El diferendo por Campos de Hielo Sur (también conocido como Campo de Hielo Patagónico Sur) constituye el último tramo de frontera terrestre pendiente de demarcación entre Chile y Argentina. Abarca una superficie glaciar de aproximadamente 22.500 kilómetros cuadrados en la cordillera de los Andes patagónicos (la mayor reserva de hielo del hemisferio sur fuera de la Antártida).
A continuación, se profundiza en las claves de este conflicto histórico, técnico y diplomático:
Si bien el Tratado de Límites de 1881 y el Laudo Arbitral de la Corona Británica de 1902 establecieron los principios generales de la frontera —basados en la fórmula de las "más altas cumbres que dividan las aguas"—, la aplicación práctica de este criterio chocó con la realidad geográfica de los hielos continentales:
El problema de la divisoria: En un campo de hielo, la superficie de acumulación y el escurrimiento de las aguas subterráneas o subglaciares no siempre coinciden de forma evidente con la línea de cumbres más altas visibles, lo que generó interpretaciones divergentes sobre por dónde debía trazar exactamente la línea fronteriza.
Los hitos históricos: A fines del siglo XIX (1898), los peritos de ambos países fijaron una serie de cerros hitos (como el Fitz Roy, Agassiz, Mayo y Stokes), pero el área exacta sobre el manto de hielo continuó sin una mensura definitiva.
Tras décadas de tensiones latentes y tras resolverse otros diferendos limítrofes (como el canal Beagle en 1984 y Laguna del Desierto en 1994), los presidentes Eduardo Frei Ruiz-Tagle (Chile) y Carlos Menem (Argentina) firmaron un acuerdo el 16 de diciembre de 1998 para destrabar el conflicto.
Este tratado optó por trazar una línea poligonal y dividió el territorio en dos grandes tramos:
Sección A (Del Cerro Murallón al Cerro Daudet): Este tramo quedó jurídicamente acordado mediante coordenadas prefijadas, estableciendo cómo correría la traza.
Sección B (Del Monte Fitz Roy al Cerro Murallón): Este sector quedó pendiente de demarcación física sobre el terreno.

A casi tres décadas de la firma del acuerdo de 1998, este sector intermedio sigue sin completarse por varios factores críticos:
Complejidad técnica extrema: Es una de las zonas más inhóspitas y de difícil acceso del planeta, caracterizada por tormentas persistentes, vientos huracanados, grietas profundas y riscos de roca vertical cubiertos de hielo.
El factor del cambio climático: El acelerado retroceso y derretimiento de los glaciares en la Patagonia está modificando la topografía y la geomorfología local, alterando las líneas referenciales de escurrimiento de agua que se consideraban estables en el siglo pasado.
Discrepancias cartográficas y recelos políticos: Aunque el tratado estipuló que ambos países debían mostrar en sus mapas oficiales un recuadro indicando "límite pendiente", periódicamente surgen roces diplomáticos menores (como polémicas por la publicación de mapas oficiales desacoplados en Argentina o el uso de refugios y tareas científicas/ecoturísticas en zonas de soberanía disputada, como el Circo de los Altares).
Falta de urgencia estratégica: Al tratarse de un área deshabitada y sin yacimientos económicos inmediatos en disputa (más allá del valor incalculable de la reserva de agua dulce y el atractivo turístico), los gobiernos de ambos lados de la cordillera no han priorizado la culminación técnica de los trabajos de la Comisión Mixta de Límites.
Campos de Hielo Sur representa un recordatorio de que las fronteras naturales en zonas extremas desafían constantemente el derecho internacional. Si bien no representa un foco de conflicto militar ni afecta a poblaciones civiles, su resolución definitiva sigue siendo la última gran asignatura pendiente en los mapas limítrofes terrestres de Sudamérica.