Por: Por la Redacción de Red Castrense
¿De qué Argentina grande se habla cuando las Fuerzas Armadas son empujadas a la irrelevancia operativa y a la indigencia salarial? ¿Para quién es esa supuesta grandeza cuando el patrimonio nacional se lotea al mejor postor?
Hablar de grandeza patria mientras se facilita la extranjerización de tierras fronterizas y productivas es, como mínimo, una contradicción insostenible. La flexibilización de los marcos regulatorios para que capitales extranjeros se apropien de recursos estratégicos pone en jaque la seguridad nacional.
A esto se le suma el peso asfixiante de la visita y tutela del FMI, un monitoreo constante que prioriza la timba financiera y el déficit cero a cualquier costo, licuando la capacidad del Estado para decidir sobre su propio territorio. En este combo de entrega, Vaca Muerta —el gran motor energético del futuro— asoma no como una plataforma de desarrollo soberano, sino como una caja de resonancia para satisfacer acreedores externos, bajo la atónita y cómplice mirada de una conducción de Defensa que parece más ocupada en los recortes que en la defensa de los recursos.
Mientras desde los despachos oficiales se proclaman gestas épicas, puertas adentro de los cuarteles la realidad es dramática:
Sueldos de miseria: El personal militar percibe haberes que rozan o caen directamente por debajo de la línea de pobreza. Las escalas salariales son un insulto a la profesionalización y al riesgo propio de la carrera de las armas.
Retirados y pensionados angustiados: Quienes entregaron décadas de su vida al servicio de la Patria hoy enfrentan una situación desesperante, con haberes licuados por la inflación y sin respuestas institucionales.
Docentes militares pauperizados: Los institutos de formación castrense pagan sueldos indignos a sus profesores y catedráticos, vaciando de contenido y calidad la formación de las futuras generaciones.
OSFA al borde del nocaut: La Obra Social de las Fuerzas Armadas (OSFA) transita una crisis fenomenal, prácticamente en cesación de pagos, dejando a miles de afiliados y sus familias sin cobertura médica real, sin medicamentos y peregrinando por prestaciones que nunca llegan.
La "grandeza" declamada choca brutalmente contra el estado del material bélico. Las compras obsoletas o anuncios rimbombantes que no se traducen en capacidades reales contrastan con la realidad cotidiana de las unidades:
Pilotos que no llegan a fin de mes y que, debido al brutal ajuste en presupuesto de combustible y horas de vuelo, ven drásticamente recortada su capacitación, perdiendo aptitudes profesionales elementales.
Unidades logísticas diezmadas, flotas navales con problemas crónicos de mantenimiento y un personal militar en baja constante por deserción voluntaria, dado que los jóvenes eligen abandonar la fuerza ante la imposibilidad de sostener a sus familias.
Y la muestra más cabal de la claudicación geopolítica actual ocurrió frente a nuestras propias costas: un barco de guerra británico pululando impunemente por el Mar Argentino usurpado, mientras el Ministerio de Defensa y la conducción política se hacen los desentendidos, priorizando el silencio cómplice antes que la protesta diplomática o el despliegue disuasorio.
La Argentina grande no se construye vaciando de contenido la soberanía, arrodillándose ante los organismos internacionales, rifando la tierra y condenando a la indigencia a quienes portan el uniforme de la Patria.
La frase final del funcionario de Defensa no es más que un espejo distorsionado: una mueca cínica frente a una institución militar desfinanciada, humillada y maniatada. Si la grandeza de la que hablan implica entregar el mar, regalar los recursos, fundir la obra social y dejar a los soldados, suboficiales, oficiales y docentes bajo la línea de pobreza, entonces esa "Argentina grande" solo existe para los buitres de afuera y los cipayos de adentro.