Eje del análisis: Las reiteradas versiones difundidas por medios y redes chilenas sobre una eventual adquisición del F-35 estadounidense contrastan con las restricciones económicas, las prioridades presupuestarias del gobierno de José Antonio Kast y las exigencias políticas, militares y estratégicas que Washington impone a sus compradores de armamento más sensible.
La cuestión no pasa solamente por determinar si Chile tiene interés en el F-35. Hay que analizar otra cosa: si reúne las condiciones financieras, políticas, tecnológicas y estratégicas para que Estados Unidos considere conveniente autorizarle el acceso a uno de sus sistemas de armas más sensibles.
Es importante distinguir tres cuestiones que suelen mezclarse en el debate: el interés chileno, la capacidad real de financiar la operación y la voluntad de Washington de aprobar una eventual venta. Ninguna de ellas garantiza automáticamente las otras.

La discusión no surgió exclusivamente de publicaciones en redes sociales. Durante 2026 se acumularon declaraciones y versiones periodísticas que instalaron al F-35 como una posible alternativa para la Fuerza Aérea de Chile (FACh).
En septiembre, el general de Brigada Aérea Milton Zablah, director de Planificación y Doctrina de la FACh, reconoció públicamente que el F-35 estaba entre las alternativas estudiadas para reemplazar a los F-5 Tigre III.
Sin embargo, su declaración tuvo una segunda parte que resulta fundamental: explicó que no era la única opción y que la decisión debía considerar logística, mantenimiento, sostenibilidad económica e integración. También advirtió que una aeronave atractiva desde el punto de vista tecnológico podía no resultar conveniente después de un análisis integral.
Por lo tanto, hay una diferencia sustancial entre que la Fuerza Aérea estudie una posibilidad y que exista una decisión de compra.
La prensa chilena amplificó la hipótesis, especialmente después de la participación de dos F-35 estadounidenses en FIDAE 2026. También se especuló con un contrato estadounidense para componentes destinados a once aeronaves cuyo destinatario no había sido identificado. Pero esa operación no constituye evidencia de que Chile sea el comprador.
Aquí aparece una contradicción que merece atención.
José Antonio Kast asumió la Presidencia el 11 de marzo de 2026 con un programa económico orientado a reducir el gasto público, recuperar el equilibrio fiscal, estimular la inversión privada y disminuir la presión tributaria.
Su administración anunció un ajuste fiscal de aproximadamente 6.000 millones de dólares en 18 meses, con recortes ministeriales y una revisión del gasto estatal.
Pero las dificultades fiscales resultaron mayores que las previstas. En junio, el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, reconoció que el Gobierno no alcanzaría el déficit fiscal cero prometido para el final del mandato. La meta pasó a ser un déficit estructural del 1,5% del PIB para 2030.
Esto tiene consecuencias para cualquier proyecto militar de gran magnitud.
El F-35 no es simplemente un avión que se compra y se incorpora a una escuadrilla. Su adquisición implica compromisos financieros de largo plazo:
Compra de aeronaves y motores.
Armamento compatible y sus autorizaciones.
Infraestructura especializada.
Sistemas de comunicaciones y protección de información.
Entrenamiento de pilotos y técnicos.
Repuestos, mantenimiento y actualizaciones.
Costos operativos y disponibilidad durante décadas.
Además, Chile ya tiene comprometidos recursos para mantener y modernizar sus 46 F-16, que constituyen el núcleo de su aviación de combate.
El general Zablah reconoció expresamente que las limitaciones económicas condicionan la evaluación y que las necesidades de la Fuerza Aérea superan los recursos disponibles.
Meganoticias+1
La contradicción es evidente: mientras el Gobierno de Kast intenta contener el gasto y ordenar las cuentas públicas, determinados sectores de la opinión militar y mediática chilena proyectan la incorporación de uno de los sistemas de armas más costosos y complejos del mercado internacional.
No significa que Chile no pueda invertir en defensa. Significa que debe demostrar cómo financiaría una operación de esa magnitud sin comprometer otras capacidades.

El segundo aspecto es geopolítico y posiblemente más importante que el estrictamente económico.
