miércoles 23 de septiembre de 2026 - Edición Nº688

Nacionales | 23 sep 2026

DEBATE INSTITUCIONAL Y DEFENSA NACIONAL

La degradación de la Defensa Nacional: los riesgos de militarizar la Seguridad Interior en la Argentina

13:11 |Por qué difuminar los límites entre la Seguridad Interior y la Defensa militar debilita la capacidad estratégica del Estado, vulnera las garantías democráticas y repite los fracasos de la región.


El consenso democrático argentino, consolidado a partir de 1983 tras las nefastas consecuencias de la Doctrina de la Seguridad Nacional, se erigió sobre un pilar fundamental: la separación tajante entre la Defensa Nacional y la Seguridad Interior. La sanción de la Ley de Defensa Nacional (N° 23.554 en 1988), la Ley de Seguridad Interior (N° 24.059 en 1991) y la Ley de Inteligencia Nacional (N° 25.520 en 2001) estableció una división doctrinal, legal y operacional clara.

Mientras la Defensa tiene como fin garantizar la soberanía e integridad territorial frente a agresiones militares estatales extranjeras, la Seguridad Interior se ocupa de la preservación del orden público, la prevención del delito y el resguardo de las libertades individuales dentro del territorio.

Sin embargo, los recientes intentos del Poder Ejecutivo por difuminar estas fronteras —justificados bajo el pretexto de combatir "nuevas amenazas" como el narcotráfico, el crimen organizado o el terrorismo— representan un retroceso institucional alarmante. Lejos de resolver los problemas de seguridad que aquejan al país, licuar la misión específica de las Fuerzas Armadas pone en riesgo el marco republicano, degrada la capacidad bélica del Estado y compromete a la institución militar en un terreno para el cual no está formada ni equipada.

1. Misiones incompatibles: La diferencia doctrinal y operacional

Mezclar la seguridad pública con la defensa militar implica un profundo desconocimiento de la naturaleza operacional y dogmática de cada fuerza:

  • El uso de la fuerza y la doctrina: El militar se adiestra bajo la lógica del empleo de la fuerza letal máxima para neutralizar o destruir a un enemigo estatal. El policía, en cambio, se capacita en el uso proporcional y progresivo de la fuerza para detener a un ciudadano imputado de un delito y ponerlo a disposición de la Justicia.

  • Equipamiento y estructura: Los medios bélicos (tanques, cazagobiernos, fragatas, armamento pesado) carecen de utilidad táctica en un entorno urbano o en tareas de patrullaje ciudadano. Asignar armamento militar al combate del delito cotidiano no solo resulta ineficaz, sino desproporcionado y peligroso para la población civil.

  • Inteligencia estratégica vs. Inteligencia criminal: La inteligencia de Defensa busca mapear capacidades bélicas de otros Estados; la inteligencia criminal indaga en redes delictivas locales. Confundirlas abre el camino para la vigilancia interna y la persecución política, viejos fantasmas de la historia argentina.

2. Lecciones de la región: El fracaso del modelo militarizado

Los argumentos a favor de la intervención militar en seguridad interior suelen presentarse como soluciones de "mano dura" contra el crimen organizado. No obstante, la experiencia comparada en América Latina demuestra que esta estrategia ha fracasado rotundamente:

  • México: La "Guerra contra el Narcotráfico", iniciada con el despliegue del Ejército en 2006, derivó en una escalada inédita de violencia, un aumento exponencial de las violaciones a los derechos humanos y la fragmentación de los cárteles, sin lograr reducir el tráfico ni el consumo de drogas.

  • Colombia y Río de Janeiro: La presencia prolongada de tropas militares en favelas o zonas rurales no eliminó al crimen organizado, pero sí erosionó la confianza ciudadana en las instituciones y expuso a las tropas a redes de corrupción y cooptación por parte del narcotráfico.

3. La degradación y desnaturalización de las Fuerzas Armadas

El mayor perjuicio sistemático de esta política recae sobre la propia institución militar:

  1. Subsidiar el déficit policial: Utilizar a las Fuerzas Armadas para tareas de patrullaje o control territorial es admitir la incapacidad del Estado para profesionalizar, equipar y limpiar de corrupción a sus fuerzas de seguridad. Se utiliza a los militares como un "parche barato" ante la falta de inversión en inteligencia criminal y policías de investigación.

  2. Pérdida de la capacidad de disuasión estratégica: Mientras las Fuerzas Armadas se distraen en roles policiales secundarios, se descuida la actualización doctrinal, la adquisición de tecnología de punta y el adiestramiento enfocado en la defensa de los recursos estratégicos, el espacio aéreo, el Atlántico Sur y la Antártida.

  3. Descomposición institucional: El contacto directo con la criminalidad compleja somete a los efectivos militares a tentaciones de soborno y corrupción para las cuales las estructuras rígidas de las FFAA no están blindadas, corrompiendo la cadena de mando.

4. Los riesgos para el sistema democrático

El marco normativo que separó la Defensa de la Seguridad Interior no fue un capricho ideológico; fue una salvaguarda institucional construida a partir de la experiencia trágica del siglo XX.

  • Riesgo de represión interna: Flexibilizar las leyes de Defensa abre la puerta a que, ante escenarios de alta protestatividad o crisis social, las Fuerzas Armadas puedan ser utilizadas como instrumento de control de la población interna.

  • Debilitamiento de las garantías constitucionales: El accionar militar no responde a los estándares del debido proceso y los controles judiciales a los que están sujetas las fuerzas policiales, lo que expone a los ciudadanos a abusos de poder sin la debida rendición de cuentas.

Conclusión

El combate al narcotráfico y al crimen organizado requiere más y mejor inteligencia criminal, fortalecimiento del Poder Judicial, coordinación de las Fuerzas de Seguridad y control de las fronteras bajo los medios correspondientes (Gendarmería, Prefectura, Policía Federal).

Desviar a las Fuerzas Armadas de su rol constitucional es una falsa solución populista que licúa su misión de defensa soberana, degrada su preparación estratégica y pone en jaque la arquitectura institucional de la democracia argentina. La verdadera modernización de la Defensa pasa por reequiparla, revalorizarla e integrarla para proteger al país de agresiones externas, no por transformarla en una guardia urbana de apoyo policial.

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