La iniciativa surge en medio de un clima de creciente preocupación de sectores nacionalistas y sociales respecto a las normativas y operaciones inmobiliarias que facilitan la adquisición de grandes extensiones de territorio argentino por parte de capitales, empresas o corporaciones internacionales.
Para los organizadores, la tierra no representa únicamente un activo económico o inmobiliario, sino un recurso estratégico indivisible de la soberanía nacional.
"La defensa del territorio y de nuestras fuentes de agua y energía es la condición básica para garantizar el futuro y la independencia de la Patria."
La marcha programada para el 6 de agosto busca visibilizar una serie de reclamos y advertencias dirigidas tanto a la clase política como a la sociedad en general:
Protección de zonas fronterizas y estratégicas: Denuncia del riesgo que supone la concentración de tierras de valor geopolítico o hídrico en manos extranjeras.
Defensa de los recursos naturales: Preservación del agua potable, la minería, los hidrocarburos y los suelos fértiles frente a intereses especulativos globales.
Revisión del marco legal: Exigencia de normativas estrictas que impidan la cesión irrestricta de la propiedad rural y promuevan el arraigo y la producción local.
Unidad patriótica: Llamado a la confluencia de diversos sectores sociales, veteranos, trabajadores y agrupaciones civiles en torno a la bandera común del patrimonio nacional.
La figura de Hugo Abete —quien formó parte de la historia militar reciente del país y ha mantenido una postura crítica sobre cuestiones geopolíticas y de defensa nacional— aporta un matiz de fuerte impronta nacionalista a la convocatoria. Junto a la agrupación Encuentro de Argentinos, buscan articular una voz colectiva que posicione la problemática de la soberanía sobre el suelo argentino en la agenda pública nacional.
La marcha del 6 de agosto se perfila como un espacio de manifestación para quienes sostienen que la integridad territorial es un pilar innegociable de la identidad y la independencia del país.