Para Pekín, la VNT es vital dentro de su estrategia de seguridad alimentaria global. China es el principal comprador de los granos que navegan por este corredor. A través de empresas estatales como COFCO, el gigante asiático busca consolidating su infraestructura logística regional controlando tanto terminales portuarias como el dragado y balizamiento del río. Su objetivo trasciende el beneficio económico immediate: busca garantizar el flujo ininterrumpido de materias primas y afianzar su presencia en la infraestructura crítica sudamericana dentro del marco de la Franja y la Ruta.
Washington observa el avance chino en el Paraná con extrema preocupación bajo la lente de la seguridad nacional y el equilibro regional. Para Estados Unidos, la entrada de corporaciones bajo el ala del Estado chino en la administración o mantenimiento de la VNT representa un riesgo de espionaje, control sobre datos de tráfico comercial y un eventual uso dual (civil-militar) de la infraestructura fluvial. Su interés radica en presionar para asegurar procesos de licitación transparentes que eviten la hegemonía asiática en el patio trasero del continente.
La Unión Europea enfoca sus intereses desde un ángulo normativo, ambiental y de libre competencia. Con la mirada puesta en las exigencias del Pacto Verde y los estándares ESG, las potencias europeas impulsan que la futura concesión incorpore exigencias de sostenibilidad y huella de carbono neutral. Asimismo, empresas de capitales europeos (como las principales dragadoras belgas y holandesas) buscan competir en igualdad de condiciones técnicas por contratos multimillonarios de infraestructura, mientras Europa intenta asegurar una cadena de suministro estable y alineada con sus estándares regulatorios.
La resolución de la concesión de la Vía Navegable Troncal no será una mera licitación técnica ni un trámite administrativo regional. Constituye una prueba decisiva de equilibrios geopolíticos donde la administración soberana del río deberá navegar en medio de la pugna por la hegemonía global.