El teniente general retirado César Milani volvió a intervenir en el debate político con un mensaje contundente, dirigido contra quienes comparan las trayectorias de Juan Domingo Perón, Evo Morales y el entorno político de Jair Bolsonaro. En sus declaraciones, el exjefe del Ejército utilizó términos como «liberbobos» y calificó de «cagón» al hijo del expresidente brasileño, en una crítica que combina confrontación ideológica, memoria histórica y reivindicación de la tradición nacional y popular.
«Todos los liberbobos en manada comparando a Evo Morales y a Perón con la fuga del cagón de Bolsonaro hijo», escribió Milani, sintetizando el eje de su cuestionamiento.
Más allá de la dureza del lenguaje, su planteo apunta a una cuestión política concreta: no todas las salidas del poder, los exilios ni las derrotas tienen las mismas causas, ni pueden analizarse ignorando el contexto histórico en el que se producen.
La distinción constituye el núcleo de su argumento. Para Milani, comparar acontecimientos separados por décadas, con protagonistas y circunstancias diferentes, sin considerar la violencia política, la intervención militar y las condiciones institucionales de cada caso, conduce a una lectura superficial de la historia.
Milani recordó el derrocamiento de Juan Domingo Perón y el bombardeo de la Plaza de Mayo del 16 de junio de 1955, cuando sectores de la Aviación Naval y de la Fuerza Aérea atacaron el centro de Buenos Aires en un intento de derrocar al gobierno constitucional.
El ataque dejó cientos de víctimas. Las estimaciones históricas más difundidas superan los 300 muertos, aunque las cifras varían según las fuentes. En septiembre de ese mismo año, un levantamiento militar terminó con el gobierno peronista y obligó a Perón a abandonar el país.
El exilio del líder justicialista se prolongó durante casi 18 años. Durante ese período, el peronismo sufrió la proscripción, mientras sus organizaciones sindicales y políticas sostuvieron distintas formas de resistencia.
Al recuperar este episodio, Milani reivindica una memoria política marcada por la violencia institucional y la exclusión de una fuerza que conservó una importante base social pese a su prohibición.
Su argumento es que el exilio de Perón no puede equipararse sin más con una derrota electoral: estuvo precedido por un bombardeo contra la población civil y culminó con el derrocamiento de un gobierno constitucional.

El segundo caso mencionado por Milani es el de Evo Morales, quien renunció a la Presidencia de Bolivia en noviembre de 2019, en medio de una crisis política que incluyó protestas, denuncias de fraude electoral y la pérdida de respaldo de las fuerzas de seguridad.
La intervención de los mandos militares fue determinante en el desenlace. El entonces comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, Williams Kaliman, sugirió públicamente que Morales renunciara para contribuir a la pacificación del país. Poco después, el mandatario dejó el cargo y viajó a México, donde recibió asilo.
Los acontecimientos posteriores estuvieron acompañados por graves episodios de violencia. Las operaciones de las fuerzas de seguridad en Sacaba y Senkata dejaron decenas de muertos y fueron objeto de investigaciones y denuncias por violaciones de derechos humanos.
Milani subraya precisamente esa dimensión: la salida de Morales ocurrió en un escenario de crisis institucional, presión militar y violencia, circunstancias que considera indispensables para comprender el episodio.
El caso boliviano también presenta controversias que no deben omitirse, entre ellas las denuncias de irregularidades en las elecciones de 2019 y los enfrentamientos entre sectores opositores y partidarios del gobierno. Reconocer esa complejidad no elimina la relevancia de analizar el papel de las Fuerzas Armadas en la renuncia presidencial.
La expresión más agresiva de Milani está dirigida contra el hijo del expresidente brasileño Jair Bolsonaro, a quien califica de «cagón» y acusa de haber salido corriendo después de perder un balotaje.
El término forma parte de su lenguaje político y busca establecer un contraste entre quienes, según su interpretación, afrontan la adversidad dentro de su país y quienes optan por abandonarlo después de una derrota.
La comparación tiene una intención evidente: cuestionar la autoridad moral de los adversarios ideológicos que, desde la perspectiva de Milani, pretenden equiparar su situación con la de dirigentes que atravesaron golpes de Estado, proscripciones o persecuciones políticas.
