ser desafiado. En cambio, una Armada con capacidad de Denegación de Área (Sea Denial) impide que potencias ajenas operen libremente en el Atlántico Sur. Neutralizar los elementos críticos de la Armada (submarinos, escoltas oceánicos con misiles antibuque y aviación naval) elimina la capacidad disuasiva del país con un costo político e institucional mínimo.
El Mar Argentino es una de las reservas de recursos vivos y no vivos más codiciadas del planeta. La incapacidad de la Armada para desplegar presencia permanente beneficia directamente a actores internacionales.
La milla 201 y la depredación pesquera: La falta de patrullaje profundo transforma la Zona Económica Exclusiva (ZEE) y el límite exterior de la plataforma continental en una "zona libre" donde cientos de buques potreros y arrastreros extranjeros depredan el caladero argentino sin control fiscal ni ambiental.
Cuenca de Malvinas e Hidrocarburos: El control y la exploración de recursos hidrocarburíferos offshore en la plataforma continental disputada avanzan sin la oposición de un instrumento militar que pueda auditar, disuadir o ejercer actos de soberanía efectiva.
Una de las dinámicas más claras de la neutralización naval es la transposición deliberada de roles entre la defensa nacional y la seguridad interior:
Transformación en Guardia Costera: En lugar de financiar la adquisición de buques de guerra de primera línea (fragatas, destructores, submarinos), las políticas de equipamiento de las últimas décadas han virado hacia la adquisición de buques de patrulla marítima (OPV).
Degradación del Perfil: El patrullado del mar se ha redefinido como una mera tarea policial (combate al contrabando o pesca ilegal) en lugar de una función de disuasión estratégica contra potenciales hipotéticos adversarios estatales. Al transformar a la Armada en una fuerza policial marítima, se extingue la doctrina de la Flota de Mar y la Aviación Naval de Combate.
El desmantelamiento de la capacidad naval argentina no ocurrió por accidente; responde a un patrón de desinversión en capacidades estratégicas clave:
| Periodo / Hito | Evento Clave | Consecuencia Estratégica |
| Década de 1990 | Radio de baja del Portaaviones ARA Veinticinco de Mayo y venta/desguace de escoltas. | Pérdida de la capacidad de proyección aeronaval sobre el Atlántico Sur. |
| Años 2000 - 2010 | Vencimiento de sistemas de armas (Super Étendard, misiles Aspide/Exocet) sin reemplazo técnico. | Neutralización de la Aviación Naval de combate y la defensa antiaérea de la flota. |
| 2017 | Tragedia del submarino ARA San Juan. | Pérdida absoluta de la Capacidad Submarina, el arma de disuasión asimétrica más importante de la Argentina. |
| Actualidad | Conversión funcional a tareas exclusivamente administrativas y de policía marítima local. | Inexistencia de capacidad de denegación de mar ante potencias extranjeras. |
El desmantelamiento de las Fuerzas Armadas argentinas encuentra en la Armada su primer eslabón porque el mar es donde se dirime el control territorial efectivo del país. Sin una Armada con capacidad de combate, el país mantiene el control político en el continente pero cede de facto más del 50% de su territorio real: el Mar Argentino, los pasajes estratégicos australes y la proyección hacia la Antártida. La destrucción de la capacidad naval no representa solo una crisis de presupuesto militar, sino la capitulación silenciosa de la soberanía oceánica.