miércoles 07 de octubre de 2026 - Edición Nº702

Nacionales | 7 oct 2026

SOBERANÍA, RECURSOS Y PRESENCIA ESTRATÉGICA

¿Puede Argentina defender sus intereses en el Atlántico Sur sin presencia naval permanente?

18:09 |La Argentina posee uno de los espacios marítimos de mayor valor estratégico del hemisferio sur. Pesca, hidrocarburos, rutas marítimas, plataforma continental y la cuestión Malvinas convierten al Atlántico Sur en un escenario donde la vigilancia no puede depender únicamente de operativos periódicos. La pregunta es cuánto puede garantizar el Estado cuando la presencia física en el mar no es permanente.


Un mar demasiado grande para ser vigilado de manera ocasional

La Argentina es un país bicontinental y oceánico. Según la Cancillería, sus espacios marítimos comprenden aproximadamente 6,68 millones de km², incluyendo el mar territorial, la Zona Económica Exclusiva y la plataforma continental más allá de las 200 millas náuticas.

En ese enorme espacio se encuentran recursos pesqueros, hidrocarburos, potencial energético, minerales y rutas marítimas de importancia estratégica. También se encuentra uno de los principales puntos de la política exterior argentina: la disputa de soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes.

La dimensión geográfica plantea un problema concreto: tener derechos jurídicos sobre un espacio no equivale automáticamente a tener capacidad material para controlarlo.

La Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar reconoce al Estado ribereño derechos de soberanía sobre los recursos naturales de su Zona Económica Exclusiva y determinadas competencias jurisdiccionales.

Pero esos derechos requieren algo más que legislación y diplomacia: necesitan información, vigilancia, presencia y capacidad de respuesta.


La experiencia de Mare Nostrum muestra el problema

Durante 2026, la Armada Argentina desarrolló sucesivas operaciones Mare Nostrum destinadas a controlar los espacios marítimos y particularmente las áreas próximas al límite exterior de la ZEE.

En enero, durante Mare Nostrum VII, fueron identificados más de 405 buques pesqueros y logísticos, mientras que cuatro embarcaciones fueron detectadas en presunta actividad de pesca ilegal dentro de la ZEE argentina.

En abril, Mare Nostrum X volvió a desplegar medios navales y aéreos durante 15 días, con participación del patrullero oceánico ARA Piedrabuena y personal especializado para tareas de abordaje e inspección.

Y en mayo, Mare Nostrum XI volvió a emplear al ARA Contraalmirante Cordero junto con aeronaves de la Armada para reforzar la vigilancia de la ZEE.

Estos operativos muestran dos cuestiones simultáneas.

La primera: Argentina tiene capacidad para desplegar medios y ejercer control efectivo en determinados períodos.

La segunda: el tamaño del espacio marítimo hace difícil que una cantidad limitada de unidades pueda mantener simultáneamente una presencia física continua en todos los sectores de interés.


Presencia naval no significa solamente tener buques

Hablar de presencia permanente no debería reducirse a preguntar cuántos barcos tiene la Armada.

Una estrategia de control marítimo moderna combina diferentes capas.

Primero, vigilancia. Aeronaves, radares, sistemas de identificación automática, satélites y sensores permiten conocer qué ocurre en el mar.

Segundo, presencia. Los patrulleros y otros buques permiten verificar físicamente una situación.

Tercero, respuesta. Cuando aparece una infracción, un incidente o una situación que requiere intervención, debe existir capacidad para actuar.

Cuarto, sostenimiento. Los medios necesitan combustible, mantenimiento, tripulaciones entrenadas, infraestructura y logística.

Argentina ya utiliza parte de esta arquitectura. Durante un operativo de mayo de 2026, Prefectura informó que combinó el sistema Guardacostas, información AIS, imágenes satelitales SAR proporcionadas por la CONAE y patrullaje aéreo para controlar casi 200 embarcaciones extranjeras que habían ingresado a la ZEE buscando refugio frente a un temporal.

La tecnología, por lo tanto, puede multiplicar la capacidad de vigilancia.

