Milei no es judío. El peligro de confundir una parte con el todo
— Radio Jai (@fmjai) August 31, 2026
La civilización judía es, por definición, plural y discutidora. Reducirla a una faceta, como hace el presidente Milei, traiciona 4.000 años de debate y confunde a una sociedad que merece conocer la totalidad.
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Tesis principal Milei no es judío ni representa al judaísmo rabínico tradicional. Su acercamiento se basa en una apropiación de una vertiente específica y minoritaria (el mesianismo de Jabad-Lubavitch) y en la instrumentalización de textos sagrados para legitimación política, lo cual distorsiona la naturaleza plural de la civilización judía.
Ejes centrales del análisis
La diversidad del judaísmo frente al monolito: Apoyándose en fuentes bíblicas, talmúdicas y filosóficas (Maimónides, Spinoza, Buber), el texto señala que el judaísmo se define por el debate constante ("dos judíos, tres opiniones") y la coexistencia de posturas. Convertir al judaísmo en una doctrina única o en una batalla cultural traiciona su esencia dialectal.
Mesianismo político e idolatría del poder: El artículo advierte sobre el peligro de adscribirse a mesianismos personalistas, citando las advertencias históricas de Maimónides y Gershom Scholem sobre la deriva del misticismo hacia el "nihilismo mesiánico". Retoma a Yeshayahu Leibowitz para calificar el mesianismo político como una forma de idolatría.
Desconexión con la ética rabínica: Steuermann contrapone el discurso de Milei —basado en la fuerza, las "fuerzas del cielo" y la aniquilación del enemigo— con los tres pilares del judaísmo normativo (Torá, servicio y actos de bondad/compasión). Destaca que no hay Torá sin justicia social ni sin empatía por el otro ("Amarás a tu prójimo como a ti mismo").
Diferencia entre conversión e inspiración: Se aclara que estudiar la Torá o empatizar con el texto bíblico no convierte a nadie en judío ni faculta para representar a la comunidad. La Torá no busca evangelizar y ofrece el marco de las siete leyes de Nóaj para los no judíos.
Diferenciación final El texto reconoce y agradece expresamente el apoyo explícito del presidente al Estado de Israel y la sinceridad de su búsqueda personal. Sin embargo, traza un límite tajante: valorar ese respaldo geopolítico no implica aceptar que la Casa Rosada represente al judaísmo.