sábado 07 de noviembre de 2026 - Edición Nº733

Nacionales | 7 nov 2026

DEFENSA NACIONAL |

UNA FUERZA ARMADA NO SE MIDE POR LO QUE TIENE, SINO POR LO QUE PUEDE HACER

07:53 |Los inventarios militares pueden mostrar unidades, aeronaves, buques, vehículos y sistemas de armas que formalmente integran las Fuerzas Armadas. Sin embargo, disponer de un medio en los registros institucionales no significa necesariamente que esté en condiciones de cumplir una misión. La falta de repuestos, las limitaciones presupuestarias, el mantenimiento diferido, la antigüedad de los sistemas y la reducción de las actividades de adiestramiento plantean un interrogante central sobre el verdadero estado del instrumento militar argentino: ¿cuál es su capacidad efectiva de combate, despliegue y sostenimiento operacional?


La capacidad militar de un país no puede evaluarse exclusivamente mediante la cantidad de efectivos, vehículos, buques, aeronaves o sistemas de armas que aparecen en los inventarios oficiales. La verdadera dimensión del poder militar se encuentra en otro indicador mucho más exigente: la disponibilidad operacional.

Un tanque puede continuar figurando en los registros del Ejército, pero encontrarse fuera de servicio por problemas mecánicos. Un buque puede integrar formalmente la Flota de Mar, aunque permanezca en puerto por tareas de mantenimiento. Una aeronave puede pertenecer a una brigada aérea, pero no estar habilitada para volar por falta de componentes, horas de inspección o recursos para su sostenimiento.

La diferencia entre inventario y capacidad efectiva es, precisamente, uno de los aspectos menos transparentes del debate sobre la Defensa Nacional argentina.

El problema no consiste solamente en saber cuántos medios posee cada fuerza, sino en determinar cuántos están disponibles, cuántos pueden operar de manera inmediata, cuántos requieren reparaciones y cuántos se encuentran en condiciones de sostener operaciones durante períodos prolongados.

Esta distinción resulta fundamental. Una Fuerza Armada puede conservar su estructura orgánica, sus comandos, sus brigadas, sus bases y sus unidades, pero experimentar una disminución progresiva de sus capacidades reales.

En ese escenario, la organización militar permanece formalmente intacta, mientras que su capacidad de respuesta puede deteriorarse.

EJÉRCITO ARGENTINO: LA MOVILIDAD Y EL SOSTENIMIENTO COMO PUNTOS CRÍTICOS

El Ejército Argentino enfrenta uno de los desafíos más importantes de su estructura operacional: garantizar que sus unidades dispongan de movilidad, material en condiciones de servicio y capacidad logística suficiente para desplegarse.

La antigüedad de determinados vehículos, los problemas de mantenimiento y la disponibilidad de repuestos afectan directamente la posibilidad de trasladar personal, armamento, municiones y equipos hacia las zonas donde se requiera su presencia.

Un documento oficial de formulación de un proyecto de inversión, registrado en abril de 2025, expuso una situación preocupante respecto del parque de Vehículos de Uso General.

Según ese documento, de los 1.369 vehículos adquiridos desde 1961, aproximadamente 548 —el 40%— estaban fuera de servicio de manera irrecuperable. Los 821 restantes presentaban elevados costos de operación y mantenimiento.

El mismo documento señalaba que la insuficiencia de transporte afectaba las actividades de adiestramiento y que, dependiendo del arma considerada, se cumplía entre el 40% y el 60% de las actividades anuales previstas.

Se trata de información correspondiente a un diagnóstico de inversión y no de un inventario actualizado de toda la flota del Ejército. Sin embargo, permite identificar una dificultad estructural: la movilidad terrestre no es un elemento secundario, sino una condición indispensable para que las unidades puedan cumplir sus misiones.

La incorporación de nuevos vehículos, como los Unimog U4000, y el proceso de modernización de los medios de transporte representan avances. Pero el desafío consiste en que esas adquisiciones se traduzcan en disponibilidad sostenida, con talleres, repuestos, capacitación y capacidad de recuperación logística.

También debe examinarse la situación de los vehículos blindados, los sistemas de artillería, las comunicaciones tácticas, los medios de ingenieros y los equipos de apoyo.

