Por: Federico

En 1970, el psicólogo y filósofo Richard D. Ryder acuñó el término especismo para describir la discriminación hacia los animales no humanos basada únicamente en la especie a la que pertenecen, considerándolos inferiores o privados de derechos frente al ser humano.
En 2010, la Provincia de Buenos Aires promulgó la Ley 14.107, que catalogó de forma arbitraria a ciertas razas —por su peso (más de 20 o 30 kg según tipología) y características físicas— bajo la etiqueta de Perros Potencialmente Peligrosos (PPP). Esto dio vía libre para que barrios cerrados, condominios y consorcios aplicaran reglamentos restrictivos y especistas. Animales sin el menor antecedente de agresividad quedan estigmatizados y excluidos del derecho a habitar un hogar junto a sus familias, pagando justos por pecadores.
Esta situación me toca de cerca. Actualmente vivo el vía crucis de buscar alquiler en Zona Norte junto a mi perro, de raza Akita Inu. La respuesta por parte de inmobiliarias y propietarios ha sido un rechazo sistemático y absoluto.
Las excusas van de la arbitrariedad a lo insólito. Entre todas las respuestas, mi "favorita" fue: «¿Es estrictamente necesario que tu mascota viva con vos?». Una pregunta que roza lo absurdo: sería como sugerirle a un padre si no consideró dejar a su hijo en otra parte para poder calificar como inquilino. ¿En qué momento alquilar se transformó en esta pesadilla moral e inmobiliaria?
Las cifras de Inquilinos Agrupados ayudan a entender el origen del problema y la asimetria de poder: en la Provincia de Buenos Aires, tan solo 104.584 personas (el 0,6% de la población) concentran el 14% de los inmuebles edificados (874.995 propiedades). Más grave aún: apenas 1.879 grandes propietarios tienen más de 100 inmuebles cada uno.
Ergo, cuando el acceso a la vivienda está hiperconcentrado en tan pocas manos, las reglas del juego de la convivencia las imponen la especulación y el prejuicio. Mientras un puñado de tenedores renta docenas de propiedades, las familias multiespecie quedan acorraladas entre reglamentos abusivos y la resignación. Urge discutir el derecho a la vivienda no solo desde la perspectiva económica, sino desde la empatía y la integración de las familias reales que habitan nuestra sociedad.
Federico