jueves 08 de octubre de 2026 - Edición Nº703

Opinión | 8 oct 2026

Geopolítica internacional y soberanía naciona

Malvinas el juego Geopolítico detrás de la Pasión

18:56 |Un análisis profundo sobre el rol estratégico de las Malvinas para Estados Unidos y Gran Bretaña, el impacto de los acuerdos militares conjuntos, la presencia de submarinos nucleares en nuestras aguas y la urgente necesidad de repensar la defensa nacional sin dependencia tecnológica.


Por: Adrián Martin

Hace pocas horas fuimos testigos de la despedida de nuestra selección nacional del hoy doctor "Honoris Causa" de la prestigiosa Universidad de Buenos Aires, Lionel Messi, eximio deportista y ejemplo de esfuerzo, templanza, dedicación y, por sobre todo, un hombre que demuestra un profundo amor por su patria y quizás el único que, en estos últimos 11 años, brindó alegrías al pueblo argentino.

Pero más allá del ídolo, hoy quiero detenerme en un gesto que, entre tanta alegría, tristeza y euforia, pasó desapercibido. El día 7 de octubre, el diario británico The Sun criticó el "trapo" de "Las Malvinas son Argentinas", calificándolo de "provocación" (la bandera fue utilizada por el VGM Fabio Santana durante el himno nacional). El mismo "trapo" —y pido disculpas al llamarlo así, porque me tomo una licencia futbolera— que el 15 de julio de este año, durante la Copa del Mundo, simbolizó en manos de nuestra selección el reclamo histórico argentino sobre las islas Malvinas; reclamo digno y verdadero que llenó de orgullo a la gran mayoría de nuestro pueblo, trasmitió sentimientos en gran parte del mundo y, por supuesto, no podía ser de otra manera, generó odio y resentimiento en Inglaterra.

Pero ese "trapo" (que a mi humilde entender hoy debería estar expuesto en alguno de nuestros más importantes museos como símbolo inequívoco de identidad nacional) también trajo otras connotaciones: por ejemplo, alguna ministra pidiendo disculpas a los usurpadores, un canciller ensayando nuevas definiciones de soberanía, alguna diputada que llama "Falkland" a nuestras irredentas y algunos otros personajes que temen perder los beneficios que les puede dar la Corona.

Pero dejemos de lado el Mundial y adelantemos un poco los hechos. Hace pocas semanas, el "ambiguo" presidente Trump declaró que "no descartaba cambiar la posición de EE. UU. respecto de las islas Malvinas". Esas palabras generaron que en el gobierno argentino dieran volteretas y se subieran triunfalistas a la causa Malvinas. Ahí está la inocente equivocación, o quizás no tan inocente. ¿Se le puede creer a Trump? ¿O la República Argentina fue usada para que Gran Bretaña aumente un 5 % la inversión en defensa, o para que apoye a EE. UU. en sus aventuras o desventuras por el golfo Pérsico?

¿Se le puede creer a Trump, cuyo mayor interés estratégico es el petróleo y que, por obtenerlo, quiebra, destruye o pulveriza el derecho internacional? Remitiéndome a los hechos: secuestra a un presidente de un Estado soberano (sin entrar en cuestionamientos ideológicos, Venezuela era un Estado soberano) o ataca Irán matando a su presidente. ¿Puede un personaje así mantenerse al margen de las riquezas petroleras de las islas Malvinas?

La respuesta es NO; no se le puede creer a Trump cuando habla de nuestra soberanía en las islas Malvinas, pero tampoco podemos creerle (porque así lo demuestra la historia) a ningún personaje que pase por esa administración, sencillamente porque, en materia geopolítica, EE. UU. es Gran Bretaña y Gran Bretaña es EE. UU.

Veamos algunos hechos relacionados con nuestras islas. A principios del año 2021 (gobierno de Joe Biden), el Commander Submarine Force Atlantic de los EE. UU. comunicó por la entonces red Twitter que el submarino nuclear USS Greeneville (SSN-772, clase "Los Angeles", botado el 17 de septiembre de 1944, con un importante armamento, entre otros 12 lanzadores de misiles BGM-109 Tomahawk Block V con capacidad de portar ojivas nucleares o convencionales) se encontraba realizando ejercicios con apoyo británico en proximidades de nuestras islas Malvinas. Difícilmente pudo tratarse de una indiscreción de quien dio a conocer el tuit con fotografías incluidas, que posteriormente fue borrado.

Nunca una fuerza armada da a conocer la ubicación de sus submarinos, ya que estos basan su supervivencia en pasar desapercibidos, más tratándose de un submarino nuclear que puede permanecer sumergido por tiempos ilimitados. No es la primera vez que los submarinos de la armada de los EE. UU. operan impunemente en nuestras aguas soberanas; en plena guerra por la recuperación de nuestras islas Malvinas, el USS Parche (SSN-683, clase Sturgeon, modificado para tareas de inteligencia) navegó hasta finales de mayo junto a los 7 submarinos nucleares y convencionales ingleses que enfrentaban a nuestras fuerzas.