La pregunta es concreta: ¿cuántas unidades del Ejército pueden movilizarse efectivamente con su dotación completa y cuánto tiempo pueden sostener esa capacidad fuera de sus guarniciones?

ARMADA ARGENTINA: NAVEGAR, VIGILAR Y PERMANECER EN EL MAR

La capacidad de la Armada Argentina no puede medirse únicamente por la cantidad de buques que integran formalmente su inventario.

Una marina de guerra necesita unidades disponibles, tripulaciones adiestradas, sistemas de armas operativos, capacidad de mantenimiento, abastecimiento y apoyo logístico para permanecer desplegada.

En este punto, la actividad naval de 2025 presenta indicadores que merecen ser considerados.

El informe de ejecución física de la Oficina Nacional de Presupuesto, difundido para ese ejercicio, mostró un cumplimiento elevado de varias metas operacionales de la Armada.

Entre los resultados informados se destacaron:

  • 182 días de navegación para el adiestramiento naval, frente a 139 registrados en 2024.

  • 2.152 horas de vuelo de la Aviación Naval, superando la meta anual de 2.000 horas.

  • 54 días de campaña de la Infantería de Marina y las fuerzas especiales, frente a los 41 previstos.

  • Participación en ejercicios combinados y actividades de adiestramiento conjunto.

Sin embargo, también hubo limitaciones. La meta de navegación había sido establecida en 202 días, por lo que el resultado representó un desvío negativo del 10%.

El informe explicó que la participación prevista de un buque logístico y dos corbetas en el ejercicio Fraterno XXXVIII no se concretó en los términos originalmente planificados: finalmente participó la corbeta ARA Espora.

Estos datos muestran una realidad que debe analizarse sin simplificaciones: la Armada consiguió mejorar determinados indicadores, pero todavía existen restricciones en la disponibilidad de medios y en la planificación de sus despliegues.

El problema de fondo es la capacidad de sostener presencia naval durante períodos prolongados, especialmente en el Atlántico Sur.

La vigilancia de los espacios marítimos, la protección de los recursos naturales, el control de la Zona Económica Exclusiva, las operaciones antárticas y la defensa de los intereses argentinos requieren una Armada capaz de navegar, relevar unidades, reabastecerse y mantener una presencia constante.

No alcanza con disponer de buques en los registros. Es necesario conocer cuántos pueden zarpar, cuánto tiempo pueden permanecer en operaciones y qué capacidad tienen para cumplir sus misiones específicas.

FUERZA AÉREA: TENER AVIONES NO SIGNIFICA PODER VOLAR

La capacidad de vigilancia y control del espacio aéreo constituye otro componente central de la Defensa Nacional.

La Argentina necesita mantener una estructura que permita detectar, identificar, seguir y responder ante situaciones que comprometan la seguridad del espacio aéreo de jurisdicción nacional.

En este campo existen avances concretos. En septiembre de 2025, el Ministerio de Defensa informó sobre la relocalización de un Radar Primario Argentino en San Pedro, Misiones, y señaló que seis radares de la Serie 1 funcionaban de manera permanente.

La incorporación de radares y la modernización de los sistemas de vigilancia son elementos importantes, pero no deben confundirse con la capacidad integral de defensa aeroespacial.

La detección de un objeto no garantiza por sí sola que existan aeronaves disponibles para interceptarlo, tripulaciones habilitadas, armamento, mantenimiento y capacidad de respuesta sostenida.

La situación de las horas de vuelo constituye un indicador particularmente relevante.

Un informe de ejecución presupuestaria correspondiente al primer trimestre de 2026, cuyos datos fueron difundidos por la prensa especializada, registró una caída del 52,6% en las horas de operación de la Fuerza Aérea respecto del mismo período de 2025. También señaló una reducción del 42,6% en las horas destinadas a ejercicios.

Durante ese trimestre se contabilizaron 18.372 horas de operación y siete ejercicios, frente a una programación trimestral de trece.

El propio informe atribuyó los desvíos negativos a la falta de disponibilidad de materiales para desarrollar las actividades previstas.

Este dato merece especial atención.

La reducción de horas de vuelo no es solamente una cuestión estadística. Afecta el entrenamiento de pilotos, la certificación de tripulaciones, el mantenimiento de capacidades técnicas y la preparación para operar en escenarios complejos.

