Por: Por la Redacción de Red Castrense
Un barco que navega en aguas tempestuosas no se sostiene por el color de la bandera que pisa su cubierta, sino por la entereza de su madera y el vigor de su tripulación. Cuando quien custodia el timón prioriza la obediencia servil al puerto de turno por encima de la salud y el sustento justo de sus marineros, no lidera una fuerza de defensa: administra una comparsa vacía. La verdadera fortaleza militar no reside en discursos ni en uniformes prestados para el espectáculo político, sino en la dignidad de quienes sirven, en la certeza de sus haberes y en la firmeza de decisiones que no se postergan por conveniencia.
Moraleja: El ministro que convierte a las Fuerzas Armadas en una sucursal del poder temporal, postergando la salud y la equidad de sus tropas por falta de coraje y ejecución, olvida que las instituciones no se aplauden: se sostienen. Quien descuida a sus soldados para agradar a su jefe de turno termina gobernando un ejército de papel, inútil para la patria e indefenso ante la historia.