martes 06 de octubre de 2026 - Edición Nº701

Nacionales | 6 oct 2026

ATLÁNTICO SUR | SOBERANÍA, RECURSOS Y GEOPOLÍ

El Atlántico Sur: el territorio argentino que casi no vemos

17:08 |Argentina suele mirar su territorio hacia el oeste, hacia la Cordillera y sus fronteras terrestres. Sin embargo, frente a sus costas se extiende un enorme espacio marítimo que comprende plataforma continental, recursos naturales, rutas estratégicas, islas, biodiversidad y una proyección directa hacia la Antártida. El Atlántico Sur es una de las dimensiones menos visibles —y al mismo tiempo más estratégicas— del territorio argentino.


Un país que también se extiende sobre el mar

Cuando se habla del territorio argentino, la imagen habitual es la de un mapa continental. La Cordillera de los Andes, la Patagonia, la llanura pampeana y las fronteras con los países vecinos ocupan el centro de la representación.

Pero existe otra Argentina que muchas veces queda fuera de nuestra percepción cotidiana: la Argentina marítima.

La Cancillería señala que el país posee unos 4.725 kilómetros de litoral marítimo, a los que se suman 11.235 kilómetros correspondientes a las costas de la Antártida Argentina y las islas australes. En conjunto, los espacios marítimos argentinos alcanzan una superficie estimada de 6.683.000 km².

La dimensión es difícil de imaginar.

Significa que una parte sustancial del territorio y de los intereses nacionales se encuentra bajo el agua o se proyecta mucho más allá de la costa que vemos desde tierra.

Y allí aparece una pregunta central:

¿Cuánto conoce realmente la sociedad argentina sobre ese territorio marítimo?

El mapa no termina en la costa

La costa no constituye el final del territorio estratégico argentino.

La plataforma continental es una prolongación geológica del continente bajo el océano. Sobre ella existen recursos naturales y áreas de enorme importancia económica, científica y ambiental.

La Comisión Nacional del Límite Exterior de la Plataforma Continental (COPLA) indica que Argentina posee derechos de soberanía sobre los recursos del lecho y subsuelo de más de 1.782.000 km² de plataforma continental más allá de las 200 millas marinas, que se agregan a unos 4.799.000 km² comprendidos entre las líneas de base y las 200 millas.

Allí se encuentran potenciales recursos pesqueros, hidrocarburíferos, minerales y especies sedentarias.

Por eso, hablar del Atlántico Sur no significa solamente hablar de océano.

Significa hablar de recursos, producción, energía, investigación, transporte, seguridad, ambiente y soberanía.

Malvinas es una parte de un espacio mucho mayor

La cuestión de las Islas Malvinas ocupa un lugar central en la política exterior argentina. Pero reducir el Atlántico Sur exclusivamente a Malvinas sería perder de vista la dimensión completa del problema.

Las Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur están vinculadas geográfica y estratégicamente con un espacio marítimo mucho más amplio.

La propia Cancillería argentina señala que las Malvinas se encuentran en el Atlántico Sur, sobre la plataforma continental de América del Sur, a unos 464 kilómetros del continente argentino en su punto más próximo.

La disputa de soberanía con el Reino Unido también tiene una dimensión marítima: los espacios circundantes, los recursos naturales y las actividades económicas que se desarrollan en ellos forman parte de la discusión estratégica.

Por eso, mirar únicamente las islas puede llevar a perder de vista el verdadero tamaño del escenario.

Malvinas es una pieza de un tablero mucho más grande.

Un océano con recursos estratégicos

El Atlántico Sur concentra recursos que adquieren creciente importancia en un mundo atravesado por la competencia energética, alimentaria y tecnológica.

La pesca representa una actividad económica fundamental. Los hidrocarburos constituyen otro componente relevante. A ello se agregan los minerales del lecho marino, la investigación científica, las posibilidades energéticas y la biodiversidad.

La Cancillería reconoce expresamente entre los recursos estratégicos del espacio marítimo argentino a las pesquerías, hidrocarburos, energía y minerales, además de destacar su importancia ambiental, científica y socioeconómica.

Esto plantea un desafío que excede cualquier gobierno de turno:

¿Cómo administrar, proteger y desarrollar semejante espacio durante las próximas décadas?

El problema de lo que no vemos

Hay una diferencia entre tener un territorio y percibirlo como propio.

Una frontera terrestre puede observarse. Una montaña puede recorrerse. Una ciudad puede fotografiarse.

