Por: Por la Redacción de Red Castrense
Pronto se prohibió cualquier norma colectiva. Los peces más grandes y con tenazas más fuertes acapararon las zonas limpias y los bancos de algas, cobrando peajes desmedidos a los más pequeños por transitar o alimentarse. Cuando un pez joven, aplastado por las condiciones del mercado, sugirió organizar una red de ayuda mutua o un refugio común, los cangrejos teóricos lo acusaron de atentar contra el orden natural y violar la propiedad privada de los acaparadores.
La competencia feroz redujo el estanque a un entorno hostil donde el más débil perecía sin remedio. Los teóricos celebraban cada crisis como un "ajuste sano del mercado", mientras la mayoría de la población vivía sometida no por un Estado, sino por el poder absoluto de quien controlaba el agua y la comida. El estanque no se convirtió en un paraíso de libertad individual, sino en una jungla privada donde la libertad solo pertenecía a quien podía pagarla.
Moraleja: La libertad sin responsabilidad social ni contrapesos no genera prosperidad universal, sino la tiranía de los más fuertes. Pretender que el mercado sin reglas resuelve la convivencia humana es ignorar que, cuando se desmantela todo sentido de comunidad y protección mutua, la supuesta "libertad absoluta" se convierte en la servidumbre de los vulnerables ante el poder desmedido del privado.