La tardecita del sábado en la @ExpoPrado fue de degustación de Gin de las Islas Falkland. 🇫🇰🍸
— Falklands de Cerca (@Falklands_cerca) September 12, 2026
Producido de forma artesanal y con plantas autóctonas, está inspirado en el viaje que realizó Charles Darwin por la zona.
En el video te contamos más, y nuestros visitantes te cuentan… pic.twitter.com/ihJOj1q0K3
Año tras año, la Expo Prado de Montevideo deja de ser solo una feria agroindustrial para convertirse en una escena de diplomacia cínica. Bajo la complacencia del Gobierno uruguayo, el pabellón del Reino Unido instala impunemente un stand dedicado a las Islas Malvinas bajo la denominación ilegítima de "Falkland Islands". Lo que en el papel se presenta como un "intercambio comercial y turístico", en la práctica constituye una abierta validación de la ocupación colonial de un territorio usurpado a la Argentina.
Esta postura del Gobierno de Uruguay representa una afrenta directa a los lazos históricos que unen a ambas naciones. Resulta una contradicción ética y política inaceptable: mientras Argentina abre sus puertas de par en par a miles de ciudadanos uruguayos que cruzan el río para radicarse, trabajar, estudiar y gozar de los mismos derechos que cualquier nativo, las autoridades en Montevideo eligen darle la espalda a la solidaridad regional a cambio de unos pocos dividendos comerciales con Gran Bretaña. Aceptar en el predio ferial del Prado a una delegación usurpadora no es un acto neutral ni un mero formalismo privado; es una muestra de subordinación a los intereses británicos que hiere de gravedad el mandato integrador del Cono Sur.
Pero el escándalo no termina en la orilla oriental del Río de la Plata. De este lado del río, la indignación muta en bronca ante el abrumador silencio de la Cancillería argentina. ¿Dónde está el Palacio San Martín? ¿Dónde están los comunicados enérgicos, el llamado a consulta del embajador o la protesta formal inmediata que exige el mandato constitucional?
El ausentismo del Gobierno argentino transforma el atropello inglés en una doble humillación. A través de este letargo diplomático, el Palacio San Martín no solo demuestra una incapacidad alarmante para defender la soberanía nacional, sino que avala por omisión que los vecinos del Mercosur operen como plataformas de blanqueo para la presencia colonial militar y comercial británica en el Atlántico Sur.
Las Malvinas no son un eslogan de campaña ni un asunto negociable según la coyuntura del mercado. La paciencia de la sociedad argentina ante las tibiezas diplomáticas se ha agotado. Es hora de exigir al Gobierno uruguayo que defina de qué lado de la historia quiere estar —si junto a los pueblos hermanos de la Patria Grande o agachando la cabeza frente a la corona británica— y a la Cancillería argentina que despierte de su siesta comatosa para defender la dignidad soberana que le fue encomendada.