miércoles 07 de octubre de 2026 - Edición Nº702

OSINT | 7 oct 2026

ATLÁNTICO SUR | SOBERANÍA, RECURSOS Y CONTROL

LA FRONTERA QUE NO TIENE ALAMBRADO: ¿QUIÉN CONTROLA LAS 200 MILLAS DE LA ARGENTINA?

01:14 |No hay alambrados, puestos fronterizos ni garitas. Pero existe una frontera marítima que protege recursos pesqueros, hidrocarburos y otros intereses estratégicos de la Argentina. La Zona Económica Exclusiva se extiende hasta 200 millas náuticas y su control depende de una combinación de Prefectura Naval, vigilancia satelital, aeronaves, sistemas electrónicos y presencia efectiva en el mar. La pregunta es inevitable: ¿alcanza lo que tenemos para vigilar un espacio marítimo de semejante dimensión?


UNA FRONTERA QUE NO SE VE

Cuando se habla de fronteras argentinas, generalmente aparecen imágenes de pasos internacionales, rutas, alambrados, montañas o puestos de control.

Pero existe otra frontera mucho más extensa y prácticamente invisible.

Está en el Atlántico Sur.

La Zona Económica Exclusiva Argentina (ZEEA) se extiende hasta las 200 millas náuticas desde las líneas de base. Allí la Argentina posee derechos de soberanía para explorar, explotar, conservar y administrar los recursos naturales vivos y no vivos. Así lo establece la Ley 23.968 y el régimen internacional de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar.

No significa que esas aguas sean idénticas al territorio terrestre argentino ni que otros Estados pierdan allí todas las libertades de navegación. La Convención reconoce en la ZEE derechos específicos del Estado costero sobre los recursos, mientras mantiene determinadas libertades para otros Estados, como la navegación y el sobrevuelo.

Y allí aparece el verdadero desafío.

Una frontera puede existir en un mapa. El problema es hacerla efectiva en el mar.


200 MILLAS DE RECURSOS

La ZEE no es solamente una línea imaginaria.

Debajo y dentro de ese espacio se encuentran recursos que tienen enorme importancia económica y estratégica: pesca, biodiversidad, potencial energético y otros recursos naturales.

En materia pesquera, la Argentina tiene la responsabilidad de conservar y administrar los recursos de la zona. El derecho internacional permite al Estado costero establecer licencias, temporadas, zonas de pesca, cuotas, artes de pesca, información sobre capturas y posiciones de los buques, entre otras medidas de conservación y control.

Por eso, controlar la ZEE significa mucho más que saber dónde termina el territorio marítimo.

Significa saber qué barcos están allí, qué están haciendo, dónde están, cuánto tiempo permanecen y si su comportamiento resulta compatible con la legislación vigente.


EL MAR NO SE CONTROLA CON UN SOLO RADAR

La vigilancia marítima moderna funciona mediante capas.

Una de ellas es el Sistema Guardacostas de la Prefectura Naval Argentina, que integra información de posicionamiento y permite realizar seguimiento de embarcaciones.

Otra es la vigilancia satelital.

En septiembre de 2026, Prefectura y la CONAE informaron avances en el Sistema Integrado de Vigilancia Electrónico del Mar (SIVEMAR), que integra información de satélites radar argentinos SAOCOM y constelaciones internacionales con el Sistema Guardacostas. El objetivo incluye mejorar la detección de pesca ilegal y otros incidentes en el mar.

¿Por qué es tan importante?

Porque un buque puede apagar o alterar determinadas señales electrónicas. Un satélite radar, en cambio, puede detectar físicamente una embarcación incluso en condiciones de baja visibilidad.

La tecnología no reemplaza al patrullaje.

Lo vuelve más eficiente.


CUANDO EL SATÉLITE ENCUENTRA AL BARCO

La vigilancia también necesita medios capaces de verificar lo que sucede.

En mayo de 2026, Prefectura informó un operativo sobre 193 embarcaciones extranjeras que habían ingresado a la ZEE argentina buscando refugio debido a un fuerte temporal.

El seguimiento combinó información del Sistema Guardacostas, señales AIS, imágenes satelitales SAR proporcionadas por la CONAE y patrullaje aéreo de largo alcance.

El episodio muestra algo fundamental:

controlar el mar no significa tener un barco detrás de cada barco.

Significa construir una red capaz de detectar, identificar, seguir y eventualmente intervenir cuando una situación lo requiera.


LA PESCA ILEGAL: EL OTRO LADO DE LA FRONTERA

Uno de los principales desafíos aparece en el límite exterior de la ZEE, donde existe una concentración de buques pesqueros que operan en alta mar.

La Prefectura señala que uno de sus objetivos es controlar precisamente ese límite para prevenir incursiones de buques extranjeros que operen ilegalmente dentro de la jurisdicción argentina.

En febrero de 2026, además, el Gobierno argentino informó la entrada en vigencia de un nuevo protocolo para fortalecer la detección y sanción de la pesca ilegal extranjera.