Estados Unidos no evalúa una venta de armamento estratégico únicamente por la capacidad de pago del comprador. También considera la seguridad de la información, la protección de tecnología militar, la interoperabilidad y los riesgos de exposición a potencias competidoras.
En este terreno, Chile presenta una situación compleja.
La relación económica con China.
China es el principal socio comercial chileno. Según el informe del Congressional Research Service estadounidense publicado el 1 de septiembre de 2026, representó aproximadamente el 32% del comercio chileno de bienes durante 2025.
El mismo informe señala que empresas chinas acumularon inversiones superiores a 21.000 millones de dólares en Chile desde 2006, principalmente en minería, energía e infraestructura.
Uno de los casos más relevantes es State Grid, que adquirió distribuidoras eléctricas y controla, según el informe, la distribución de electricidad para aproximadamente el 57% de los consumidores chilenos.
Esto no es un detalle comercial menor. La infraestructura energética y de telecomunicaciones constituye un componente de la seguridad nacional.
El episodio del cable submarino con China.
La controversia por el proyecto Chile China Express, destinado a conectar Valparaíso con Hong Kong, generó un conflicto diplomático con Washington.
En febrero de 2026, Estados Unidos revocó las visas de tres funcionarios de la administración Boric, alegando preocupaciones relacionadas con la seguridad de las telecomunicaciones y la infraestructura crítica.
El proyecto había despertado objeciones estadounidenses por los riesgos que podía representar para la seguridad regional y la información estratégica.
El Gobierno de Kast anunció que revisaría la iniciativa, pero también expresó su intención de mantener relaciones comerciales y diplomáticas tanto con Washington como con Pekín.
Aquí aparece una cuestión central: Estados Unidos pretende limitar la influencia tecnológica y estratégica china en infraestructuras sensibles de América Latina. Chile, por su parte, tiene una relación comercial estructural con China que no puede desarmar fácilmente.
La pregunta para Washington es qué garantías puede ofrecer Santiago de que los sistemas, datos, comunicaciones y tecnologías asociados a un F-35 estarán protegidos de cualquier acceso no autorizado.
No existe evidencia pública que permita afirmar que Estados Unidos haya declarado a Chile un país no confiable. Pero sí existen antecedentes documentados de preocupación estadounidense respecto de la infraestructura crítica chilena y de la influencia china.
Esta es la cuestión más delicada del análisis.
El F-35 no es un producto convencional de exportación. Es una plataforma que integra tecnología furtiva, sensores avanzados, sistemas de guerra electrónica, procesamiento de información y capacidades de combate en red.
Su utilización requiere una arquitectura de seguridad especialmente protegida.
Washington necesita tener garantías de que esa tecnología no quedará expuesta a terceros, especialmente a países que compiten estratégicamente con Estados Unidos.
En el caso chileno existen elementos que merecen consideración:
La dependencia comercial de China: Chile mantiene una relación económica de enorme dimensión con Pekín.
La infraestructura estratégica: empresas chinas tienen una presencia importante en sectores eléctricos, mineros y de telecomunicaciones.
El antecedente del cable submarino: la controversia demostró que Washington considera que determinadas decisiones chilenas pueden afectar sus intereses de seguridad.
La política exterior de equilibrio: Kast busca acercarse a Estados Unidos sin abandonar los vínculos económicos con China.
Las tensiones comerciales: durante 2026 Washington aplicó nuevos aranceles a productos chilenos, generando fricciones bilaterales.
Sin embargo, hay que incorporar un dato que impide presentar a Chile como un país rechazado por Washington: el propio Congressional Research Service reconoce que ambos gobiernos han impulsado acuerdos de cooperación en seguridad, minerales críticos y cadenas de suministro.
En marzo de 2026, Kast recibió al vicesecretario de Estado Christopher Landau y ambos gobiernos firmaron una declaración de cooperación sobre minerales críticos. En abril también avanzaron en acuerdos sobre seguridad y minerales estratégicos.
Ministerio de Relaciones Exteriores+3
Por eso, el problema no es que Estados Unidos haya roto su relación estratégica con Chile. El problema es que esa relación convive con intereses económicos y tecnológicos chinos que Washington considera sensibles.
Sí. La autorización estadounidense es indispensable.