Sin embargo, para mantener la precisión periodística, es necesario distinguir la valoración del exjefe militar de los hechos verificables. La expresión «cagón» constituye una descalificación política, no una descripción objetiva. Del mismo modo, cualquier afirmación sobre la salida de Flávio Bolsonaro de Brasil debe contrastarse con información comprobada sobre las circunstancias, la fecha y los motivos del viaje.
Lo relevante para comprender las declaraciones es el sentido de la comparación que establece Milani: una derrota en las urnas no equivale, por sí misma, a un exilio provocado por un derrocamiento o por la violencia política.
Otro fragmento significativo de las declaraciones de Milani es su reivindicación del peronismo y del nacionalismo como movimientos que, según sostiene, permanecen en el país pese a las persecuciones, las adversidades y las disputas por el poder.
«Los peronistas y nacionalistas estamos acostumbrados, nos quedamos en nuestra patria, padecemos cárceles injustas pero seguimos y peleamos en nuestro país», expresó.
La frase sintetiza una identidad política construida alrededor de la resistencia. En la memoria peronista, la proscripción posterior a 1955, el exilio de Perón y la continuidad de la militancia sindical y política constituyen experiencias centrales para explicar la persistencia del movimiento.
Milani recupera esa tradición para plantear que la fortaleza de una fuerza política no se mide solamente por sus triunfos electorales, sino también por su capacidad de conservar sus convicciones, reorganizarse y disputar nuevamente el poder.
Su mirada se inscribe en una concepción nacional y popular que coloca en primer plano la soberanía, la organización política y la continuidad histórica de los movimientos de masas.
La afirmación de que los sectores liberales nunca sufrieron persecuciones, sin embargo, constituye una generalización polémica. La historia argentina registra experiencias de violencia política que afectaron a diferentes corrientes y actores. El argumento de Milani puede analizarse favorablemente sin convertir esa generalización en una conclusión histórica indiscutible.
Las palabras de Milani no buscan la moderación. El uso de «liberbobos» para referirse a sus adversarios y la calificación de «cagón» dirigida a Bolsonaro hijo forman parte de una estrategia discursiva que pretende provocar, marcar diferencias y reafirmar la identidad de su espacio político.
El lenguaje puede resultar áspero, pero también permite identificar con claridad el conflicto que el exjefe del Ejército quiere poner en discusión: la disputa por el significado de la historia y por la legitimidad de las tradiciones políticas argentinas y latinoamericanas.
Su planteo pone sobre la mesa una distinción importante. El exilio de Perón, la renuncia de Evo Morales en medio de una crisis institucional y las circunstancias que rodean a dirigentes vinculados al bolsonarismo no pueden analizarse como si fueran episodios idénticos.
Cada caso requiere examinar sus antecedentes, las condiciones institucionales, el papel de las Fuerzas Armadas y las consecuencias políticas y humanas.
Desde una perspectiva favorable a la interpretación de Milani, su principal aporte consiste en recordar que las circunstancias importan. La historia no puede reducirse a una sucesión de ganadores y perdedores: también debe considerar cómo se llega a una derrota, qué presiones intervienen y cuáles son sus consecuencias para la vida democrática.
Al afirmar que sus adversarios volverán a ser derrotados y que el peronismo y el nacionalismo continuarán dando pelea en la Argentina, Milani cierra su mensaje con una reivindicación de la continuidad política.
Su discurso expresa una convicción: los movimientos con raíces sociales profundas pueden atravesar derrotas, proscripciones y crisis sin desaparecer del escenario nacional.
La historia argentina ofrece elementos para comprender esa afirmación, aunque el futuro de cualquier fuerza política depende también de su capacidad para interpretar las demandas sociales, construir mayorías y ofrecer respuestas a los problemas del presente.
Las expresiones de Milani vuelven así a colocar en el centro una discusión que trasciende las descalificaciones personales: cómo se interpreta el pasado, qué valor se atribuye a la resistencia política y cuáles son las diferencias entre una derrota electoral y una salida del poder marcada por la violencia o la presión institucional.
La memoria histórica sigue siendo un terreno de disputa. Y, en esa disputa, Milani eligió un lenguaje de confrontación para defender su interpretación de la tradición nacional y popular y cuestionar a quienes considera sus adversarios ideológicos.