La incorporación de los F-16 constituye un acontecimiento importante para la modernización de la aviación de combate argentina. Pero ningún sistema de armas puede desarrollar plenamente sus capacidades sin combustible, mantenimiento, repuestos, infraestructura, armamento, personal especializado y entrenamiento suficiente.

La modernización de una flota no puede evaluarse únicamente por la llegada de las aeronaves. Debe medirse por su disponibilidad y por la capacidad de mantenerlas operativas durante todo su ciclo de vida.

MENOS ADIESTRAMIENTO, MENOS CAPACIDAD DE RESPUESTA

Las Fuerzas Armadas no se preparan exclusivamente mediante la incorporación de equipamiento.

La capacidad operacional se construye a través de ejercicios, maniobras, instrucción, entrenamiento conjunto y experiencia acumulada.

Un ejército que no puede movilizar sus unidades con regularidad pierde capacidad de despliegue. Una armada que reduce sus navegaciones limita la experiencia de sus tripulaciones. Una fuerza aérea que disminuye sus horas de vuelo enfrenta dificultades para conservar las habilitaciones y el entrenamiento de sus pilotos.

El adiestramiento conjunto tiene una importancia todavía mayor.

La ejecución de operaciones militares requiere coordinación entre fuerzas, compatibilidad de comunicaciones, procedimientos compartidos, logística integrada y capacidad de conducción.

No alcanza con que cada fuerza mantenga individualmente sus unidades. Deben poder operar juntas.

Por eso, las restricciones presupuestarias que afectan el combustible, los repuestos, el mantenimiento y la disponibilidad de materiales pueden repercutir sobre todo el sistema de Defensa.

La consecuencia no siempre aparece inmediatamente en los inventarios. Puede manifestarse en una reducción de ejercicios, una menor cantidad de días de navegación, menos horas de vuelo o dificultades para desplegar unidades completas.

REPUESTOS Y MANTENIMIENTO: EL PROBLEMA QUE NO SIEMPRE SE VE

Uno de los factores más importantes para comprender la disponibilidad militar es el sostenimiento logístico.

Un sistema de armas moderno requiere una cadena permanente de abastecimiento, mantenimiento preventivo, mantenimiento correctivo, inspecciones técnicas y recuperación de componentes.

Cuando esa cadena se interrumpe, los medios pueden permanecer formalmente incorporados a una fuerza, pero perder progresivamente su capacidad de empleo.

La antigüedad de determinados sistemas agrava el problema. La discontinuidad tecnológica, la dificultad para conseguir repuestos y la dependencia de proveedores extranjeros pueden extender los tiempos de reparación.

En determinadas circunstancias, una falla relativamente menor puede dejar fuera de servicio un vehículo, una aeronave o un sistema de comunicaciones durante un período prolongado.

El desafío consiste en desarrollar una política de sostenimiento que contemple el costo total de operación de cada sistema, y no solamente el valor de adquisición.

Comprar equipamiento sin garantizar su mantenimiento futuro puede generar una modernización incompleta.

La Argentina necesita conocer cuánto cuesta mantener operativos sus medios, qué porcentaje de ellos requiere reparaciones, cuáles son los tiempos promedio de recuperación y qué componentes críticos presentan dificultades de abastecimiento.

LOGÍSTICA Y DESPLIEGUE: LA CAPACIDAD DE LLEGAR TAMBIÉN ES PODER MILITAR

La capacidad de despliegue constituye uno de los indicadores más importantes de una fuerza militar.

No basta con disponer de personal entrenado y equipamiento moderno. También es necesario trasladar los medios hacia el lugar donde deben operar.

El Ejército requiere camiones, vehículos especializados, transporte de municiones, combustible y equipos de recuperación.

La Armada necesita buques logísticos, instalaciones portuarias, abastecimiento y capacidad de reparación.

La Fuerza Aérea requiere transporte estratégico, aeronaves de apoyo, infraestructura aeroportuaria y una red de mantenimiento capaz de sostener sus operaciones.

La insuficiencia de cualquiera de estos componentes puede limitar la capacidad de respuesta de todo el instrumento militar.

Este aspecto adquiere particular relevancia para un país de dimensiones continentales, con extensas fronteras terrestres, un litoral marítimo de gran extensión, intereses en el Atlántico Sur y responsabilidades logísticas en la Antártida.