La normativa incorporó parámetros vinculados con el comportamiento de los buques. Entre ellos, determinadas velocidades y cambios de rumbo compatibles con operaciones pesqueras. En el caso de los buques poteros dedicados al calamar, se establecieron parámetros específicos.

La evidencia electrónica y satelital puede utilizarse para respaldar las actuaciones, aunque los capitanes tienen derecho a presentar explicaciones y pruebas técnicas sobre sus movimientos.

Esto introduce una transformación importante:

el comportamiento de un barco puede convertirse en evidencia.


¿Y QUÉ PASA CUANDO UN BUQUE PIDE REFUGIO?

Existe además una situación que obliga a distinguir entre presencia legal y actividad ilegal.

Un buque extranjero puede solicitar autorización para ingresar a la ZEE argentina por razones de seguridad, por ejemplo ante condiciones meteorológicas adversas.

En febrero de 2026, Prefectura informó que esos ingresos podían ser autorizados bajo condiciones específicas y con prohibición expresa de realizar actividades de pesca, investigación o exploración.

Es decir:

entrar no significa tener derecho a pescar.

La diferencia es fundamental.

La ZEE argentina no funciona como una zona donde cualquier buque extranjero pueda desarrollar libremente actividades económicas.


LA FRONTERA MÁS DIFÍCIL DE VIGILAR

El problema es la escala.

Una frontera terrestre puede recorrerse con vehículos, patrullas y puestos de observación.

En el mar, la distancia cambia completamente las reglas.

Hay tormentas.

Hay niebla.

Hay oscuridad.

Hay miles de embarcaciones.

Hay buques que se encuentran fuera de la ZEE y otros que ingresan temporalmente.

Hay señales electrónicas que pueden desaparecer.

Y existe una frontera particularmente sensible: la línea que separa la jurisdicción argentina de las aguas internacionales.

Por eso el control marítimo necesita continuidad.

No alcanza con reaccionar cuando aparece una denuncia.

La vigilancia efectiva comienza mucho antes.


LA PREGUNTA QUE DEBERÍA HACERSE LA ARGENTINA

La discusión no debería reducirse solamente a cuántos patrulleros posee el país.

La pregunta estratégica es otra:

¿Tiene la Argentina una arquitectura permanente de vigilancia capaz de conocer qué ocurre en todo momento en su espacio marítimo?

Eso implica satélites.

Sensores.

Aviones.

Buques.

Sistemas de identificación.

Inteligencia marítima.

Intercambio de información.

Capacidad de análisis.

Personal especializado.

Y, finalmente, capacidad para actuar cuando una infracción es detectada.

Porque detectar un buque es apenas el primer paso.

El verdadero control aparece cuando el Estado puede identificarlo, seguirlo, documentar su actividad y hacer cumplir la legislación.


UNA FRONTERA QUE TAMBIÉN SE DEFIENDE CON INFORMACIÓN

Durante décadas, el mar argentino permaneció relativamente lejos de la agenda cotidiana de la sociedad.

Pero esa distancia geográfica no significa ausencia de intereses.

El Atlántico Sur concentra recursos naturales, rutas marítimas y actividades económicas de enorme relevancia.

Por eso la vigilancia marítima debe entenderse también como una política de información.

Saber qué ocurre en el mar es una forma de protegerlo.

Y tener información en tiempo real puede ser tan importante como disponer de una unidad naval o aérea para intervenir.


EL MAR ARGENTINO NO TIENE ALAMBRADOS. TIENE LÍMITES.

La frontera marítima no se ve desde la costa.

No tiene postes.

No tiene alambrados.

No tiene una barrera física que detenga a un barco.

Pero existe.

Está definida por el derecho internacional y por la legislación argentina.

Y dentro de ella existen recursos que pertenecen al patrimonio económico de la Nación.

Por eso la discusión sobre la ZEE no debería ser solamente una discusión pesquera.

Es una discusión sobre soberanía, recursos, tecnología, presencia estatal y capacidad de control.

La pregunta final queda abierta:

si una frontera no tiene alambrado, ¿qué ocurre cuando el Estado deja de verla?

En el Atlántico Sur, la respuesta puede medirse en toneladas de pescado, recursos naturales y millones de dólares.

Por eso, controlar las 200 millas no es solamente vigilar una línea en el océano.

Es saber qué ocurre dentro de ella.


FUENTES CONSULTADAS

  • Ley 23.968 — Espacios Marítimos, normativa oficial de la República Argentina.
  • Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar — Parte V, Zona Económica Exclusiva.
  • Prefectura Naval Argentina — Sistema de control de la actividad pesquera.
  • Argentina.gob.ar — Operativo de control de casi 200 buques extranjeros en la ZEE, mayo de 2026.
  • Argentina.gob.ar — Prefectura y CONAE: vigilancia satelital del mar, septiembre de 2026.
  • Argentina.gob.ar — Nuevo protocolo contra la pesca ilegal extranjera, febrero de 2026.
  • Naciones Unidas — Convención sobre el Derecho del Mar.
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