La infraestructura de defensa del Reino Unido depende sustancialmente del apoyo tecnológico y logístico estadounidense:
Disuasión nuclear (Programa Trident): Los misiles balísticos Trident II D5 que constituyen el único sistema de disuasión nuclear del Reino Unido son alquilados a EE. UU. y requieren mantenimiento y actualizaciones periódicas en bases estadounidenses (como Kings Bay, Georgia). Un corte o condicionamiento en la cooperación del programa nuclear afectaría directamente la defensa estratégica británica.
Inteligencia (Red Five Eyes): Washington aporta la gran mayoría de la capacidad de recolección de inteligencia global. La restricción o suspensión del intercambio de datos de inteligencia clave reduciría drásticamente la capacidad operativa militar y de seguridad de Londres.
Presión dentro de la OTAN: EE. UU. puede utilizar las exigencias de gasto en defensa dentro de la OTAN o amenazar con retirar garantías de seguridad en áreas estratégicas del interés británico a cambio de concesiones diplomáticas en el Atlántico Sur.
Cambio en el respaldo internacional: Oficialmente, EE. UU. ha mantenido históricamente una postura de neutralidad mientras reconoce la administración británica de facto. Un cambio formal en la postura de la Casa Blanca para apoyar explícitamente el reclamo de soberanía argentino o exigir un proceso de descolonización bajo el paraguas de las Naciones Unidas aislaría por completo al Reino Unido en el escenario internacional.
Uso del veto y resoluciones en la ONU: Si EE. UU. decidiera apoyar o no vetar resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU que insten a Gran Bretaña a negociar sobre las islas, pondría a Londres bajo una presión legal y multilateral sin precedentes.
Acuerdos de Comercio Bilateral: Tras el Brexit, el Reino Unido ha buscado insistentemente consolidar un Tratado de Libre Comercio (TLC) de gran escala con EE. UU. Washington puede congelar, supeditar o condicionar cualquier negociación comercial bilateral a que el gobierno británico acepte sentarse a la mesa de negociación con la Argentina.
Sanciones indirectas o aranceles: El uso de aranceles punitivos o restricciones impositivas comerciales contra sectores clave de la economía británica actuaría como un incentivo económico directo para destrabar el conflicto.
El Reino Unido mantiene la presencia de la base de la RAF en Mount Pleasant (Malvinas) bajo costos financieros muy elevados.
Si Estados Unidos rehusara dar apoyo logístico, reabastecimiento o acceso a satélites militares en la región para despliegues británicos, sostener la logística de las islas a más de 12.000 kilómetros de Londres se volvería desproporcionadamente costoso e insostenible en el largo plazo para el presupuesto de defensa británico.
Aunque estos mecanismos existen y son reales, en la práctica geopolítica su aplicación masiva exigiría un cambio radical e inédito en la política exterior estadounidense. La reticencia histórica de EE. UU. a usarlos responde al principio de autodeterminación que reclaman los habitantes de las islas (kelpers) y al valor estratégico de mantener al Reino Unido como su principal aliado en la OTAN.