La capacidad militar no consiste solamente en tener fuerzas. Consiste en poder trasladarlas, abastecerlas, coordinarlas y mantenerlas operativas.

¿PUEDE LA ARGENTINA SOSTENER UNA OPERACIÓN PROLONGADA?

Esta es posiblemente una de las preguntas más importantes y menos discutidas del debate público sobre Defensa Nacional.

Una fuerza puede estar en condiciones de realizar una operación puntual, pero eso no significa que pueda sostenerla durante semanas o meses.

La diferencia entre ambas capacidades es enorme.

Para mantener una operación prolongada se necesita combustible, municiones, repuestos, mantenimiento, rotación de personal, asistencia sanitaria, comunicaciones, transporte y una cadena logística que funcione de manera permanente.

También se requiere una estructura presupuestaria capaz de financiar el funcionamiento cotidiano de las unidades.

En consecuencia, el verdadero nivel de preparación militar debe evaluarse considerando no solamente la disponibilidad inmediata, sino también la resistencia logística y material de cada fuerza.

¿Cuántos días puede operar una unidad sin recibir abastecimiento adicional? ¿Qué porcentaje de sus vehículos puede mantenerse en servicio durante un despliegue? ¿Cuántas aeronaves pueden sostener operaciones simultáneas? ¿Cuántos buques pueden permanecer en el mar mientras otros cumplen tareas de mantenimiento?

Son preguntas que deberían formar parte de cualquier evaluación seria del instrumento militar argentino.

EL PROBLEMA DE LOS INVENTARIOS: LO FORMAL NO SIEMPRE ES LO OPERACIONAL

La Argentina necesita avanzar hacia un sistema transparente de evaluación de sus capacidades militares.

La cantidad de medios incorporados formalmente no permite conocer, por sí sola, el nivel de disponibilidad operacional.

Para comprender la situación real sería necesario disponer de indicadores diferenciados:

  1. Inventario total: cantidad de medios registrados en cada fuerza.

  2. Disponibilidad inmediata: medios en condiciones de cumplir una misión.

  3. Disponibilidad condicionada: medios que requieren trabajos menores, inspecciones o reparaciones.

  4. Medios en mantenimiento: unidades temporalmente fuera de servicio.

  5. Medios fuera de servicio: equipamiento que no puede cumplir una misión.

  6. Capacidad de recuperación: cantidad de medios que pueden volver al servicio y tiempo necesario para hacerlo.

  7. Sostenimiento operacional: capacidad de mantener las unidades desplegadas y abastecidas.

Estos indicadores permitirían distinguir entre una fuerza que conserva un inventario numeroso, pero con baja disponibilidad, y otra que dispone de menos medios, aunque mantiene un porcentaje elevado en condiciones de servicio.

La información también debería contemplar las capacidades específicas de cada sistema. No es lo mismo un vehículo disponible para transporte que uno habilitado para operaciones tácticas; tampoco es equivalente un buque que puede navegar a otro que está equipado y preparado para cumplir una misión de combate.

La disponibilidad debe medirse en función de la misión que cada medio está llamado a cumplir.

MODERNIZAR NO ES SOLAMENTE COMPRAR: ES GARANTIZAR CAPACIDAD

La incorporación de nuevos sistemas de armas representa una oportunidad para recuperar capacidades militares que durante años estuvieron condicionadas por la falta de inversión.

Sin embargo, la modernización no puede limitarse a anuncios, contratos o ceremonias de incorporación.

Cada adquisición debe estar acompañada por infraestructura, mantenimiento, capacitación, repuestos, armamento, logística y recursos para su operación.

El caso de los F-16, los vehículos Stryker, los nuevos medios de transporte del Ejército y los sistemas de vigilancia aeroespacial demuestra que existen iniciativas de renovación.

Pero la pregunta estratégica es si esas incorporaciones se traducirán en una mejora integral del instrumento militar o si coexistirán con limitaciones importantes en otras áreas.

Una fuerza puede incorporar tecnología moderna y, al mismo tiempo, continuar teniendo dificultades para sostener sus medios más antiguos, movilizar sus unidades o financiar su adiestramiento.