El territorio marítimo es diferente.

Gran parte de él permanece invisible para la mayoría de los ciudadanos.

No aparece diariamente en las conversaciones políticas. No forma parte de la educación cotidiana con la misma intensidad que las fronteras terrestres. Y pocas veces ocupa un lugar central en la agenda pública hasta que aparece un conflicto, una controversia pesquera, una cuestión petrolera o una discusión vinculada con Malvinas.

Esa distancia entre territorio y percepción social constituye uno de los grandes desafíos argentinos.

Porque aquello que una sociedad no conoce difícilmente pueda convertirse en una prioridad colectiva.

La plataforma continental: una frontera que no se ve

El trabajo desarrollado durante décadas por COPLA permitió establecer científicamente el límite exterior de la plataforma continental argentina conforme a la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar.

Argentina presentó ante la Comisión de Límites de la Plataforma Continental de Naciones Unidas la documentación correspondiente en 2009. Las recomendaciones adoptadas posteriormente abarcaron gran parte de la presentación argentina, aunque quedaron fuera de consideración determinadas áreas sujetas a la disputa de soberanía con el Reino Unido y el sector sometido al régimen del Tratado Antártico.

En 2020, el Congreso sancionó la Ley 27.557, que demarcó el límite exterior de la plataforma continental argentina y modificó la legislación sobre espacios marítimos.

Detrás de una coordenada geográfica hay algo mucho más importante:

conocimiento científico convertido en herramienta estratégica.

El Atlántico Sur también es una cuestión de Defensa

La dimensión marítima tampoco puede separarse de la Defensa Nacional.

Controlar, vigilar y conocer los espacios marítimos requiere capacidades permanentes.

Hidrografía, vigilancia marítima, investigación oceanográfica, control de los recursos, búsqueda y rescate, protección ambiental y presencia naval forman parte de una misma arquitectura estratégica.

La cuestión no consiste solamente en disponer de medios militares.

También implica contar con científicos, investigadores, cartografía actualizada, sistemas de vigilancia, infraestructura portuaria, capacidad logística y una política marítima sostenida.

El océano exige una mirada multidisciplinaria.

Una puerta hacia la Antártida

El Atlántico Sur tampoco termina en las islas australes.

Su dimensión geopolítica continúa hacia el extremo sur y se proyecta sobre la Antártida.

La conexión entre Patagonia, Atlántico Sur, islas australes y Antártida convierte al extremo austral argentino en un espacio de enorme relevancia científica, logística y estratégica.

La propia Cancillería define al Atlántico Sur y la Antártida como espacios de creciente centralidad por sus recursos naturales estratégicos, sus rutas marítimas y su importancia para las cadenas globales de suministro.

En consecuencia, pensar el Atlántico Sur exige abandonar una visión fragmentada.

No son solamente Malvinas.

No es solamente pesca.

No es solamente petróleo.

No es solamente Defensa.

No es solamente Antártida.

Es la interacción de todos esos factores.

¿Quién mira el Atlántico Sur?

Esta es quizás la pregunta más importante.

En un océano atravesado por intereses económicos, científicos, comerciales y geopolíticos, la presencia no se construye solamente con discursos.

Requiere conocimiento.

Requiere investigación.

Requiere infraestructura.

Requiere capacidades de vigilancia.

Requiere actividad productiva.

Requiere presencia diplomática.

Y requiere, sobre todo, que la sociedad comprenda que el territorio argentino no termina donde termina la tierra firme.

El Atlántico Sur es parte de la dimensión territorial y estratégica de la Argentina.

Una Argentina que todavía tenemos que aprender a mirar

Durante décadas, el país construyó gran parte de su identidad territorial mirando hacia el continente.

Pero el siglo XXI obliga a ampliar la perspectiva.

El mar puede ser fuente de alimentos, energía, minerales, conocimiento científico y conectividad. También puede convertirse en escenario de disputas por recursos, rutas estratégicas y espacios de influencia.

Por eso, la discusión sobre el Atlántico Sur no debería limitarse a los momentos de crisis.

Debe formar parte de una conversación nacional permanente.

Porque existe una Argentina que conocemos perfectamente.

Y existe otra, enorme, que comienza en la costa y se extiende miles de kilómetros hacia el sur y el este.

Una Argentina que casi no vemos.

Y que, precisamente por eso, necesitamos aprender a conocer.

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