El punto máximo de este conflicto estalló en la red social X. La controversia se inició luego de que el Presidente republicara una extensa acusación realizada por la diputada oficialista Lilia Lemoine. En dicha publicación, Lemoine señalaba a la titular del Senado y a la diputada Marcela Pagano de mantener supuestos acuerdos subterráneos con sectores del peronismo y de haber intentado desestabilizar la gestión presidencial desde 2023.
Ante el aval implícito del Presidente a estas acusaciones al retuitearlas, Villarruel respondió de forma pública y contundente:
«Me preocupa profundamente que el presidente de la Nación replique insensateces e inventos. Tengo genuina preocupación por su estado y por las persecuciones imaginarias que replica en Argentina y en el exterior.»
Las declaraciones de la Vicepresidenta rozan un terreno de alta sensibilidad institucional:
Desgaste de la investidura presidencial: Al cuestionar la idoneidad y el estado del jefe de Estado, se afecta directamente la percepción de gobernabilidad y la confianza en las instituciones del país.
Consecuencias legislativas y políticas: Como presidenta del Senado, el distanciamiento total de Villarruel con el Poder Ejecutivo obstaculiza la agenda legislativa y profundiza la división dentro del oficialismo.
El reclamo de mayor rigor y formalidad: Diversos sectores y analistas coinciden en que, en un sistema democrático, denunciar complots, "golpes institucionales" o comportamientos irregulares exige formalidad. Si existen evidencias sobre hechos que amenacen la estabilidad democrática o el correcto desempeño de las funciones públicas, la vía institucional adecuada no es el cruce dialéctico en redes sociales, sino la formalización de la denuncia ante la Justicia Federal o mediante una declaración pública e institucional con pruebas concretas.
La virulencia de los cruces generó que voceros y figuras del Gabinete, como el jefe de Gabinete Diego Santilli, salieran a exigirle públicamente a la Vicepresidenta que diera «un paso al costado» si no coincide con el rumbo ni con la figura del Presidente.
El escenario actual deja al Gobierno en una encrucijada inédita en la historia reciente, donde las diferencias entre el Presidente y la Vicepresidenta se resuelven en un canal mediático que añade incertidumbre política e institucional.