Por: Por la Redacción de Red Castrense
Esta dinámica —definida por la volatilidad en los Mandos Supremos y la discontinuidad estratégica— ha impedido que los países latinoamericanos consoliden un bloque geopolítico y económico cohesivo, capaz de negociar con peso propio en el tablero global.
A diferencia del modelo de integración europeo, cimentado en instituciones supranacionales independientes del ciclo político de sus Estados miembros, el regionalismo latinoamericano ha sido históricamente de carácter intergubernamental y profundamente presidencialista. La cooperación regional en la zona no suele ser impulsada por burocracias técnicas permanentes, sino por la diplomacia directa entre Jefes de Estado.
Cuando las alianzas descansan sobre la sintonía personal o ideológica de los mandatarios de turno, la política exterior deja de ser una política de Estado para convertirse en una política de gobierno. En este esquema, el cambio de inquilino en los palacios presidenciales destruye la continuidad de proyectos prioritarios como infraestructura transcontinental, redes energéticas compartidas y marcos regulatorios comunes.
CICLO DE DISCONTINUIDAD ESTRATÉGICA REGIONAL
[ Asunción de Nuevo Gobierno ]
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[ Reemplazo/Parálisis de Bloques Previos ]
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[ Creación de Nuevos Mecanismos Ideologizados ]
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[ Alternancia Política / Elecciones ]
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[ Desmantelamiento y Retorno al Inicio ]
El siglo XXI ha ofrecido ejemplos contundentes de este "efecto péndulo":
La marea rosa y la era UNASUR: Con el auge de los gobiernos progresistas en los años 2000, la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) nació como un ambicioso proyecto de concertación política y defensa compartida. Sin embargo, su excesiva dependencia de la coincidencia ideológica de sus fundadores la volvió vulnerable.
El giro conservador y la irrupción de PROSUR: A partir de 2015, la llegada de administraciones de centro-derecha desencadenó una estampida de retiros. Varios países abandonaron la UNASUR para fundar el Foro para el Progreso de América del Sur (PROSUR), una estructura que tampoco logró sobrevivir a la siguiente oleada de alternancia electoral.
El parálisis de MERCOSUR y CELAC: Inmune solo a medias, el MERCOSUR ha atravesado etapas recurrentes de parálisis operativa debido a las fricciones directas entre las presidencias de sus socios principales (Brasil y Argentina), postergando durante décadas acuerdos clave con otros bloques comerciales como la Unión Europea.
Esta inestabilidad en las cúpulas de poder genera costos reales que impactan directamente en el desarrollo de los ciudadanos latinoamericanos:
Pérdida de Capacidad de Negociación Global: En un mundo multipolar caracterizado por la competencia entre grandes potencias (Estados Unidos, China y la Unión Europea), la fragmentación regional condena a las naciones latinoamericanas a negociar de forma aislada e impone asimetrías desventajosas.
Infraestructura e Integración Física Paralizada: Iniciativas como el Corredor Bioceánico y proyectos de conectividad energética requieren inversiones sostenidas durante décadas. La falta de garantías jurídicas y la cancelación de compromisos a mitad de camino ahuyentan el financiamiento de largo plazo.
Incapacidad para Enfrentar Crisis Transnacionales: La falta de mecanismos de coordinación estables debilita la respuesta regional ante desafíos compartidos, como el crimen organizado transnacional, las corrientes migratorias o las emergencias climáticas y sanitarias.
Superar el bucle de la discontinuidad exige que los Mandos Supremos de la región entiendan la integración no como una vitrina de figuración ideológica, sino como un vector pragmático de competitividad económica y seguridad regional.
Para lograr una integración resiliente frente a los vaivenes electorales, América Latina debe avanzar hacia:
Fortalecimiento de la burocracia técnica: Dotar a las secretarías de los bloques de mayor autonomía operativa frente a las decisiones coyunturales de las cancillerías.
Cláusulas de continuidad institucional: Firmar acuerdos ratificados por los poderes legislativos con rango de ley nacional para evitar salidas intempestivas por decreto presidencial.
Agendas basadas en bienes públicos regionales: Enfocar la cooperación en metas concretas (infraestructura, energía, facilitación del comercio y seguridad) donde existan incentivos de pragmatismo compartidos, independientemente del signo político del gobierno en turno.
Altmann Borbón, J. (2019). El regionalismo en América Latina: de la integración a la fragmentación. Revista de Estudios Internacionales, FLACSO.
Malamud, A. & Gardini, G. L. (2012). Has Regionalism Peaked? The Latin American Experience. Journal of Common Market Studies.
Nolte, D. (2021). El reordenamiento del espacio regional sudamericano: ¿del regionalismo a la fragmentación?. Fundación Carolina, Documento de Trabajo.
Sanahuja, J. A. (2019). La crisis del regionalismo y del multilateralismo en América Latina: divergencia ideológica y fragmentación política. Anuario CEIPAZ.
Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). (2023). La ineficiencia de la desconexión: Costos económicos de la falta de integración en América Latina y el Caribe. Santiago de Chile: Naciones Unidas.