sábado 15 de agosto de 2026 - Edición Nº649

Nacionales | 15 ago 2026

LA MUTACIÓN DEL CONTRATO SOCIAL

De PROTECTOR a VERDUGO: LA REVOLUCIÓN SILENCIOSA DEL ESTADO PARRICIDA

09:46 |El paso de un Estado paternalista a lo que puede conceptualizarse como un «Estado parricida» representa una de las mutaciones más profundas y alarmantes del contrato social contemporáneo. Mientras que el paternalismo clásico —con sus incuestionables sesgos de condescendencia y dependencia— asumía la responsabilidad de cuidar, proveer y proteger a la ciudadanía a cambio de obediencia, el fenómeno emergente del Estado parricida no solo abdica de esa tutela: destruye activamente a las generaciones y estructuras que lo cimentaron.


De la sobreprotección al abandono sistemático

El modelo paternalista, consolidado en las democracias del siglo XX a través del Estado de bienestar, partía de una premisa clara: el soberano actúa como un tutor benevolente (paterfamilias). Creó sistemas de pensiones, salud pública, educación universal y regulaciones laborales destinados a acompañar al individuo "desde la cuna hasta la tumba". A pesar de sus desviaciones burocráticas y el riesgo de generar dependencia, este modelo mantenía un compromiso ético básico: la preservación de la vida y el bienestar intergeneracional.

El Estado parricida, en cambio, rompe violentamente este pacto. El término parricidio —el acto de dar muerte a los propios progenitores o a las figuras de origen— funciona aquí como una analogía de la dinámica institucional contemporánea: el Estado devora o liquida las bases materiales, sociales y humanas que le dieron origen y legitimidad.

Las tres manifestaciones del Estado Parricida

1. El abandono de los adultos mayores y la quiebra del pacto intergeneracional

La manifestación más evidente del parricidio estatal se observa en el trato hacia la tercera edad. Quienes trabajaron durante décadas para construir la infraestructura material, fiscal e institucional del país son convertidos en una "carga presupuestaria".

  • Licuación de ingresos: Mediante reformas previsionales regresivas e inflación no compensada, las jubilaciones y pensiones pierden capacidad de compra hasta quedar reducidas a la indigencia.

  • Retiro de coberturas: La contracción de los sistemas públicos de salud y la falta de acceso a medicamentos esenciales reducen la expectativa y calidad de vida de los adultos mayores.

  • Consigna implícita: La lógica tecnocrática trata la longevidad no como un triunfo de la civilización, sino como un déficit de tesorería.

2. La destrucción del patrimonio y la memoria colectiva

El Estado parricida no solo descuida a las personas; también desmantela la herencia cultural e industrial acumulada por las generaciones previas. Se liquidan activos públicos estratégicos, se desfinancian la ciencia, la educación pública y la infraestructura básica, vaciando el futuro de los propios jóvenes y cancelando la movilidad social ascendente.

3. La transferencia de riesgos al individuo atomizado

Bajo el argumento del equilibrio fiscal estricto o la eficiencia de mercado, el Estado se retira de sus funciones esenciales de contención social, transfiriendo la totalidad del riesgo de subsistencia al individuo aisladamente. La protección colectiva es reemplazada por la intemperie.

Paternalismo vs. Parricidio Estatal

Dimensión Estado Paternalista Estado Parricida
Pacto Social Tutela a cambio de obediencia y gobernabilidad. Desentendimiento y transferencia absoluta del riesgo.
Rol del Ciudadano Sujeto dependiente / Beneficiario. Variable de ajuste fiscal / Activo prescindible.
Trato a la Tercera Edad Sujetos de protección y retiro digno. Pasivo financiero a recortar o diluir.
Horizonte Temporal Planificación intergeneracional de largo plazo. Cortoplacismo financiero e inmediato.

La paradoja de la legitimidad destruida

El peligro fundamental del Estado parricida radica en su propia sostenibilidad. Una institución que devora a sus creadores y desprotege a sus ciudadanos más vulnerables destruye la razón misma de su existencia. La legitimidad del Estado no reside únicamente en el monopolio de la fuerza o en la administración del presupuesto, sino en su capacidad para garantizar la cohesión social y la continuidad entre generaciones.

Cuando el Estado deja de ser un espacio de resguardo para convertirse en un agente de desamparo, se quiebra la confianza ciudadana y se erosiona el sentido de comunidad, dejando tras de sí un tejido social fragmentado y librado a la ley del más fuerte.

Más Noticias

NEWSLETTER

Suscríbase a nuestro boletín de noticias