jueves 15 de octubre de 2026 - Edición Nº710

Nacionales | 15 oct 2026

REPORTE Y OPINIÓN GEOPOLÍTICA

El "efecto Falkland": La insólita amnesia geopolítica de quienes se calefaccionan desde Argentina

16:52 |El uso recurrente de la nomenclatura británica por parte de sectores mediáticos y políticos chilenos desoye la fraternidad regional y la crucial dependencia energética que une a ambas naciones durante el invierno.


En el complejo tablero de la diplomacia sudamericana, la prudencia suele ser la virtud más valorada. Sin embargo, en los últimos tiempos se ha vuelto habitual observar cómo diversos medios de comunicación e incluso algunas autoridades chilenas recurren al término "Falkland" para referirse a las Islas Malvinas. Lo que a simple vista pretenden presentar como un presunto "tecnicismo" o una supuesta "neutralidad internacional", no es más que una provocación innecesaria, una actitud temeraria y una falta de respeto explícita hacia la memoria, la historia y la soberanía argentina.

Resulta difícil calificar esta postura como un simple descuido. Adoptar la nomenclatura impuesta por la potencia ocupante a escasos kilómetros de nuestras fronteras es una señal de agresividad diplomática que rompe con los principios básicos de fraternidad latinoamericana. Argentina jamás ha sido tibia al defender la causa de las Malvinas, y ver a vecinos estratégicos alinearse con el vocabulario colonial británico genera un comprensible y profundo malestar.

Pero más allá del desatino lingüístico, lo que resulta verdaderamente alarmante es el desmemoriado cortoplacismo de quienes promueven esa retórica del otro lado de la cordillera. Se olvida con llamativa facilidad la dependencia energética estructural que mantiene a flote a amplias regiones del país vecino durante los meses más crudos del año.

Año tras año, Argentina suministra el gas natural necesario para que millones de hogares y la industria del centro y sur chileno puedan atravesar dignamente las bajas temperaturas invernales. Es la integración energética argentina la que garantiza que sus ciudades mantengan la calefacción encendida cuando la nieve domina el paisaje andino.

Cuesta entender el sentido estratégico de avivar tensiones o lanzar provocaciones hacia el vecino que te provee el calor para pasar el invierno. Cabe preguntarse si las autoridades y los editorialistas que insisten con el término "Falkland" han reflexionado sobre la fragilidad de su propia posición: de no ser por los gasoductos que cruzan los Andes desde la Argentina, en lugar de discutir geopolítica e identidad en salas calefaccionadas, hoy estaríamos intentando debatir con verdaderos muñecos de nieve.

La buena vecindad no se sostiene únicamente con acuerdos comerciales y fotos de protocolo; exige reciprocidad y respeto por las causas nacionales más sensibles. Es hora de que la diplomacia y el ecosistema mediático chileno revisen sus prioridades y entiendan que las agresiones gratuitas no construyen futuro, pero sí pueden dejar un invierno demasiado frío.

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