La vicepresidenta optó por responder con una jugada puramente digital.
En sus plataformas oficiales, se mostró luciendo un poncho tradicional y sombrero, posando de manera relajada y con una sonrisa franca mientras sostiene al animal en brazos, sin agregar más contexto que su propia carcajada.
La publicación desató una ola inmediata de memes, comentarios y debates acalorados. Mientras diversos analistas observan en la foto una muestra de cintura mediática para desarmar la controversia mediante la ironía y el humor, otros sectores criticaron la falta de respuestas concretas sobre el uso de recursos y el destino real de los animales dentro del predio oficial.
Entre la curiosidad pública y la picardía del poder, el enigma permanece abierto. Lo único certero es que, mientras el país intenta descifrar qué ocurre realmente en Olivos semana a semana, la respuesta llegó cargada de folclore y una sonrisa en primer plano.