Entonces, ¿cuál era el objetivo buscado con ese tuit? Sin dudas, una de las respuestas posibles es recordar a los argentinos que nuestros derechos soberanos sobre las islas Malvinas están tan congelados como las gélidas aguas del Atlántico Sur. Ante esta aseveración, el lector de esta tribuna podrá preguntarse: ¿qué tienen que ver en las islas Malvinas los EE. UU. si la ocupación es inglesa? Desde aquí vamos a tratar de responder eso.

Nuestras islas Malvinas tienen una importancia fundamental para la sociedad EE. UU.-Inglaterra, no solo como fuente de recursos económicos, sino fundamentalmente por su ubicación estratégica regional y mundial. No solo le sirve a quien la ocupa para reclamar la "proyección territorial" sobre el continente antártico y su control sobre las costas africanas, sino por sobre todo y fundamentalmente por su ubicación geográfica respecto al pasaje interoceánico del cabo de Hornos.

Estos aspectos han llevado hoy a nuestras islas a transformarse en la mayor base militar de ingleses y norteamericanos en el Atlántico Sur, y para justificar esto podemos aportar algunos datos: la base militar de Mount Pleasant tiene dos pistas de aterrizaje (una de 2590 metros y la otra de 1525 metros; como comparación, la pista del Aeroparque Jorge Newbery, luego de la reciente modificación, tiene un largo de 2715 metros). En estas pistas pueden operar simultáneamente 80 aviones. Desde Malvinas operan en forma permanente 4 aviones Eurofighter Typhoon, 4 buques entre destructores y patrulleros, y 1 submarino nuclear (de los 10 que tiene Inglaterra).

Para los usurpadores y sus aliados, nuestras islas son un objetivo claramente militar en la proyección de las amenazas globales, porque las supuestas peleas ideológicas de las potencias solo tienen fundamento en la defensa de sus intereses económicos. Por siempre el tráfico de buques militares se hace por el cabo de Hornos; los grandes portaaviones y sus escoltas, buques transportes de tropas y submarinos cruzan entre los océanos por el cabo de Hornos y no por el canal de Panamá, de ahí la importancia estratégica de las Malvinas.

No hubo conflicto global que respetara el Atlántico Sur como zona desmilitarizada o de paz; claro ejemplo de esto es la Segunda Guerra Mundial: los barcos de guerra de uno u otro bando usaban el cabo de Hornos para cruzar entre el Pacífico y el Atlántico, posicionando sus naves en estas aguas para afectar el comercio entre los países del Plata y las islas británicas. Podemos destacar aquí el combate de Montevideo entre el acorazado alemán Admiral Graf Spee (que se autohunde en esas costas) y sus contrapartes británicas que, luego de resultar algún barco muy dañado en la acción, se refugia en las islas Malvinas, islas que siempre fueron un lugar de descanso, de reparación y de abastecimiento para los buques de guerra ingleses.

Dejemos de lado esos hechos históricos y volvamos a nuestros días. El 24 de octubre de 2020, los EE. UU. y Gran Bretaña, a través de sus armadas, firmaron acuerdos para una "futura guerra integrada", acuerdo muy festejado por los "piratas", que tienen una gran necesidad de ser una potencia global hoy sin las limitaciones que tenían gracias al Brexit. Aquí el avezado lector podrá preguntarse: ¿cuál será esa amenaza que preocupa a las dos grandes potencias militares? La respuesta está en el "gigante del Pacífico", China, y sus ambiciones económicas; China y sus reclamos de soberanía sobre Taiwán; China y su expansión global, motivo del disgusto de los EE. UU.

China, entre otras cosas, es el mayor productor mundial de buques mercantes, posee una de las flotas comerciales más grandes del mundo y 17 000 barcos pesqueros de altura que no solo depredan nuestro mar, sino que se pueden ver en todos los mares del planeta.

En esta lucha de intereses, por cierto muy extensa para poder describirla en pocas carillas, nada impide que nuestro territorio continental se vea alguna vez en el "ojo del huracán", ya que, estimado lector, una nación sin defensa no siempre es respetada. Y ya no hablamos de las islas Malvinas (ocupadas por una nación pirata sin ningún tipo de legitimidad), estamos hablando de ciudades, instalaciones u otros objetivos de interés mucho más cercanos a nosotros. Hagamos ahora un ejercicio para poder comprenderlo: los submarinos ingleses tienen misiles Tomahawk Block V con cabeza nuclear o convencional; estos misiles tienen un alcance de 1600 km. Desde Viedma hasta Vaca Muerta (nuestra principal promesa económica) en línea recta la distancia es de 802 km, o sea que, ubicándose el submarino a unos 600 km de Viedma, puede afectar nuestros intereses económicos.

El mundo se debate hoy en sus muchos conflictos, pero el nuestro no es menor: tenemos 1 782 500 km² explotados por Gran Bretaña económicamente. El yacimiento Sea Lion es el más fiel ejemplo; la futura explotación a cargo de empresas británicas e israelíes es un peligro claro a nuestra integridad. Alguna vez debiera ser la hora de recapacitar profundamente sobre nuestros actos.

No es la fuerza de las armas la herramienta para recuperar nuestras islas, pero necesitamos volver a tener ciencia, industria y FFAA en posición de defender uno de los países más grandes del globo, sin limitaciones ideológicas y, sobre todo, sin dependencia tecnológica de quienes claramente NO son nuestros amigos.

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