Hay acontecimientos que sobreviven al paso del tiempo porque detrás de ellos existen nombres.
Nombres de hombres jóvenes. Familias. Hijos. Padres. Compañeros de armas. Historias que quedaron interrumpidas en una tarde de octubre de 1975.
Cada 5 de octubre, Formosa recuerda a quienes murieron durante el ataque al Regimiento de Infantería de Monte 29 “Coronel Ignacio José Warnes”.
La fecha fue establecida posteriormente por la provincia como Día del Héroe Formoseño, en homenaje a los integrantes del Ejército y al agente policial fallecidos durante aquel episodio.
Pero detrás de la denominación oficial existe una historia mucho más profunda.
Es la historia de una Argentina atravesada por la violencia política, la confrontación armada y una creciente ruptura de la convivencia democrática que terminaría desembocando, meses después, en el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976.
La tarde del 5 de octubre de 1975, un grupo armado atacó la unidad militar ubicada en la ciudad de Formosa.
El objetivo era ingresar al Regimiento y apoderarse de su armamento.
Dentro del cuartel se encontraban militares profesionales y soldados conscriptos. Muchos de estos últimos eran jóvenes que cumplían con el servicio militar obligatorio.
Lo que siguió fue un enfrentamiento de extrema violencia.
Según los registros históricos difundidos por organismos oficiales y medios de la provincia, murieron integrantes del Ejército Argentino y el agente de Policía Neri Argentino Alegre.
Entre los militares caídos se encontraban el subteniente Ricardo Massaferro, el sargento primero Víctor Sanabria y soldados conscriptos.
Sus nombres quedaron incorporados a la memoria de la provincia.
Existe una dimensión particularmente sensible en esta historia.
Varios de los caídos eran soldados conscriptos.
Eran jóvenes que estaban cumpliendo con el servicio militar obligatorio y que, en muchos casos, se encontraban realizando una experiencia que debía formar parte de su vida durante un período limitado.
La violencia de aquella jornada transformó para siempre el destino de esas familias.
Por eso, cuando se habla del Día del Héroe Formoseño, no se habla únicamente de una unidad militar.
Se habla también de los jóvenes que murieron allí.
De sus familias.
De quienes sobrevivieron.
Y de una sociedad que todavía intenta comprender aquel período de la historia argentina.
Recordar no significa desconocer el contexto.
El ataque al Regimiento 29 ocurrió en 1975, durante un período de violencia política protagonizado por organizaciones armadas y grupos paraestatales, en un país institucionalmente convulsionado.
Fue un año particularmente crítico.
La Argentina atravesaba una escalada de violencia que incluyó asesinatos políticos, atentados, secuestros y ataques contra objetivos militares y de seguridad.
En ese escenario debe comprenderse lo ocurrido en Formosa.
Pero comprender el contexto tampoco significa justificar la violencia.
Una democracia necesita estudiar aquellos acontecimientos con todos sus elementos.
Necesita conocer quiénes participaron.
Qué objetivos perseguían.
Quiénes murieron.
Qué responsabilidades existieron.
Y qué consecuencias tuvo aquella violencia para la sociedad argentina.
La memoria argentina continúa siendo un terreno de profundas discusiones.
Existen distintas miradas sobre la década de 1970 y sobre la manera en que deben ser recordados sus protagonistas y sus víctimas.
Pero hay una cuestión que debería resultar indiscutible:
los muertos también forman parte de la historia.
Recordar a los soldados del Regimiento 29 no implica negar a otras víctimas de la violencia política.
Del mismo modo, reconocer a otras víctimas no debería exigir borrar de la memoria a quienes murieron defendiendo una unidad militar.
La memoria no debería funcionar como una competencia.
No debería existir una víctima cuya existencia deba ser negada para reconocer a otra.
La provincia de Formosa decidió darle una denominación propia a esta fecha.
El Día del Héroe Formoseño representa institucionalmente ese reconocimiento.
Cada año, autoridades, militares, policías, veteranos, exsoldados y familiares participan de los actos conmemorativos.
Y cada año vuelve a aparecer la misma pregunta:
¿Qué hacemos con nuestra memoria cuando los protagonistas ya no están?
La respuesta no debería ser el silencio.
Debería ser la investigación histórica, el testimonio, la documentación y el recuerdo.
Porque las nuevas generaciones tienen derecho a conocer lo ocurrido.
Este 5 de octubre se cumplen 51 años del ataque al Regimiento de Infantería de Monte 29.
Más de cinco décadas después, la Argentina continúa discutiendo aquella época.
Pero el paso del tiempo también debería permitir una mirada más amplia.
Sin ocultamientos.
Sin simplificaciones.
Sin borrar nombres.
Sin convertir la historia en una herramienta para justificar nuevas divisiones.
Los hombres que murieron aquel día forman parte de la historia argentina.
Y sus familias tienen derecho a que sus nombres continúen siendo pronunciados.
El Día del Héroe Formoseño no debería ser solamente una fecha marcada en un calendario provincial.
Debe ser una oportunidad para recordar una página dolorosa de nuestra historia.
Una oportunidad para conocer.
Para investigar.
Para enseñar.
Y también para reflexionar sobre el precio que una sociedad paga cuando la violencia política reemplaza al diálogo y las instituciones.
51 años después, los nombres siguen allí.
Formosa recuerda.
La historia también debe hacerlo.