Las exportaciones de este tipo de armamento están sometidas a procedimientos gubernamentales, controles de seguridad y autorizaciones políticas. La aprobación de una eventual venta debe pasar por los mecanismos correspondientes de cooperación militar y control de exportaciones.
Pero hay un dato especialmente importante: hasta la información pública localizada en las fuentes consultadas no aparece una notificación de la Defense Security Cooperation Agency (DSCA) al Congreso estadounidense que confirme una venta de F-35 a Chile.
Tampoco hay una compra oficialmente anunciada ni recursos aprobados para concretarla, según las informaciones recogidas por la prensa especializada.
Hay que señalar, además, que el Ministerio de Defensa chileno declaró en junio que el país no tenía restricciones estadounidenses para adquirir el F-35. Esa afirmación no equivale a una autorización de compra, una aprobación definitiva ni una garantía de que Washington vaya a venderlo.
En otras palabras: tener abierta la posibilidad de solicitar una aeronave no significa tener asegurado el acceso a ella.

La propia planificación de la FACh permite observar que el F-35 no es la única salida.
|
Alternativa |
Consideración estratégica |
|---|---|
|
F-35A |
Quinta generación, tecnología avanzada y elevados compromisos de sostenimiento. |
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F-16 Block 70 |
Continuidad logística y tecnológica con la flota existente. |
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Modernización de capacidades actuales |
Permite distribuir inversiones sin incorporar necesariamente una plataforma completamente nueva. |
|
Otros cazas de generación 4.5 |
Alternativas que deben evaluarse en función de costos, disponibilidad y compatibilidad. |
El reemplazo de los F-5 no obliga necesariamente a comprar un avión de quinta generación.
La FACh está evaluando capacidades, no solamente modelos. El propio general Zablah reconoció esa diferencia.
La insistencia de determinados medios, analistas y usuarios de redes sociales chilenos en instalar al F-35 como el próximo gran salto tecnológico de la Fuerza Aérea debe analizarse con prudencia.
No hay que confundir aspiraciones militares con decisiones de Estado.
Chile tiene una Fuerza Aérea profesional, experiencia operativa con material estadounidense y una relación histórica de cooperación militar con Washington. Sin embargo, enfrenta tres condicionantes importantes:
Financiero: el programa de ajuste de Kast y las dificultades fiscales obligan a establecer prioridades presupuestarias.
Geopolítico: la profunda relación comercial y tecnológica con China plantea interrogantes para la seguridad de los sistemas estadounidenses.
Estratégico: la adquisición de un F-35 exige compromisos de protección tecnológica, infraestructura, mantenimiento y cooperación que van mucho más allá de la compra de los aviones.
¿Significa esto que Estados Unidos no le venderá el F-35 a Chile?
No se puede afirmar como un hecho consumado. Tampoco hay una decisión estadounidense pública que permita sostener que Chile está excluido del programa.
Pero sí puede afirmarse que, a la fecha de este informe, no existe una operación de compra confirmada y que los obstáculos económicos y estratégicos son concretos.
La cuestión de fondo es otra: Washington tendrá que evaluar si las garantías de seguridad que ofrece Santiago son compatibles con el nivel de sensibilidad tecnológica del F-35, particularmente frente a la presencia china en sectores estratégicos chilenos.
El F-35 puede aparecer en las declaraciones de los mandos militares, en las publicaciones de las redes sociales y en las especulaciones de la prensa especializada. Pero entre aparecer en el radar y convertirse en una adquisición efectiva existe una distancia considerable.
Y esa distancia no se resuelve con entusiasmo militar ni con fotografías de cazas estadounidenses en FIDAE.
BioBioChile – FACh confirma que el F-35 es una opción para reemplazar los F-5 (11/09/2026).
Meganoticias – Declaraciones del general Milton Zablah sobre el F-35 (14/09/2026).
Congressional Research Service – Chile in Brief: Overview and U.S. Relations (01/09/2026).
El País – Las metas fiscales del Gobierno de Kast (09/06/2026).
SUBREI – Acuerdos entre Chile y Estados Unidos (21/04/2026).
Aviacionline – Rumores sobre una posible compra de F-35 para Chile.