La modernización debe ser integral. De lo contrario, corre el riesgo de generar capacidades aisladas que no resuelven los problemas estructurales.

LA PREGUNTA QUE DEBE RESPONDER EL MINISTERIO DE DEFENSA

El debate sobre el estado de las Fuerzas Armadas requiere información verificable, actualizada y comparable.

El Ministerio de Defensa y los Estados Mayores de cada fuerza deberían poder responder, con datos consolidados y respetando las restricciones de seguridad correspondientes, cuál es el nivel real de disponibilidad de los medios militares argentinos.

No se trata de divulgar información táctica sensible ni de publicar vulnerabilidades que puedan comprometer la seguridad nacional.

Se trata de contar con indicadores institucionales que permitan al Congreso, a los organismos de control y a la ciudadanía conocer si los recursos destinados a la Defensa se traducen efectivamente en capacidades.

La discusión debería incluir, entre otros aspectos, la disponibilidad de vehículos terrestres, aeronaves y buques; las horas de vuelo y navegación; los tiempos de mantenimiento; la ejecución de los programas de adiestramiento; la capacidad logística y los niveles de sostenimiento.

Sin esa información, cualquier evaluación sobre el estado de las Fuerzas Armadas corre el riesgo de quedarse en declaraciones institucionales o anuncios de incorporación de material.


CONCLUSIÓN: UNA FUERZA PUEDE CONSERVAR SU ESTRUCTURA Y PERDER SU CAPACIDAD

El verdadero estado del instrumento militar argentino no puede determinarse observando únicamente sus organigramas, sus inventarios o las adquisiciones anunciadas.

La Defensa Nacional necesita fuerzas que puedan desplegarse, operar, combatir, sostenerse y responder ante escenarios de crisis.

Los indicadores disponibles muestran situaciones diferentes entre las tres fuerzas: dificultades estructurales de movilidad y transporte en el Ejército, avances y restricciones simultáneas en la actividad naval y señales preocupantes en la disponibilidad de materiales y horas de operación de la Fuerza Aérea durante el primer trimestre de 2026.

No corresponde afirmar, sin una auditoría integral, que todos los componentes de las Fuerzas Armadas atraviesan el mismo nivel de deterioro. Tampoco sería correcto confundir la incorporación de nuevos sistemas con la recuperación automática de todas las capacidades.

Pero existe una cuestión que merece una respuesta política, presupuestaria y militar.

¿Cuántos medios militares tiene realmente la Argentina y cuántos están en condiciones de cumplir una misión hoy?

Porque una cosa es conservar una Fuerza Armada en los papeles y otra muy diferente es disponer de un instrumento militar preparado para defender el territorio, proteger los intereses nacionales y responder ante una amenaza.

La estructura puede permanecer. Los uniformes pueden seguir presentes. Las unidades pueden conservar sus denominaciones históricas.

Pero si faltan repuestos, combustible, mantenimiento, entrenamiento y capacidad logística, el poder militar se reduce, aunque los inventarios sigan mostrando las mismas cantidades.

La Defensa Nacional no se mide por lo que figura en un registro. Se mide por lo que el país está realmente en condiciones de poner en operaciones.

 

Fuentes 

1. Oficina Nacional de Presupuesto – Informe de ejecución física del tercer trimestre de 2025. Contiene indicadores de alistamiento, adiestramiento y sostenimiento operacional de las Fuerzas Armadas. Consultar informe oficial.

2. Proyecto de inversión BAPIN 148204 – Ejército Argentino. Diagnóstico sobre antigüedad de vehículos, disponibilidad de transporte y necesidades de recuperación logística. Consultar documento oficial.

3. Ministerio de Defensa – Incorporación de material al Ejército. Información sobre vehículos, comunicaciones, modernización y sostenimiento logístico, publicada el 8 de julio de 2026.

4. Ministerio de Defensa – Vigilancia y control aeroespacial. Información sobre radares y capacidades de vigilancia del espacio aéreo, septiembre de 2025.

5. Informe sobre ejecución operacional de la Fuerza Aérea durante el primer trimestre de 2026. Datos sobre horas de operación, ejercicios y limitaciones de disponibilidad de materiales.

6. Actividad operacional de la Armada durante 2025. Datos sobre navegación, horas de vuelo, ejercicios y despliegues.

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