domingo 20 de septiembre de 2026 - Edición Nº685

Nacionales | 20 sep 2026

CRECEN LAS TENSIONES EN EL EDIFICIO LIBERTAD

La paradoja del Polo Logístico Antártico: la Armada financia su propio espejismo estratégico

19:50 |El proyecto de la Base Naval Integrada de Ushuaia figura en la pauta oficial, pero la falta de partidas extraordinarias obliga a la fuerza a financiar la megaobra a costa de su propio presupuesto operativo, las horas de navegación y el mantenimiento de la flota.


La proyectada Base Naval Integrada (BNI) de Ushuaia nació como el desarrollo de infraestructura militar y logística más ambicioso de Argentina en las últimas décadas. Diseñada para consolidar la soberanía sobre el Atlántico Sur, la proyección hacia la Antártida y ejercer un contrapeso efectivo a la infraestructura que Chile opera en Punta Arenas o el Reino Unido en Malvinas, la obra representa un hito incuestionable para la defensa nacional.

Sin embargo, detrás de los anuncios de asignaciones millonarias en el presupuesto oficial, en los pasillos del Edificio Libertad y los mandos navales impera un clima de profunda preocupación y disconformidad. La razón radica en una trampa técnica de la ingeniería presupuestaria: al incluir la construcción de la megaobra dentro de la cuota global del Ministerio de Defensa y la Armada, pero sin aplicar un incremento real que compense dicho gasto, el Poder Ejecutivo termina imponiendo un autofinanciamiento forzado.

1. La trampa del "Cero Suma": ¿Quién paga realmente la BNI?

Para comprender el malestar interno, es preciso analizar cómo operan las asignaciones presupuestarias en el área de Defensa. Cuando un gobierno decide encarar un proyecto de infraestructura de escala geopolítica (cuyo costo total estimado oscila entre los USD 300 y USD 500 millones), la norma técnica dicta que debe financiarse mediante una partida extraordinaria de inversión pública de infraestructura nacional o través de créditos externos dedicados, independientes de los gastos operativos normales de las Fuerzas Armadas.

Lo que ocurre en la práctica actual es sustancialmente distinto:

  • Solapamiento de partidas: La asignación presupuestaria destinada a las obras de la Base Naval de Ushuaia se imputa directamente sobre el crédito presupuestario asignado a la Armada Argentina.

  • Techo presupuestario estancado: Al no existir un incremento neto real en los gastos de funcionamiento, adiestramiento, mantenimiento e insumos de la fuerza, la absorción de los certificados de obra pública ahoga las cuentas corrientes operativas de la Armada.

  • El costo implícito: De forma indirecta, se le exige a la propia fuerza naviera que financie un megaproyecto edilicio a costa de su operatividad inmediata.

2. El dilema operativo: Ladrillos versus Navegación

Esta asfixia financiera se traduce en una paradoja operativa para los mandos de la Armada. Cada peso canalizado hacia el hormigón y el rellenado de terreno en el Canal Beagle es un peso que deja de invertirse en la atribulada flota de mar:

  1. Horas de navegación reducidas: Sin partidas genuinas adicionales para combustible y repuestos, los buques de la Flota de Mar y de la División de Patrullado Marítimo ven severamente recortadas sus días de mar. Se da el contrasentido de construir una base naval de última generación sin presupuesto suficiente para hacer navegar a los barcos que deberían amarrar en ella.

  2. Mantenimiento del material existente: Unidades de superficie y la aviación naval requieren de manera urgente mantenimientos mayores (inspecciones de casco, sistemas de radar, reactivación de capacidades submarinas y compras de repuestos). La concentración del gasto en obras edilicias posterga la recuperación del material flotante y de vuelo.

  3. Mantenimiento del personal: Los salarios de las Fuerzas Armadas y las partidas para el adiestramiento continuo del personal sufren el impacto directo de un presupuesto ajustado, incrementando el éxodo de cuadros técnicos y pilotos hacia la actividad privada.

"Se nos pide construir un puerto de aguas profundas de nivel internacional, pero a costa de dejar a los buques sin combustible para patrullar el Milla 201." — Síntesis del malestar en los mandos navales.

3. Desinversión patrimonial y cesión de tierras

La tensión por la falta de financiamiento genuino se agravó con medidas complementarias vinculadas a la reorganización patrimonial. La intención o efectivización del remate y la enajenación de inmuebles y predios estratégicos de la Armada en la provincia de Tierra del Fuego (a través de la Agencia de Administración de Bienes del Estado - AABE) generó desconfianza.

Dentro de la fuerza se interpreta que se liquidan activos de alto valor histórico y geopolítico bajo el argumento de generar fondos o liberar áreas urbanas, sin que existan garantías explícitas de que la totalidad de esos recursos sea reinvertida en capacidad de combate o equipamiento real para la fuerza.

4. Dependencia externa y las limitaciones de soberanía

El tercer eje de la crítica apunta a la coherencia geopolítica del proyecto:

  • Falta de financiamiento internacional directo: Si bien inicialmente se especuló con aportes o alianzas estratégicas con potencias extranjeras (como EE. UU. a través del Comando Sur), el Poder Ejecutivo debió aclarar que la base no contará con financiamiento monetario de gobiernos extranjeros y que será solventada estrictamente con "recursos nacionales".

  • La contradicción del modelo: Al descartarse el financiamiento externo directo y sostener al mismo tiempo la política de "déficit cero" y ajuste fiscal, la única variable de ajuste para construir la base termina siendo la reasignación interna de recursos dentro del propio presupuesto de Defensa.

Un espejismo en la estrategia austral

La construcción de la Base Naval Integrada de Ushuaia es una necesidad estratégica prioritaria e innegable para la República Argentina si aspira a resguardar sus derechos sobre el sector antártico y consolidar su presencia en el Atlántico Sur.

Sin embargo, convertir un megaproyecto de obra pública nacional en una carga a sobrellevar por el ajustado presupuesto corriente de la Armada es un contrasentido. Crear infraestructura a expensas de la parálisis operativa de los buques y aeronaves no fortalece la soberanía; únicamente la disfraza tras una fachada de cemento.

Para que la BNI de Ushuaia cumpla su cometido soberano, el Poder Ejecutivo debe dotarla de partidas presupuestarias extraordinarias y de capital fuera del techo operativo de las Fuerzas Armadas. De lo contrario, se seguirá obligando a la Armada a financiar su propia base con el vaciamiento de sus capacidades operativas.

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