lunes 10 de agosto de 2026 - Edición Nº644

Editorial | 10 ago 2026

Erosión gradual

La erosión de las formas: La captura de la narrativa institucional en la era Milei

13:53 |Para que un proceso de erosión gradual de los contrapesos democráticos avance, no basta con medidas formales o decretos. Hace falta un sustrato más profundo: el desplazamiento del significado de las instituciones. Este fenómeno, conocido como "captura de la narrativa institucional", consiste en resignificar el rol de los órganos de control hasta convertirlos en enemigos del cambio o simples obstáculos burocráticos.


Por: Por la Redacción de Red Castrense

En el gobierno de Javier Milei, esta operación ha cobrado una intensidad particular, utilizándose como herramienta política central para sortear las resistencias propias de un sistema republicano de pesos y contrapesos.

1. La anatomía del mecanismo: El "frame" de la urgencia

La lógica detrás de esta narrativa es, en apariencia, sencilla, pero altamente efectiva. Se basa en una estructura de "urgencia innegociable" que opera en tres pasos:

  1. Diagnóstico radical: Se identifica un problema real y acuciante (inflación, pobreza estructural, corrupción, ineficiencia).

  2. Solucionismo absoluto: Se presenta una receta de cambio como la única vía posible y urgente.

  3. Criminalización del disenso: Cualquier actor que introduzca matices, tiempos de deliberación o condiciones legales es etiquetado no como una voz legítima, sino como un saboteador del bienestar popular.

Cuando este relato se instala con suficiente volumen mediático y polarización digital, la defensa de los mecanismos de control (la división de poderes) comienza a ser percibida por una parte de la ciudadanía no como la defensa de la democracia, sino como una defensa corporativa del "viejo orden".

2. Los tres pilares bajo asedio

La estrategia narrativa del gobierno libertario ha colocado a los pilares del Estado y al periodismo en un lugar de antagonismo con el "pueblo que votó el cambio".

  • El Poder Judicial: La justicia ha pasado de ser el guardián de la Constitución a ser un "obstáculo burocrático". Las cautelares o decisiones adversas que frenan decretos no son leídas como un ejercicio de control constitucional, sino como interferencias de una "justicia politizada" o "funcional al kirchnerismo". Esta narrativa logra que la percepción pública sobre el control de constitucionalidad se degrade, transformándolo en un trámite molesto.

  • El Congreso: Ante la falta de mayorías propias, el Parlamento ha sido objeto de una retórica deslegitimante. El uso intensivo de decretos (DNU) se justifica en la narrativa de un Legislativo que es un "nido de privilegiados". Aquí, la deliberación —esencia del parlamentarismo— es presentada como una "demora artificial" o un intento de proteger intereses corporativos.

  • El periodismo independiente: La función de control ciudadano se ha visto erosionada mediante etiquetas como "periodistas ensobrados", "operadores" o "enemigos del cambio". Al definir desde el Ejecutivo quién es "periodismo serio" y quién es "operador", el gobierno busca debilitar la capacidad de investigación y crítica, polarizando la opinión pública y creando un ecosistema donde la crítica se confunde con la "guerra mediática".

3. El riesgo: De la política a la enemistad existencial

Este proceso no es exclusivo del gobierno actual; se han observado variaciones en diversas latitudes y orientaciones políticas. Sin embargo, lo distintivo aquí es la coherencia con que se articula alrededor de una figura que se presenta como un outsider radical enfrentado a todo lo anterior.

El riesgo no es únicamente institucional, sino cultural: se debilita el hábito de distinguir entre desacuerdo político y enemistad existencial.

En la teoría política clásica, el adversario es un oponente dentro del mismo marco democrático, alguien con quien se compite pero con quien se puede convivir. Cuando el adversario se transforma en "enemigo del pueblo", el espacio para el compromiso, la negociación y la alternancia se reduce drásticamente. Se naturaliza la idea de que los contrapesos son, en realidad, parte del problema que debe ser removido. Una vez que esta idea se arraiga, las medidas que concentran poder encuentran mucha menos resistencia social.

4. Una precisión necesaria: El dilema democrático

Criticar la captura narrativa no implica negar los problemas reales que el gobierno intenta abordar. La inflación crónica, el déficit fiscal y la ineficiencia estatal son diagnósticos compartidos por gran parte de la sociedad. Tampoco implica una defensa acrítica de jueces, legisladores o medios cuyos historiales también son cuestionables.

El punto central es una cuestión de métodos y arquitectura democrática: ¿la respuesta a la crisis debe pasar por el debilitamiento de los controles mutuos?

Una democracia robusta no es aquella donde el Ejecutivo gana todas las batallas, sino aquella donde puede implementar su agenda dentro de reglas que limitan su poder, que obligan a argumentar, a ceder, a negociar y a rendir cuentas.

La vigilancia sobre este proceso no es, como sugiere el discurso oficial, una "defensa de la casta". Es la defensa de la posibilidad misma de que, en el futuro, otro gobierno —sea cual sea su signo político— también encuentre límites. Porque, como enseña la historia política contemporánea, las instituciones que se erosionan hoy rara vez se reconstruyen fácilmente mañana. La captura de la narrativa puede ser rápida; la reconstrucción de la democracia, es, inevitablemente, lenta.

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