Pero existe una diferencia fundamental entre detectar y estar allí.


El factor Malvinas agrega otra dimensión

El problema adquiere una dimensión estratégica mayor cuando se incorpora la cuestión Malvinas.

En septiembre de 2026, el Gobierno argentino anunció el inicio de un procedimiento arbitral conforme al Anexo VII de la CONVEMAR contra el Reino Unido, relacionado con la explotación de hidrocarburos en la Cuenca Malvinas Norte mediante el proyecto Sea Lion.

Esto demuestra que el Atlántico Sur no es solamente un escenario pesquero.

Es también un espacio donde confluyen soberanía, recursos energéticos, actividad económica, presencia militar, diplomacia y derecho internacional.

En ese contexto, la capacidad argentina de conocer qué sucede en sus espacios marítimos adquiere un valor estratégico que excede ampliamente la cuestión de la pesca ilegal.


¿Puede la tecnología reemplazar completamente a los buques?

No.

Puede reducir la necesidad de mantener unidades navegando permanentemente en todos los sectores, pero no elimina la necesidad de contar con capacidad naval.

Un satélite puede detectar un buque.

Un avión puede identificarlo.

Un sistema de vigilancia puede seguir su trayectoria.

Pero determinadas situaciones requieren que una unidad marítima pueda aproximarse, identificar, inspeccionar, asistir o eventualmente intervenir, dentro de las competencias establecidas por el derecho nacional e internacional.

La propia experiencia de Mare Nostrum evidencia esa complementariedad: la Armada combina patrulleros oceánicos, aeronaves P-3C Orion, equipos de abordaje y estructuras de comando conjunto.

Por eso, el debate no debería plantearse como "buques versus tecnología", sino como una arquitectura integrada de vigilancia y respuesta.


El verdadero desafío: sostener presencia

La pregunta central es entonces otra:

¿Cuánta presencia necesita Argentina para que sus derechos marítimos sean efectivamente defendidos?

No existe una única respuesta.

La presencia requerida en la ZEE no necesariamente es la misma que la necesaria para proteger instalaciones estratégicas, controlar áreas pesqueras, vigilar rutas marítimas o mantener conocimiento situacional sobre sectores próximos a espacios de interés vinculados con Malvinas y el Atlántico Sur.

La estrategia puede combinar períodos de mayor intensidad con vigilancia permanente mediante sensores y aeronaves.

Pero existe un principio difícil de ignorar: cuando un Estado deja de observar sistemáticamente un espacio estratégico, otros actores ocupan ese vacío operativo.

Y en el mar, ese vacío puede ser aprovechado rápidamente por flotas pesqueras, buques logísticos, empresas energéticas o actores estatales y no estatales.


El Atlántico Sur como política de Estado

La propia Cancillería sostiene que la presencia argentina y el ejercicio de la soberanía sobre los espacios marítimos constituyen un objetivo permanente y plantea al Atlántico Sur como un espacio geoestratégico vinculado no solamente con la soberanía, sino también con recursos naturales, ambiente y desarrollo científico y económico.

La cuestión, entonces, trasciende a una administración de turno.

La Argentina necesita definir qué nivel de presencia, vigilancia y capacidad de respuesta considera indispensable para proteger sus intereses marítimos durante las próximas décadas.

Porque el Atlántico Sur no se defiende únicamente con declaraciones diplomáticas.

Tampoco únicamente con buques.

Ni exclusivamente con satélites.

Se defiende mediante una combinación sostenida de política exterior, derecho internacional, inteligencia marítima, tecnología, infraestructura, Prefectura, Armada, aviación naval y capacidad logística.

La pregunta queda abierta:

¿Puede Argentina defender eficazmente sus intereses en el Atlántico Sur si no puede garantizar una presencia naval sostenida en los espacios donde se juegan sus recursos y sus intereses estratégicos?

El debate sobre el poder naval argentino, en definitiva, no es solamente una discusión militar.

Es una discusión sobre qué capacidad está dispuesta a construir Argentina para ejercer efectivamente sus derechos sobre el mar.

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